La sombra de Vietnam que amenaza a Trump en Venezuela

04.01.2026

El presidente está obligado a un triunfo político que vaya más allá de su fuerza militar. Señales para México. El revés a María Corina.  


Por Raymundo Riva Palacio

El derrocamiento y captura de Nicolás Maduro la madrugada del sábado en Caracas por fuerzas especiales estadounidenses, no ponen fin a un largo conflicto político-personal con el presidente Donald Trump. Todo lo contrario. Fue el primer escalón para una invasión de Venezuela donde se avizora la erradicación, no necesariamente física, del régimen chavista que ha controlado el país por poco más de un cuarto de siglo, y la instauración de un gobierno que, en el mejor de los casos, carecerá de legitimidad y será visto en muchas partes del mundo como un títere.

Las cosas no empezaron bien entre Trump y Maduro, y no hay razones objetivas para pensar que habrá correcciones el rumbo. Hay daños irreversibles y precedentes que a todos deben preocupar y alarmar dentro y fuera de Estados Unidos.

La acción militar, con ataques en instalaciones estratégicas en los alrededores de Caracas y puntos cercanos a la capital, que descabezó al gobierno y facilitó la detención de Maduro y su esposa para ser juzgados en la corte federal de Brooklyn por presuntamente manejar el Cártel de los Soles, fue ilegal en términos de leyes estadounidenses donde se ignoró al Congreso para obtener su autorización para un acto de guerra como el que se realizó, y violó todos los tratados internacionales. El precedente está para ser aplicado contra quien Trump quiera, que este sábado probó que la única ley que rige por encima de todas, es la suya.

Esto nos lleva a la primera reflexión sobre lo sucedido en las primeras acciones punitivas.

La operación para detener a Maduro fue quirúrgica y sin bajas estadounidenses, lo que significa que tenían información precisa de sus movimientos -cambiaba de sitio para dormir sistemáticamente, como reveló The New York Times hace unas semanas- y del equipo de seguridad en su entorno, fundamentalmente compuesto por agentes de inteligencia y militares cubanos. Los estadounidenses contaron con información privilegiada de una persona muy cercana a Maduro que lo traicionó, luego de que los esfuerzos para que se rompiera su apoyo interno y las Fuerzas Armadas lo abandonaran, fracasaron.

Pero la Operación "Resolución Absoluta", el nombre con el cual la bautizaron no fue realizada por comando, como el que capturó y abatió a Osama bin Laden, sino que se pareció más a la invasión en Panamá para capturar al general Manuel Antonio Noriega, que logró escabullirse y refugiarse en la Sede del Vaticano, en donde estuvo varios días sujeto a tortura sicológica de los militares estadounidenses, hasta que se entregó.

Para detener a Maduro, se involucró a más de 150 aviones que partieron de diferentes bases y participaron fuerzas terrestres y marítimas, reveló el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas.

Con la información en tiempo real, fue una acción limpia para las fuerzas especiales. Desde hace más de un mes se tenían listos los distintos escenarios en espera de la luz verde de Trump. Esta madrugada se combinaron todos. La acción terrestre, de la que hay pocos datos, debe haber establecido las primeras cabezas de playa a decir de las afirmaciones de Trump, de lo que viene en camino: el control del país para gobernarlo durante la transición. Es decir, la estructura política-militar que controló a Venezuela va a ser atacada y neutralizada: Delcy Rodríguez, que como vicepresidenta asumió la presidencia interina, Diosdado Cabello, el ministro de Justicia y el cerebro político del régimen, y el general Vladimir Padrino, jefe de las Fuerzas Armadas.

Cabello y Padrino son las siguientes figuras en la baraja de prioridades de Estados Unidos. Rodríguez parece la figura a la que le están apostando en Washington para que ayude en esa pretendida transición, al haber hablado el secretario de Estado, Marco Rubio, este mismo sábado y dejar entrever que podrían trabajar una salida política con ella. ¿Será la ruptura en el régimen que tanto buscó Trump? En las primeras horas de esta invasión, todavía hay dudas e incertidumbres.

