Los secundarios franceses se suman a los chalecos amarillos y un gobierno sordo responde con represión

19.10.2026

Entre 500.000 y 800.000 personas marcharon el sábado 17 de octubre contra la carestía de la vida. El primer ministro Sébastien Lecornu, que daba al movimiento por agotado, solo atinó a hablar de "ultraizquierda", sumar detenidos y exigir a la oposición que "elija su campo". La extrema derecha ya cuenta los votos.

Por CARLOS SCHMERKIN (DESDE PARÍS) 

Los números alcanzan para medir la magnitud de lo que pasó el sábado en Francia. Entre 500.000 personas, según el Ministerio del Interior, y 800.000, según los organizadores, salieron a la calle en todo el país en una jornada "contra la vida cara" que vio converger a los chalecos amarillos, hartos del nivel de los precios, con los estudiantes secundarios movilizados desde mediados de septiembre. La mayoría de las marchas transcurrieron en calma, pero hubo violentos enfrentamientos en varias ciudades, sobre todo en París, Lyon y Marsella. El balance oficial final da cuenta de 1.800 detenidos en todo el territorio, 855 de ellos en la capital, y de 150 policías y gendarmes heridos, sin que se haya precisado la gravedad de las lesiones.

Del lado de los manifestantes las cuentas son menos prolijas, pero más graves. Además de las múltiples trabas al derecho a manifestar, hubo heridos de diversa consideración. Un dato es indiscutible: en Saint-Étienne, un adolescente de 17 años perdió una mano, arrancada por una granada, lo que llevó a la IGPN, —la "policía de la policía"—, a abrir una investigación. Antes del 17 de octubre, ese organismo ya acumulaba 32 investigaciones por la actuación de las fuerzas del orden en el marco del movimiento. El domingo a la mañana la Prefectura de Policía anunció la muerte de un manifestante en París a causa de "un paro cardiorrespiratorio". Según el canal BFM, el hombre se descompuso en el bulevar Magenta, por donde pasaba la columna autorizada, fue trasladado al cuartel de bomberos de Château d'Eau y murió frente a las puertas del edificio.

Los medios televisivos insistieron toda la tarde y durante la noche en mostrar imágenes de saqueos e incendios, transmitiendo una Francia apocalíptica y en llamas. A pesar del intento de la Prefectura de Policía de contener a los manifestantes en el este y el norte de París, miles de ellos invadieron los barrios más elegantes de la capital. Desbordadas, las fuerzas del orden se concentraron en el Elíseo, que quedó bajo una protección muy estricta.

El ministro del Interior, Laurent Nuñez, denunció "violencias múltiples" con "la marca de la ultraizquierda". La izquierda, con Jean-Luc Mélenchon a la cabeza, acusó en cambio a las fuerzas del orden de haber buscado "el enfrentamiento" y de haber "organizado el desorden", en particular durante el desalojo de la Plaza de la República, punto de partida de la marcha parisina.

¿Quiénes son los "vándalos"?

El análisis de los movimientos sociales y de la violencia urbana realizado por los sociólogos Isabelle Sommier y Francis Dupuis-Déri demuestra una distinción fundamental de naturaleza, objetivos y perfiles entre los black blocs (bloques negros) y los saqueadores. Aunque pueden coexistir de manera oportuna en el mismo espacio-tiempo de un caos urbano, sus motivaciones profundas no tienen nada en común.

Los black blocs se centran principalmente en los símbolos del capitalismo (bancos, grandes cadenas comerciales) y del Estado (policía, prefecturas, municipios). No se trata de una organización estructurada, sino de una táctica espontánea formada por pequeños grupos afines que se disuelven tras cada manifestación. Las personas juzgadas por estos hechos suelen tener estudios superiores y ejercen profesiones intelectuales de alto nivel, contrariamente a la imagen del alborotador ocioso.

Los saqueadores aprovechan la brecha: la desorganización policial y el desorden ambiental generan una impunidad temporal que los saqueadores —jóvenes proveniente de barrios vulnerables o periferias urbanas—, aprovechan para realizar sus acciones de depredación material, sin compartir ninguna reivindicación política con los primeros y cuya única intención es apropiarse de mercancías altamente valoradas por la sociedad de consumo.

Por otro lado varias denuncias, apoyadas por fotos y videos, se difundieron por las redes mostrando policías de civil tirando piedras y haciéndose pasar por manifestantes.

