Lula da Silva: “Si gano estas elecciones, será como mi cuarta copa”

El mandatario, quien lidera los sondeos frente a Flávio Bolsonaro, mostró un perfil más combativo. "La guerra comienza ahora", dijo de cara a los comicios de octubre. "Quiero estar preparado para que nadie invada este país para llevarse a este presidente", agregó, en alusión a la captura de Maduro.
Por Darío Pignotti
Desde Brasilia
Al mejor estilo Pelé. Luiz Inácio Lula da Silva formalizó su candidatura a la reelección este domingo haciendo un paralelo con el legendario tricampeón del mundo. "Pelé, el mayor deportista del siglo XX, disputó cuatro copas (1958, 1962, 1966 y 1970); estas elecciones de octubre serán las séptimas de mi carrera y si las gano serán como mi cuarta copa, así lo espero".
Luego deslizó un comentario sobre la frustrante actuación del seleccionado nacional eliminado por Noruega en el reciente mundial jugado en Estados Unidos, México y Canadá, y como si fuera un jugador más aseguró estar "entero" para la maratónica campaña hacia los comicios del 4 de octubre y el eventual balotaje del 25 de ese mes.
Las encuestas recientes ubican al petista con entre ocho y diez puntos delante del candidato Flávio Bolsonaro en la primera vuelta y una ventaja de tres a cinco en la segunda.
Clima
Se percibía optimismo en las palabras y gestualidad de Lula, así como de los oradores precedentes: el candidato a vicepresidente Geraldo Alckmin, el aspirante a la estratégica gobernación de San Pablo, Fernando Haddad, y el titular del Partido de los Trabajadores (PT), Edinho Silva.
Ninguno dio por ganada la elección al hijo del expresidente Jair Bolsonaro, detrás de quien hay un electorado nada despreciable, además del respaldo de Donald Trump.
Combativo
Cada proceso electoral es recordado por alguna marca, y en este se vislumbra una guerra política entre el centroizquierdista Lula y la familia Bolsonaro, de cuyas decisiones sigue siendo responsable el capitán retirado Jair Bolsonaro, preso por intento de golpe de Estado.
Lula fue celebrado por el público cuando mostró los colmillos en el acto realizado en un centro de convenciones de San Pablo. Decretó archivado aquel personaje conocido como "Lulinha paz y amor", con el cual llegó al poder a principios de este siglo, y en su lugar asumirá un papel más combativo. Ahora la pelea será a muerte.
"La guerra comienza ahora", con el inicio de la campaña tras la oficialización de las candidaturas, proclamó. Y agregó, en caso de que se conquiste un nuevo mandato, el Lula IV llegará munido de una "cachiporra" para lidiar con los poderosos encastillados desde siempre en sus privilegios.
Incluso habló de ejecutar, a partir del 5 de enero de 2027, inicio del próximo gobierno, medidas estructurales para facilitar una futura gestión petista a partir de 2031. Con lo cual recuperó la expectativa de un proyecto a medio plazo, como fue característico del petismo tiempo atrás, pero quedó a un costado tras el golpe parlamentario que derrocó a Dilma Rousseff en 2016 y el encarcelamiento, seguido de proscripción, en perjuicio del propio Lula entre 2018 y 2019.
Las palabras frontales del exdirigente metalúrgico repercutieron mal en la prensa establecida. La edición online del Estado de San Pablo no demoró en exponer su disgusto: Lula y el PT están volviendo al "viejo" discurso de confrontar pobres contra ricos.
Soberanía
Si en la campaña de 2022, bajo un régimen de baja calidad institucional, o directamente autoritario, la premisa de Lula y el PT era recuperar la democracia, en los de este año la premisa central es defender la soberanía.
"Quiero estar preparado para que nadie invada este país para llevarse a este presidente (como en Venezuela). Quiero estar preparado para la paz, no para la guerra. Quiero que nadie se atreva a subestimarnos".