Lo que de acuerdo con funcionarios estadounidenses que conocían los escenarios contra Maduro y su régimen, es que no habría posibilidades de restablecimiento de la paz con Cabello y Padrino operando en Venezuela. Ambos, a decir de las autoridades estadounidenses, son tan responsables del Cártel de los Soles como Maduro, por tanto, tendrían que ser detenidos y trasladados a Brooklyn.

¿Es Rodríguez la apuesta de Washington? Si logran encapsular al tercio de hombres que manejaban el país y pierden el respaldo de las Fuerzas Armadas, Rodríguez podría ser quien allanara el camino para que el gobierno de transición, que desde hace semanas tiene acuartelado Estados Unidos en Santo Domingo, pudiera estar viajando a Caracas en algunas semanas para hacerse cargo del país.

Este escenario enfrenta sus contradicciones. En primer lugar, nada garantiza que un camino explorado por Estados Unidos - previamente con resultados desastrosos -, tenga éxito ahora. Esa ruta fracasó en Afganistán y en Irak, donde hay analogías claras con el derrocamiento de Maduro y el golpe al régimen.

En segundo lugar, más importante incluso, es el tipo de credibilidad y legitimidad que tendrá un nuevo gobierno en Venezuela de filiación anti-chavista. En los escenarios que tenía preparados Estados Unidos, el gobierno de transición lo encabezaría Edmundo González, que derrotó a Maduro en las elecciones presidenciales, a quien Washington y un gran número de países latinoamericanos, europeos y asiáticos, lo considera como el presidente legítimo. La fuerza política del nuevo gobierno sería María Corina Machado, por años la cara más visible de la oposición venezolana, indómita, que permaneció en su país viviendo en la clandestinidad, hasta que fue a Oslo semanas atrás, donde le entregaron el Premio Nobel de la Paz.

El bajo perfil de González no lo ha hecho una figura central en estas primeras horas de una nueva fase de la vida política venezolana. No pasa esto mismo con Machado, a quien el propio descalificó este sábado. Ella no podría asumir la presidencia de Venezuela, dijo Trump, porque no tiene ni respeto ni apoyo dentro de su país.

Sus palabras causan confusión y anulan a la figura con la que Rubio estaba hablando sobre los escenarios políticos y diplomáticos, aunque por absurdo que parezca, no se puede descartar con el jefe de la Casa Blanca que haya sido una frase a vuela pájaro, reflejando su molestia porque fue ella y no él, a quien le dieron el Nobel de la Paz.

En cualquier caso, apenas arrancó un proceso para la transición que si políticamente no pueden consolidar lo que comenzaron militarmente -no haberlo hecho llevó a Estados Unidos a perder la Guerra de Vietnam-, el gobierno de transición venezolano estará tocado de muerte: llegó gracias a Trump, en el momento que quiso Trump, y de acuerdo con los tiempos y los plazos que estableció. Será un gobierno sin autonomía ni soberanía.

Esto nos lleva a una segunda reflexión, donde las opiniones sobre lo sucedido ha confrontado a líderes y gobiernos.

Es muy difícil simpatizar con el despuesto presidente venezolano -respetando a quienes lo ven de diferente manera-, por la forma déspota de manejar el país, por las violaciones a los derechos humanos, la conculcación de libertades y el abuso de poder coronado el año pasado por un fraude electoral para perpetuarse. Pero es inadmisible que Maduro sea derrocado por una acción militar externa carente de todo marco jurídico, incluso forzado como lo hizo George W. Bush, con inventos y manipulaciones que permitieron una violación a la Carta de las Naciones Unidas.

Trump ejecutó su recientemente publicado "Corolario" a la Doctrina Monroe, pero de una forma que no estaba contemplada en aquella política. No pretendió Trump, como sí lo buscaba el presidente James Monroe en 1823, que Estados Unidos interviniera en América Latina para impedir que avanzara el colonialismo europeo en la región, con lo cual estableció esferas de influencia diferentes para Europa y este continente.