"Elegir su campo": Lecornu contra Mélenchon

El diario Le Monde describe un ejecutivo "sin aliento", cercado por la agitación social y la violencia a seis meses del primer turno de la elección presidencial. Los choques con los CRS, la policía antidisturbios, el "saqueo metódico" de la capital y las escenas de saqueo recordaron, según el vespertino, el 1° de diciembre de 2018, el "acto III" de los chalecos amarillos, cuando fue profanado el Arco de Triunfo poniendo en evidencia "la impotencia del Estado", que "perdió el control" frente a grupos móviles, dispersos y decididos. Hubo enfrentamientos a apenas 300 metros del Elíseo.

El primer ministro, Sébastien Lecornu, encabezó un gabinete de crisis en el Ministerio del Interior y a las 23 horas se presentó, "con el rostro cerrado", en el centro operativo de la Prefectura de Policía junto a al ministro del interior Laurent Nuñez. Allí habló de "una ultraizquierda particularmente violenta, con una nebulosa muy organizada", y sostuvo que el ataque a los "centros de poder" —el Elíseo, Matignon y la Asamblea Nacional—, revelaba "claramente una maniobra política". Confirmó además que el proyecto de ley "rompe-paga", que hace pagar los daños a quienes los causan, será tratado por el Senado a fines de octubre.

Pero el blanco principal de Lecornu fue otro. "Es el momento de elegir su campo: o se está del lado de la República, y por lo tanto de las fuerzas del orden, o se está del lado de los vándalos", lanzó, fustigando a quienes "atizan la violencia el lunes para condenarla mejor el viernes, mientras dicen a mitad de semana que fueron los policías o el prefecto de París quienes organizaron el caos". La alusión a Mélenchon, candidato presidencial de La Francia Insumisa (LFI), presente en la columna parisina, era transparente.

El líder insumiso había denunciado en las redes "provocaciones policiales" y un "desorden organizado" por el prefecto, a quien calificó de "incompetente peligroso". "Donde no hay policías, hay calma y buen humor", escribió, antes de culpar a un "mando aberrante" que "abrió la puerta al caos", aunque recordó que "quienes comparten nuestro combate no tienen nada que hacer en el saqueo". Lecornu le respondió que culpar a los jefes policiales era "una inversión peligrosa y cínica de las responsabilidades" y que "no se puede llamar a cesar la violencia y al mismo tiempo darles excusas a quienes la cometen". Mientras tanto, el propio gobierno era acusado de haber subdimensionado el operativo, ante imágenes de agentes desbordados.

La derecha cerró filas detrás del orden. Mientras que en la izquierda, la ecologista Marine Tondelier pidió "revisar" una doctrina de mantenimiento del orden que pone en peligro "a manifestantes y policías", el Partido Socialista (PS) condena firmemente la violencia y las destrucciones, al mismo tiempo que defiende la legitimidad de las protestas sociales contra el alto costo de vida. Raphaël Glucksmann, recientemente elegido candidato de la izquierda socialdemócrata para las elecciones presidenciales, encarnó la postura más institucional del bloque al hacer un llamamiento a "un gran impulso republicano". Al lamentar la espiral de violencia, exigió la vuelta inmediata a la calma para que prevalezcan las instituciones democráticas. Con esta posición busca desmarcarse claramente de Jean-Luc Mélenchon (LFI), a quien el Gobierno y la derecha acusan de avivar los disturbios.

Quien se frota las manos es el Reagrupamiento Nacional (RN). Según Le Monde, la extrema derecha está "decidida a sacar el mayor provecho electoral" de las imágenes de violencia. Desde el viernes, Jordan Bardella, el presidente del partido de Le Pen, había deslegitimado la movilización como una "jornada de la Francia del caos". El sábado, Marine Le Pen acusó a "la extrema izquierda" y a los diputados de Mélenchon de haber tomado "como rehenes" reivindicaciones sociales "legítimas". El equipo de comunicación del RN difundió un video con la leyenda "Los diez años de Macron terminan en el caos absoluto. La izquierda es culpable, los macronistas son cómplices. ¡Voten!", y varios de sus dirigentes hicieron una lectura étnica de los hechos.

Para un partido que, sin propuestas sobre educación, no sabía cómo abordar la rebelión secundaria, la violencia funciona como "un tubo de oxígeno". Un allegado de Bardella ya imaginaba a comienzos de octubre que los desbordes relegarían a un segundo plano las revelaciones de Mediapart sobre comentarios antisemitas atribuidos al presidente del RN. "Las imágenes en este momento pueden favorecernos", se alegraba un vocero del partido.