Un país con más de 16 mil kilómetros de fronteras, la mayor floresta tropical del mundo y reservas altas de minerales críticos, no puede descuidar su defensa, puntualizó. "Tenemos que acabar con esa zoncera de considerar que los temas de defensa no son importantes", se quejó.
Violencia de género
El veterano dirigente se dirigió especialmente a las mujeres, criticando la violencia de género y declarando que no desea el apoyo de hombres que agreden a sus parejas.
"Si alguien que golpea a su mujer piensa en votar por mí, es mejor que se olvide", sentenció, destacando las políticas implementadas durante su gobierno, en contraste con los años bolsonaristas, cuando el entonces presidente llegó a jactarse de desconocer el significado de la palabra "misoginia".
Con 158 millones de brasileños habilitados para votar, y un electorado femenino que supera en 9 millones al masculino, Lula subrayó la importancia de este segmento en la contienda de octubre.
En un gesto simbólico, pidió a su esposa, la socióloga Rosângela Janja da Silva, que improvisara unas palabras en el acto, en las que ella denunció las múltiples formas de discriminación que enfrentan las mujeres en ámbitos económicos y sociales.
Milei
Lula no concedió un instante de su discurso de más de una hora a su colega argentino Javier Milei, quien hace una semana lo agravió durante la presentación de la candidatura de Flávio Bolsonaro, realizada también en San Pablo. Aquella en un escenario dominado por una alfombra azul, alegórica al conservadurismo que está ganando espacio y gobiernos en América del Sur.
Los agravios del libertario desencadenaron el llamado a Brasilia del embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, elevando la tensión diplomática a niveles sin antecedentes desde que Brasil y Argentina recuperaron sus democracias.
La ausencia de menciones sobre el presidente alocado en el discurso de Lula tal vez pueda ser leída como una forma de ninguneo.
La tarea fue delegada en el vicepresidente y candidato a la reelección Geraldo Alckmin, quien hizo un comentario al pasar, consignando la complicidad del gobierno argentino con Bolsonaro.
Rojo y azul
Los colores rojo, del PT, y azul de la derecha no fueron las únicas diferencias entre los actos de este domingo de Lula y hace una semana de Bolsonaro.
La concentración petista mostró una coalición sólida, con las candidaturas definidas y acuerdos en la mayoría de los estados, resultado de un plan político consistente. Conducido por Lula y complementado por un PT cerrando filas detrás de su líder.
Al contrario de lo que sucede en las huestes derechistas. Es tal la división que, hasta el momento, Flávio Bolsonaro no determinó quién será su compañero o compañera de fórmula. Partidos conservadores, extremistas, se niegan a respaldarlo ante su popularidad en baja.
Aunque siga siendo un presidenciable competitivo, el joven senador ha perdido puntos frente a Lula desde fines de mayo, cuando se divulgó una grabación en la que pedía millones de dólares a un banquero preso por estafas. Hecho que astilló su imagen de combatiente contra la corrupción.
Los partidos de centro también recelan de Flávio y el clan familiar por su estilo autoritario y el hábito de traicionar acuerdos.
Esas grietas de la derecha como un todo penetran hasta en la casa de su padre, Jair Bolsonaro, en un barrio privado de Brasilia. Donde la esposa del expresidente, Michelle Bolsonaro, está en pie de guerra con su hijastro Flávio, al cual denostó públicamente en un video que hasta hoy causa repercusión.
Michelle es una evangelista al extremo, que se vale de su religiosidad para influir en las electoras conservadoras, de las cuales Flávio depende para mejorar en las encuestas.
Este domingo se esperaba la realización de un acto en Brasilia donde la madrastra, Michelle, y el hijastro, Flavio, aparecerían por primera vez juntos desde la ruptura entre ambos.
Hasta el cierre de esta crónica, ese encuentro no había ocurrido y, al parecer, iba a ser cancelado. Mala noticia para el rival de Lula.
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