La amenaza de la paz

25.10.2026

En asuntos internacionales, la totalidad es para principiantes. Que por cierto, suelen ser los más sangrientos y los menos competentes, ya que piensan tener razón "siempre y en todo lugar". Suelen fracasar.

Por Eric Calcagno 

Hay un riesgo que se cierne sobre Occidente. No en todos lados, no siempre del mismo modo, pero con la lentitud que tienen las certidumbres. Es la amenaza de la paz. Cuesta creer tal cosa con el mundo en guerra, entre los olivos arrancados en Cisjordania, las cenizas de Gaza, el humo de las casas libanesas, los misiles sobre Irán; el conflicto en Yemen; el ataque terrorista contra Burkina, Malí y Níger; la guerra endémica en el Congo -pero tan provechosa-; Etopía, Sudán y Somalía, sinónimos de hambruna, guerra y muerte; el desastre de Haití y la "guerra contra el narcotráfico", alimentada por armas estadounidenses; sin olvidar Myanmar. Y sin embargo hay un peligro de paz en algún lado. Es inadmisible.

Por diversas razones parece que los espesos nubarrones se despejan en los campos de batalla de Ucrania. Resulta que en las últimas semanas los Estados Unidos y la Federación de Rusia actúan como si hubiesen entablado negociaciones de diversa índole. Quizás las más mediatizada fue el levantamiento de determinadas sanciones contra Moscú, habida cuenta de que Washington necesita diesel bueno, barato y abundante ante las elecciones de medio término de Trump, que algunos en Argentina estilan en llamar midterms como si supieran. Claro que es oportunismo por parte de Trump, que es un empresario inmobiliario a quien solo le importan las cuestiones de política interna y no las cuestiones internacionales, como si fueran distintas. Pero es una oportunidad para Putin, que es un hombre de Estado. En primer lugar vende un producto que le sobra a alguien que le falta. Luego, hace explicito el desprecio que Estados Unidos tiene por la Unión Europea. En tercer lugar propicia una reunión entre Donald Trump, Xi Jinping y él mismo en el marco del foro de la Cooperación Económica Asia-Pacífico, más conocido como APEC por las siglas en inglés. Será el 18 y 19 de noviembre en la en la ciudad china de Shenzhen.

Desde ya, los mismos que hablan de midterms suponen que tal reunión, si se realiza, no puede ser sino otra conferencia de Yalta, ocurrida en Crimea, que fue en 1945. Se supone que allí los ganadores de la Segunda Guerra Mundial se repartieron el mundo. La realidad es más compleja, por supuesto, así en la posguerra como en la actualidad. En estos momentos no se trata de una repartija de continentes, países, áreas de influencia. Es más una negociación de toma y daca sobre asuntos puntuales. Así las potencias pueden acordar una posición común sobre un asunto especifico, y hacerse la guerra mediante intermediarios en otro territorio. Por ejemplo, la intervención anglofrancesa a favor de Israel de 1956 contra Egipto terminó por decisión conjunta de los Estados Unidos y de la Unión Soviética, que por supuesto se detestaban. En asuntos internacionales, la totalidad es para principiantes. Que por cierto, suelen ser los más sangrientos y los menos competentes, ya que piensan tener razón "siempre y en todo lugar". Suelen fracasar.

Después de volar el gasoducto Nord-Stream, ese que proveía de gas abundante y barato a Alemania y demás industrias, ahora Estados Unidos le vende energía cara a Europa. Además exige a los miembros europeos de la OTAN que aumenten el presupuesto militar para comprar equipamiento norteamericano. How nice. Es que para Trump las exigencias internas priman ante cualquier consideración, sobre todo si se trata de negocios. Aunque también está el ego entendido como prestigio.

Como hasta ahora no puede vencer a Irán, lo que le impide lucir los laureles de la victoria militar, supone que lograr una paz en Ucrania le dará alguna brizna de olivo que piensa necesitar. Por supuesto que la posición rusa es diferente. Quizás no tengan las idas y vueltas propias de la diplomacia occidental, pero fijan posiciones y se atienen a ellas. Las condiciones para la paz en Ucrania son las mismas que al principio de la Operación Militar Especial. Esas mismas que casi fueron aceptadas por las partes en las negociaciones al principio del conflicto, que Boris Johnson, a la sazón primer ministro británico, se encargó de sabotear cuando el acuerdo estaba hecho.

Tal marco de encuentro confirma que Volodimir Zelensky es un estorbo. Mientras Trump lo ningunea, los rusos exigen tratar con autoridades legítimas, ya que apuestan a un acuerdo duradero. Se precisan elecciones en Ucrania, donde el ex-comediante ucraniano ya está pasado de tiempo con pocas chances de ganar. Esa tragedia es compartida por la Unión Europea, que utiliza la guerra como causa de todos los males que sufren los pueblos y apela en tonos de otra época a rearmarse contra Rusia.

Es que la paz en Ucrania implica tanto la salida de Zelensky como devela la extrema fragilidad en la que naufragan las instituciones europeas. Ni siquiera convidadas a la reunión de Shenzhen. Habrán de afrontar el duro destino de aquellos que subordinan provechos financieros sobre proyectos políticos. Calavera no chilla: se metieron en una guerra que no pueden ganar contra un adversario que no puede perder. Y las guerras terminan con la paz. Tal vez lejana, pero cuyo peligro se avizora. China recibirá estos encuentros que por informales no serán menos determinantes. El anfitrión Xi Jinping demostrará por qué los chinos son el Imperio del Medio desde hace un par de milenios. Con la firmeza que tienen las certidumbres.

Fuente:

https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/amenaza-de-la-paz/

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