El jefe de la Casa Blanca redujo poco más de 200 años de Doctrina Monroe de intervenciones disfrazadas estadounidenses para instalar regímenes afines a sus intereses económicos, a una acción directa de colonización, que recuerda al rey Leopoldo II de Bélgica, que usó la fuerza militar para derrocar gobiernos y gobernantes y crear colonias, como el Congo, no solo para su expansión imperial sino para su enriquecimiento personal.

Venezuela, que tiene las reservas petroleras probadas más grandes del mundo, es un ejemplo de lo que Trump es capaz de hacer, perfilado en el "Corolario" para que sea Estados Unidos, nadie más, quien tenga acceso directo y prioritario a minerales críticos y estratégicos que necesita para sustituir las importaciones de China, su gran enemigo contemporáneo.

El argumento de Trump fue que Maduro y la triada en el poder controlaban el tráfico de drogas y estaban enviando fentanilo a Estados Unidos, por lo que comenzó su escalada militar de hostigamiento, estrangulamiento y finalmente asesina, atacando lanchas y aniquilando a tripulantes -incluso a sobrevivientes-, con el pretexto que transportaban fentanilo. La justificación, que llevó a la invasión y captura de Maduro, es una mentira. Venezuela no exporta ilegalmente fentanilo a Estados Unidos; México es quien lo hace de manera predominante.

Esto nos lleva a la tercera reflexión, en el campo mexicano, donde las voces, radicalizadas por la polarización que vivimos, no permiten ver con claridad que la extrapolación de lo que sucedió a Maduro no debe verse bajo una óptica reduccionista con aspiración de un replay con el expresidente Andrés Manuel López Obrador o con algunas figuras de Morena. Ni Trump, ni ningún otro presidente anterior en Estados Unidos, ha visto a México como amigo, ni está interesado ideológicamente en un sistema de gobierno democrático.

La inclinación de Washington hacia ese tipo de modelo es porque pueden defender sus intereses económicos con menos tensión. El mejor ejemplo de que ese factor es el dominante lo dio el presidente Gustavo Díaz Ordaz, que pese a ser un "activo" de la CIA, fue sujeto a un proceso de desestabilización cuando impulsó una serie de leyes que afectaban sus intereses económicos.

De manera natural, lo que sucedió con Maduro es una política que Trump quisiera aplicar en México, en particular con López Obrador, como lo han subrayado funcionarios estadounidenses, y que es una idea que flota en Washington que emerge como pregunta de manera regular como este sábado, cuando salió en una entrevista que le dio a Fox News, donde dijo que aunque no era la intención, "algo habrá que hacer en México".

Ese algo puede ser una intervención como en Venezuela -poco viable por la inestabilidad migratoria que produciría-, quirúrgica -con drones contra jefes del narcotráfico-, y apertura de procesos judiciales en Estados Unidos, como sucedió con Maduro y su esposa. Pero esto solo puede plantearse por ahora como hipótesis, no como algo que se asome en el horizonte. Lo más probable es que esa realidad, de darse, tarde en llegar.

La oposición, en todo caso, no debe esperar que el trabajo que no ha podido hacer crecer en el campo político, lo resuelva Estados Unidos con una acción militar. Estamos viendo el camino que va a recorrer la oposición venezolana, como títeres a quienes Trump les diga qué hacer. Trump actúa sin límites ni contención, imponiendo sus propios términos de política y diplomacia con las cañoneras detrás, en donde nadie puede sentirse tranquilo o confiado de que por estar en el mismo lado de la historia hoy en día, mañana no serán sujetos a la misma vara con la que midió a sus enemigos comunes. La Premio Nobel es un aviso de ello.

Fuente:

https://www.lapoliticaonline.com/mexico/raymundo-riva-palacio-mx/sombra-vietnam-trump-venezuela/