Los cuatro escenarios que se abren tras las reñidas elecciones en Israel

Sin una mayoría clara en el Parlamento, el primer ministro y su principal rival, Gadi Eisenkot, enfrentan difíciles negociaciones para formar gobierno
Por Tia Goldenberg
TEL AVIV.– Los resultados de las elecciones israelíes ya se conocen y muestran cómo quedará conformado el próximo Parlamento del país, aunque todavía dejan abierta la incógnita sobre quién será el primer ministro.
Ahora, los líderes de los partidos iniciarán negociaciones de alto voltaje para intentar reunir una coalición de 61 bancas en la Asamblea de 120 miembros, conocida como Knesset.
El camino que tienen por delante tanto el primer ministro, Benjamin Netanyahu, como su principal rival, el exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel Gadi Eisenkot, es complicado. Ninguno de sus bloques obtuvo una mayoría y los partidos árabes, que consiguieron un resultado histórico de 19 bancas, podrían desempeñar un papel decisivo.

Cualquier coalición posible exigiría que los candidatos aceptaran concesiones difíciles, capaces de provocar el rechazo de sus propios votantes. Si no logran llegar a un acuerdo, se celebrarían nuevas elecciones a comienzos del próximo año y el gobierno de Netanyahu permanecería en funciones de manera interina hasta entonces.
Estos son los posibles escenarios:
Eisenkot y los partidos árabes
En teoría, la solución más sencilla sería que Eisenkot se aliara con los partidos árabespara formar una sólida coalición de 67 bancas opuesta a Netanyahu. Incluso si no se sumaran formalmente a su coalición, podrían brindarle un respaldo decisivo a un gobierno en minoría.
Sin embargo, esa alternativa entrañaría riesgos políticos para Eisenkot y sus aliados judíos.
Los ciudadanos árabes de Israel, que representan el 20% de la población del país, son palestinos cuyas familias permanecieron en Israel después de la guerra de 1948, que rodeó su creación. Mantienen estrechos vínculos con los palestinos de Cisjordania y Gaza y, en su mayoría, apoyan su causa, lo que lleva a muchos israelíes judíos a mirarlos con desconfianza.
En una sola ocasión un partido árabe integró una coalición de gobierno: fue en 2021, y aquel gobierno apenas duró unos 18 meses.
Netanyahu ya presenta cualquier alianza de ese tipo como una traición a la identidad judía de Israel y una amenaza para la seguridad nacional. Así, aumenta la presión sobre los aliados de Eisenkot, en particular los sectores de derecha, para que rechacen esa posibilidad.
Un gobierno de unidad
Netanyahu podría intentar convencer a Eisenkot y a sus aliados de derecha de que, en cambio, se sumen a una coalición encabezada por el primer ministro.
Esta alianza le permitiría a Netanyahu alcanzar una mayoría de 67 bancas y dejaría en la oposición tanto a los partidos árabes como a las facciones judías ultranacionalistas y ultraortodoxas. Un gobierno de ese tipo podría abordar cuestiones urgentes, como las exenciones del servicio militar para los ultraortodoxos, o trabajar para fortalecer la economía israelí.
Sin embargo, para concretarlo sería necesario incumplir numerosas promesas.
Eisenkot y sus aliados se comprometieron a no integrar un gobierno con Netanyahu, a quien responsabilizan por las fallas de seguridad que rodearon el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023. También lo acusan de socavar las instituciones democráticas de Israel y señalan el juicio por corrupción que enfrenta el primer ministro.
Es poco probable que un gobierno encabezado por Netanyahu apruebe una investigación oficial sobre el ataque del 7 de octubre, una de las principales demandas de los votantes opositores. Además, en el pasado, los líderes de la oposición israelí que desafiaron a sus propios votantes para sumarse a un gobierno de Netanyahu vieron desplomarse su respaldo político.
El acuerdo también obligaría a Netanyahu a desprenderse de sus aliados de extrema derecha y ultraortodoxos, que lo respaldaron después del ataque y durante múltiples guerras y otras crisis.
Captar a los disidentes
Es probable que Netanyahu esté buscando puntos débiles en el bloque opositor, que abarca todo el espectro político israelí.
Podría intentar atraer a algunos de sus antiguos aliados, como los dirigentes de los partidos de derecha Naftali Bennett y Avigdor Lieberman. Ambos defienden firmemente políticas nacionalistas, como la expansión de los asentamientos israelíes en Cisjordania ocupada, y tendrían particular dificultad para asociarse con los partidos árabes.
Sin embargo, llevan años enfrentados con Netanyahu, a menudo por cuestiones personales, y se habían comprometido a no formar una alianza con él. También se oponen firmemente a las exenciones del servicio militar, una exigencia irrenunciable de los aliados ultraortodoxos del primer ministro.
Eisenkot tiene menos posibilidades de atraer a dirigentes del otro bloque, ya que el Likud de derecha de Netanyahu y sus aliados de extrema derecha y ultraortodoxos le han sido profundamente leales a lo largo de los años.
Nuevas elecciones
Si ninguno de los dos bloques logra reunir una mayoría, Israel podría encaminarse hacia nuevas elecciones, probablemente a comienzos del próximo año. Hasta entonces, el gobierno de Netanyahu permanecería en funciones de manera interina.
Este escenario podría resultar muy perjudicial para los opositores de Netanyahu, que llegaron a estos comicios envalentonados por el impulso de su campaña, aunque el resultado quedó por debajo de sus expectativas. También se beneficiaron de la llegada de decenas de miles de israelíes que viajaron desde el exterior para votar, pero que quizás no estén dispuestos a hacer un segundo viaje.
Mientras tanto, Netanyahu ganaría tiempo para reforzar su coalición. Los partidos de derecha más pequeños que no lograron superar el umbral electoral para ingresar al Parlamento terminaron desperdiciando, en la práctica, votos favorables al primer ministro. Esos partidos podrían no presentarse nuevamente o sus votantes podrían volcarse hacia las fuerzas de extrema derecha más grandes, lo que fortalecería a Netanyahu.
Tras un bloqueo político similar en 2019, Israel celebró cinco elecciones en apenas tres años y medio.
Fuente:
