México: ¿tiene futuro la protesta de los «sombreros de paja»?

21.11.2025
Julieta Bugacoff
Julieta Bugacoff

La autodenominada Generación Z movilizó el 15 de noviembre a varios miles de personas, con perfiles, edades y reclamos muy diferentes. Pero lo que sus organizadores imaginaban como una ola imparable, motorizada por una multiplicidad de reclamos, se ha pinchado en la segunda convocatoria. ¿Qué hay detrás de este movimiento que busca desafiar a una presidenta con 70% de popularidad? 

Por Julieta Bugacoff - Paul Antoine Matos

De pie en la explanada del Zócalo de Ciudad de México, dos mujeres indígenas se detuvieron en medio de la multitud y elevaron un incensario repleto de copal. Ambas llevaban sombreros de paja. «Sahumamos por la paz, porque en este país hay mucha violencia», explicó una de ellas. Mientras el humo blanco se dispersaba, otra mujer les gritó: «Ustedes son las responsables del ascenso de López Obrador, y tienen que hacerse cargo». La escena ocurrió durante la primera gran movilización contra el gobierno de Claudia Sheinbaum y condensa algunas de las tensiones del presente.

En diciembre de 2018, en ocasión de la investidura del ex-presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), representantes de 68 pueblos originarios realizaron un ritual similar en señal de apoyo. Seis años después, los problemas que enfrenta el gobierno del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) -ahora encabezado por Claudia Sheinbaum- siguen siendo enormes.

En los primeros seis meses de su gestión, el número de desapariciones forzadas en México alcanzó una cifra récord. Según los registros oficiales, hasta el 1 de octubre de 2025 desaparecieron 14.765 personasen el país, 16% más que en el último año de su antecesor. Este incremento no solo encendió alarmas entre organizaciones de derechos humanos y colectivos de búsqueda, sino que también erosionó la legitimidad del gobierno entre los sectores más afectados. Aun así, la presidenta puede presumir de tener una popularidad que asciende a 70% según algunas encuestas. Fue en este escenario que sorprendió la primera protesta significativa contra su gobierno.

La «marcha de la Generación Z», realizada el 15 de noviembre de 2025, fue una convocatoria -en apariencia apartidaria- dirigida principalmente a jóvenes, adolescentes y estudiantes universitarios. Se trata de una generación que creció en medio de la «Guerra contra el narco», iniciada a finales de 2006 por el gobierno de Felipe Calderón, y cuya experiencia de vida está atravesada por la normalización de la violencia y el aumento de la militarización de los territorios. Aunque la convocatoria estaba orientada hacia ese segmento etario, a la movilización acudieron personas de distintas generaciones: millennials, integrantes de la Generación X e incluso boomers.

Si bien no había una consigna definida, agrupó a una multiplicidad de sectores opositores al gobierno actual. Además de Ciudad de México, la movilización se replicó en varios estados, como Guanajuato, Yucatán y Puebla.

¿Cómo surgió la primera marcha?

A mediados de octubre, empresarios, políticos e influencers vinculados a la derecha –como Carlos Bello y Alejandro Moreno (presidente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI))–utilizaron las redes sociales para convocar a una movilización «sin banderas políticas» para protestar por «todo lo que está mal en México». Muchas de estas publicaciones circulaban acompañadas de la imagen de una bandera pirata tomada del animé One Piece. En principio, el llamado no obtuvo mucha adhesión.

En este punto, es importante mencionar que la oposición mexicana atraviesa una fuerte crisis. En las elecciones presidenciales de 2024, Fuerza y Corazón por México (integrada por el Partido Acción Nacional (PAN); el PRI; y el Partido de la Revolución Democrática (PRD)) obtuvo solo 27,45% de los votos, mientras que Sigamos Haciendo Historia (conformado por Morena, el Partido del Trabajo (PT), y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM)), que llevaba a Sheinbaum como candidata, alcanzó 59,75% del electorado, aún más que el propio AMLO en las presidenciales de 2018 (quien cosechó 53,19%). Además, en el transcurso de los últimos siete años, varios funcionarios que formaban parte de los partidos opositores –como Miguel Ángel Yunes Márquez (ex-PAN) o Jorge Carlos Ramírez Marín (ex-PRI)– fueron incorporados a la gestión de Morena.

Una semana después del llamado inicial, Carlos Alberto Manzo Rodríguez, alcalde de Uruapan, en el estado de Michoacán, fue asesinado en medio de los festejos por el Día de Muertos. En 2024, había sido electo como representante de La Sombreriza, el movimiento independiente fundado por él. Su campaña se caracterizó por un fuerte énfasis en las políticas de seguridad y, en particular, en una «lucha frontal contra el narcotráfico». Una vez en el cargo, impulsó una reforma policial e incorporó a la Guardia Nacional y al Ejército en el combate contra los carteles. Con frecuencia, utilizaba las redes sociales para mostrar su participación directa en diversos operativos policiales. Si bien el homicidio de Manzo no fue el detonante de la movilización opositora, sí contribuyó a ampliar su alcance y a interpelar a una audiencia más diversa.