Una multitud que el poder no supo ver

El portal Mediapart, en una crónica firmada por Pierre Jequier-Zalc y Laura Wojcik, arranca con una pregunta: "¿Era sordo? ¿Estaba mal informado? ¿Totalmente desconectado de la realidad?". Durante una semana, el gobierno había repetido que la revuelta juvenil estaba en "retroceso" e hizo filtrar notas de inteligencia que preveían entre 60.000 y 110.000 manifestantes en todo el país. "Se equivocó a lo grande", constata el medio. Solo en Toulouse marcharon 60.000 personas según los organizadores. En Lyon, Nantes y Rennes, las cifras oficiales superaron las del 13 de octubre, que había reunido en Francia 480.000 personas según los organizadores.

En París, los choques empezaron el sábado al mediodía en la Plaza de la República, donde la marcha, autorizada recién la víspera, debía partir. Desbordados por la multitud, los manifestantes terminaron saliendo por todas las calles de la plaza, "en un ambiente alegre y festivo".

La palabra "bronca" era la consigna del llamado a un "regreso de los chalecos amarillos" lanzado en TikTok a comienzos de septiembre: bronca por el precio récord del combustible, por un poder adquisitivo en caída, por desigualdades que crecen. Una bronca que el movimiento juvenil vino a engrosar, señala Mediapart, "bajo el efecto combinado de reivindicaciones claras y legítimas y de una represión feroz que generó una amplia indignación".

El sentimiento de no ser escuchados fue alimentado por un gobierno "que nunca buscó, de ninguna manera, responder al movimiento de los secundarios, y luego universitario, histórico". El 7 de octubre, Lecornu había prometido primeras respuestas "a fin de mes". Un intento de ganar tiempo que hoy exhibe todo el fracaso de este gobierno. En las marchas, miles de personas corearon "¡Macron renuncia!". El gobierno, que defiende un presupuesto con 54.000 millones de euros de ajuste, enfrenta un movimiento que no lucha contra ninguna reforma: reclama dignidad y futuro.

Macron: más prohibiciones, ninguna respuesta

El domingo 18 a las 20h, en cadena nacional, Emmanuel Macron confirmó el diagnóstico: descartó el estado de emergencia que le reclamaba el derechista Bruno Retailleau (LR) pero prometió "la mano firme de la justicia" a los alborotadores y apenas "un vago horizonte de escucha" a los manifestantes de buena fe. "¿Qué tienen en la cabeza?", se preguntó sobre los "facciosos de grupúsculos de ultraizquierda, a los que se sumaron numerosos delincuentes".

La principal novedad fue represiva: el presidente abrió la puerta a prohibir futuras manifestaciones, cuando ya hay una nueva jornada para el 5 de noviembre convocada por los sindicatos estudiantiles, de los profesores y la intersindical obrera. Una fuente cercana al Elíseo mencionó también prohibiciones de reunión en zonas comerciales, toques de queda y operativos de requisa. Al ministro Nuñez, acusado por la oposición y varios intendentes de haber subestimado los riesgos, le pidió "sacar todas las lecciones en materia de inteligencia y anticipación". Núñez canceló acto seguido su entrevista en TF1.

Sobre el poder adquisitivo, Macron repitió que el mal viene del "conflicto del golfo Pérsico", adonde viajará el lunes "para asegurar los abastecimientos". A los secundarios les ofreció una mesa de concertación "desde esta semana" con docentes, empresarios, sindicatos y legisladores. Y encargó a Lecornu reunir a los partidos para condenar "todas las violencias", una invitación que el diario Libération describe como una "trampa" para LFI: someterse a la conminación presidencial o quedar del lado de "las fuerzas del mal".

El resto del arco político eligió caminos más directos. Édouard Philippe, que disputa con Mélenchon el acceso al balotaje, acusó a LFI de querer "derribar la República" y de haber inspirado "una alianza casi táctica" entre "la ultraizquierda revolucionaria" y "los saqueadores". Marine Le Pen difundió un video con códigos elíseos en el que denunció a LFI como "brazo político" de las "fuerzas de la destrucción" y a un poder macronista "agotado y desorientado". Mélenchon, en el canal LCI, acusó al gobierno de aplicar siempre "el mismo método: el desgaste, y una violencia ciega para meterle miedo a todo el mundo", con la mira puesta en la presidencial. "¿Por qué yo? Siempre llamé a la no violencia", se defendió, antes de tratar a Lecornu de "pobre tipo al frente de un gobierno que ya no controla nada, ni siquiera a sus propios ministros".

Fuente y foto:

https://www.eldestapeweb.com/internacionales/secundarios-franceses-suman-chalecos-amarillos-gobierno-sordo-responde-represion-20261018214126

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