Intento de golpe en Níger: Tchiani cierra filas con Rusia

Entre el fracaso de la ofensiva antiterrorista y las denuncias de desestabilización promovidas por potencias europeas, Níger cruza una tormenta política en su intento por consolidar la soberanía territorial junto al bloque del Sahel.
Por Alí Mustafá
"La lucha organizada y consciente emprendida por un pueblo colonizado para restablecer la soberanía de la nación constituye la manifestación más plenamente cultural que existe".
Frantz Fanon
Un asalto coordinado por oficiales jóvenes y soldados contra el Palacio Presidencial, la televisión estatal y la Base Aérea 101, donde operan fuerzas del Sahel, Rusia e Italia, estremeció con disparos y explosiones el 29 de agosto a Niamey, capital de Níger. El pánico y el corte de transmisiones, de varias horas, fue sofocado por el gobierno del general Abdourahamane Tchiani reestableciendo la calma. Este episodio, el tercer ataque contra la infraestructura aeroportuaria en el año, resquebrajó la estabilidad de la junta militar. Lejos de consolidar la seguridad nacional, el incidente expone una realidad que incomoda a las autoridades nigerinas.
Para entender esta compleja trama nos remontamos a julio de 2023, cuando la guardia presidencial derrocó al mandatario Mohamed Bazoum, porque el golpe era necesario para frenar el deterioro de la seguridad y la mala gobernanza. Pero los datos demuestran que las promesas de eficiencia contra el yihadismo extremista de Al-Qaeda y el ISIS se desmoronan dramáticamente. Así, la violencia terrorista se duplicó en los 18 meses posteriores al golpe, según los datos suministrados por la ONG ACLED, que tiene base en los EE UU, se registraron 1599 muertes frente a las 770 del gobierno de Bazoun. Este aumento se produce, curiosamente, tras el retiro de las tropas francesas, alemanas y de la comisión de cooperación militar europea.
El fracaso operativo golpea con saña a las poblaciones más vulnerables. En la región fronteriza de Tillabéri, las comunidades están indefensas ante incursiones brutales que provocan desplazamientos masivos, masacran a civiles y someten a mujeres y niñas a esclavitud sexual. A esto se suma la escasez de alimentos y el colapso sanitario, agravados por restricciones que la junta militar impone a las operaciones humanitarias de la ONU y de diversas ONG en su territorio.
Mientras el depuesto presidente socialdemócrata priorizaba estrategias diplomáticas de desmovilización pacífica para debilitar el reclutamiento extremista, la junta que gobierna Tchiani optó por una ofensiva militar que multiplicó las bajas y causó severas pérdidas en sus tropas.
Para manejar la crisis actual -explican los medios europeos-, impuso censura clausurando medios occidentales y expulsando a «periodistas independientes» para evitar que el conflicto se expanda. Sin embargo, la frustración entre las tropas por el desgaste de combates constantes y la presión europea sobre algunos jefes de las fuerzas generó el desborde, provocando el último alzamiento.
El aspecto más relevante de este motín no es la fractura interna del ejército, sino cómo fue sofocado. El mando nigerino pidió la intervención directa del África Corps, según indicó el embajador ruso Viktor Vorobyev tras el levantamiento. Los drones rusos doblegaron a los amotinados en la Base Aérea 101.
Es de destacar la mirada geopolítica de la junta de Tchiani. Tras expulsar a tropas europeas en diciembre de 2023, forzar el retiro estadounidense en septiembre de 2024, entregando instalaciones valoradas en más de 100 millones de dólares construidas para vigilancia antiterrorista, prefirió su aislamiento de occidente izando las banderas de liberación nacional y sus prácticas, promoviendo nuevas alianzas estratégicas con sus pares del Sahel frente al avance neocolonial.
Es igualmente curioso que, tras la partida de las tropas occidentales, los yihadistas volvieran a hostigar a la población con mayor ferocidad. Los disturbios coinciden con la tensión entre Niamey y París surgida tras confiscar Níger los activos de la minera francesa Orano (de uranio) para reforzar el control estatal. Según el embajador Vorobyev, los jóvenes oficiales del intento de golpe podrían haber recibido instrucciones externas.
Así lo afirma el capitán Roger Gabriel, comandante de paracaidistas, quien dijo esta semana que no fue un motín sino un intento de desestabilización externa, tras recibir una llamada de un coronel de Chad diciendo que su país y fuerzas francesas se preparaban para intervenir en favor de los amotinados. Según Gabriel, allegados a Bazoum le indicaron el apoyo de Costa de Marfil, y recibió llamadas de Bélgica y los Emiratos Árabes pidiendo respaldar la sublevación. Sin embargo, su unidad se mantuvo leal a Tchiani junto a las Fuerzas Unificadas del Sahel.
Por su parte, Tchiani aseguró que las autoridades de su país poseen pruebas de la implicación francesa en el financiamiento de los dos atentados contra el aeropuerto Diori Hamani, el primero registrado en enero, y el segundo en junio.
La alianza con Africa Corps busca combatir el terrorismo y narcotráfico y pacificar la región a cambio de cooperar en recursos estratégicos en un país con un 42% de pobreza extrema. Desde 2023, Níger estrechó lazos con Rusia y abandonó la CEDEAO junto a Malí y Burkina Faso para fundar la Alianza del Sahel. En esta crisis, el gobierno recibió el apoyo de Argelia, sus socios sahelianos y Turquía, que llamó a la moderación regional.
El intento de sedición militar de agosto deja una lección contundente. La estabilidad del Sahel no se logrará con golpes militares. La salida sostenible para reconstruir el tejido social y devolver una paz duradera y dignidad al pueblo nigerino es establecer nuevas alianzas internacionales fiables que respeten la soberanía territorial y económica del país, permitiendo acuerdos políticos que conduzcan a un nuevo orden constitucional social.
Fuente y foto:
https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/intento-de-golpe-en-niger-tchiani-cierra-filas-con-rusia/