Un día antes de la protesta, la convocatoria se amplió todavía más. Trabajadores del sector salud, docentes, campesinos y algunas «madres buscadoras» se sumaron a la marcha para denunciar la falta de medicamentos en los hospitales y las desapariciones forzadas, e incluso pedir por la derogación de la Ley del ISSSTE (Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado) de 2007, que privatizó el sistema de pensiones.

Frente a este panorama, Sheinbaum declaró en una conferencia de prensa que la manifestación no había surgido de manera espontánea, sino que formaba parte de una estrategia digital orquestada por grupos de derecha «desde el extranjero» y «de los mismos de siempre». Mientras tanto, en medios de comunicación y en espacios políticos afines a Morena, circulaban cientos de memes que le restaban importancia a la protesta e incluso ridiculizaban a los asistentes.

La inseguridad: una de las principales consignas

En Ciudad de México, la movilización comenzó a las 10 de la mañana del 15 de noviembre en el Ángel de la Independencia, el icónico monumento ubicado en el Paseo de la Reforma. Desde temprano, en el transporte público, ya podían verse personas usando sombreros canotier, la prenda que se convertiría en el principal emblema de la marcha. Entre la multitud abundaban los carteles con consignas como «Ni priístas ni panistas, por amor a México» o «Ni izquierda ni derecha, aquí el crimen utiliza ambas manos».

Como se puede inferir, una de las principales demandas de los asistentes fue la mejora en las políticas de seguridad. Sin embargo, incluso entre quienes compartían esta preocupación, las visiones diferían. Román, un joven de 26 años que estudia química en la Universidad Nacional Autónoma de México, subrayó que, para él, la única forma de resolver el problema de la violencia era a través de la implementación de un modelo similar al de Nayib Bukele en El Salvador. En cambio, Verónica, una policía federal retirada de 50 años que también asistió a la marcha, coincidió en que el principal motivo para movilizarse era la inseguridad, pero para ella la militarización de las calles solo traería más violencia.

Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre junio de 2006 –año en el que el ex-presidente conservador Felipe Calderón declaró la «guerra contra el narcotráfico»– y junio de 2023, ocurrieron más de 437.000 asesinatos en todo el país. Además, de acuerdo con cifras de la Comisión Nacional de Búsqueda, en el mismo período se contabilizaron más de 110.000 desapariciones forzadas. A lo largo de casi dos décadas, tres partidos gobernaron México (el PAN, el PRI y Morena), pero ninguno logró frenar la violencia.

¿Qué significa el sombrero?

La socióloga Vanessa Bittner utiliza el término «extensión icónica» para referirse a aquellos elementos que permiten que las audiencias se identifiquen como parte de un determinado proceso político. Para ella, estos objetos actúan como un catalizador emocional en el espacio público, en tanto condensan afectos, orientan percepciones y habilitan formas de reconocimiento mutuo entre quienes participan de una misma causa. Su potencia radica en la capacidad de activar múltiples significados y articularlos alrededor de una experiencia política compartida, aun cuando esos sentidos puedan ser inestables, contradictorios o disputados.

Un fenómeno similar ocurrió con el sombrero. Algunas personas, como Karen, una enfermera de 27 años, lo relacionaban con la lucha de Carlos Manzo contra la inseguridad. En redes sociales, el alcalde se presentaba como «El del Sombrero» debido a que en los actos públicos solía utilizar esa prenda típica entre los sectores agrarios de México. Otras, en cambio, lo asociaban con Luffy, el pirata que protagoniza el animé One Piece . En la serie, el personaje encarna la búsqueda de la libertad y la resistencia frente a un gobierno despótico y corrupto.

En el último tiempo, la iconografía de One Piece estuvo presente en diferentes manifestaciones sociales en todo el mundo. En agosto de 2025, la bandera pirata fue utilizada en una serie de protestas contra el gobierno de Indonesia. Lo mismo ocurrió en Perú, donde activistas jóvenes levantaron el emblema en señal de rechazo a la reforma del sistema de pensiones. En Nepal, la situación se replicó en septiembre. Ante las denuncias de corrupción, grupos opositores irrumpieron en el Parlamento izando la bandera de Los Sombreros de Paja –la agrupación encabezada por el personaje Luffy– y provocaron la caída del gobierno.

El significante «libertad»

La movilización llegó al Zócalo pasadas las dos de la tarde del sábado 15 de noviembre. Para ese momento, el ambiente ya estaba cargado de tensión. De fondo sonaba «Gimme the Power», una canción que el grupo mexicano Molotov compuso en la década de 1990 contra la hegemonía del PRI. A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de las protestas –en las que la plaza central permanece abierta–, la zona estaba vallada y el ingreso, restringido; en muchas de las esquinas principales había cordones policiales con los escudos ya preparados. Como consecuencia, muchos manifestantes optaban por regresar por las calles aledañas y concentrarse a varias cuadras del lugar pautado.

«¿De qué libertad nos hablan si el gobierno puede hacer lo que quiera en la plaza y a nosotros nos quitan el derecho a protestar?», se preguntó Ciela, una diseñadora de indumentaria de 23 años que acudió a la movilización acompañada por un cartel con la frase atribuida a Emiliano Zapata «Si no hay justicia para el pueblo, que no haya paz para el gobierno». Tan solo una semana antes, el Zócalo había sido utilizado para proyectar un concierto de Juan Gabriel, como parte de una estrategia de marketing de Netflix para promocionar la serie documental sobre el fallecido artista mexicano.

Uno de los aspectos más llamativos de la protesta se vincula con la heterogeneidad de los actores que participaban. En las calles, grupos de mujeres levantaban imágenes de la Virgen de Guadalupe. Al lado, un hombre caminaba acompañado por su hija de 16 años. La adolescente sostenía la bandera de One Piece con la frase «Despierta México». Él, por su parte, exponía un ejemplar de El Machete, un periódico creado por el Partido Comunista de México en 1925, con el título «A luchar por la humanidad».

Entre los asistentes también había mujeres que se identificaban como feministas. Tal es el caso de Lucía, una joven de 22 años que acudió a la protesta con un pañuelo de la «marea verde», en favor de la legalización del aborto, anudado al cuello y un sombrero de paja. «El día que Sheinbaum asumió, dijo que si ella llegaba, llegábamos todas. Es una gran mentira, porque las mujeres asesinadas en su gobierno hoy no pueden estar acá. Yo marcho porque a ellas les quitaron la libertad», afirmó.

En los últimos tiempos, diferentes partidos de derecha a escala internacional han utilizado el significante «libertad» como una categoría que nace a partir de un ensamble entre elementos asociados con la libertad individual, la autosuficiencia y la desconfianza hacia el Estado. Sin embargo, en México, pareciera que este sentido todavía está en disputa. Aunque aparecieron algunas figuras –como el empresario Ricardo Salinas Pliego– que intentaron asociar libertad con premisas como el progreso económico y la defensa de la propiedad privada, esta versión aún no ha tenido una acogida masiva. En cambio, las personas que participaron en la movilización presentaban la libertad como el contrapunto a la inseguridad. También la relacionaban con la autonomía política frente a los partidos, el rechazo a las estructuras tradicionales de representación y la posibilidad de decidir por fuera de los canales institucionales, que consideran capturados por intereses ajenos.

Junto al Palacio Nacional, un grupo de personas se enfrentó a la policía y derribó algunas de las vallas que rodeaban el recinto presidencial. Entre los que asistieron a la movilización circulaba la versión de que «los que tiraban piedras» eran provocadores contratados por el gobierno para quitarle legitimidad a la marcha. La jornada cerró con un saldo de 120 personas heridas y 40 detenidos. Sheinbaum aseguró que las detenciones ocurrieron por los hechos violentos y no por la protesta social.

Más allá del 15 de noviembre

Un día después de la movilización, la presidenta mexicana declaró que la mayoría de los que asistieron no eran jóvenes, sino personas que superaban los 30 años. Agregó que su gestión posee una enorme aprobación porque no hay un divorcio entre el pueblo y el gobierno, y que los jóvenes están a gusto con las becas otorgadas por su administración.

Si bien es probable que la movilización haya sido impulsada por grupos pertenecientes a la derecha mexicana, no todos los que asistieron se identificaban con esta orientación política. Además de una minoría que se definía como de izquierda, muchos señalaron que nunca antes habían asistido a una protesta y que no creían en los partidos políticos.

Apenas un día después de la movilización se anunció una nueva para el 20 de noviembre. Esta vez, la fecha coincidía con el 115 aniversario del inicio de la Revolución Mexicana. Al evento solo asistieron unas 200 personas y casi no había jóvenes. Los titulares, en los medios internacionales, dieron cuenta del fracaso de esta segunda convocatoria. Mientras tanto, en algunos mercados callejeros todavía puede verse la bandera de los Sombreros de Paja -tomada de One Piece- ondeando sobre las mesas de algunos comerciantes.

Fuente:

https://nuso.org/articulo/protestas-mexico-generacion-z/