Ni los “Nobel de broma” se pueden entregar en Estados Unidos

El Ig Nobel, que reconoce a las mejores curiosidades científicas, se muda a Europa por falta de condiciones
Los "Nobel de broma", más conocidos como "Ig Nobel", constituyen todo un emblema. Promovidos por la revista Annals of improbable research (Anales de investigaciones improbables), desde hace 35 años se entregan de forma ininterrumpida a aquellas investigaciones que despiertan la curiosidad, bajo una premisa audaz: son proyectos que "primero hacen reír y después invitan a pensar". Aunque así presentados parecen más un chiste que algo riguroso, en verdad, el objetivo es quitar un poco de solemnidad al trabajo de los científicos ycientíficas. De hecho, los diez Ig Nobel que se reparten cada año durante septiembre son entregados por personas que obtuvieron el Nobel original. La novedad en esta ocasión representa un punto de inflexión, en cuanto que quiebra una tradición de tres décadas y media: la sede del evento se muda de Estados Unidos y se trasladará a Europa.
Sencillamente, el horno no está para bollos en un país liderado por un presidente que todos los meses libra una nueva guerra y que, como si fuera poco, empuja una batalla cultural (a partir de agravios) y material (a través de ajustes presupuestarios) directa contra la ciencia, las universidades y el pensamiento crítico. De manera similar a lo que sucede en la Argentina de Milei, ante la imposibilidad de seguir, los investigadores barajan nuevos destinos para desarrollar sus carreras. A principios de 2025, la revista Nature revelaba una encuesta que apuntaba que tres de cada cuatro científicos estadounidenses pensaba en emigrar.
La risa cambia de sede
Los Nobel de broma, que nacieron como una parodia de los Nobel reales, constituyen toda una costumbre en el campo de la divulgación científica internacional. Desde principios de los 90 fueron reconocidas los más insólitos avances: desde un retrete que analiza las heces en tiempo real a un desarrollo que promete terminar con las arrugas de las sábanas, pasando por el estudio del determinismo genético que actúa sobre los remolinos capilares.
Las Universidades de Harvard y de Boston, así como el Instituto Tecnológico de Massachusetts fueron los escenarios usualmente escogidos para una gala siempre esperada. Sin embargo, la n° 36 cruza el Atlántico porque, como explicó Marc Abrahams, fundador e impulsor de esta particular distinción: "Visitar el país (EE. UU.) se ha vuelto inseguro para nuestros invitados. No podemos pedirles en buena conciencia a los nuevos ganadores, ni a los periodistas internacionales, que viajen a Estados Unidos este año".
En 2026, todo indica que la actividad se realizará en Suiza, puntualmente en la Universidad de Zúrich. Esta sede se irá alternando con otras que vayan surgiendo a lo largo y a lo ancho del territorio europeo. Abrahams añade: "Suiza ha fomentado muchas cosas buenas e inesperadas --la física de Albert Einstein, la economía mundial y el reloj cucú me vienen a la mente-- y está ayudando al mundo a apreciar a personas e ideas improbables".
Una precaución similar a la que tienen los organizadores del Ig Nobel podría pensarse para la Copa del mundo que, como sabe la patria futbolera, se disputará en Estados Unidos. Irán, por caso, ya se adelantó y canceló la participación de su Selección, pese a que se había clasificado. El límite son los misiles.
El humor como puerta de entrada
El espíritu de estos premios es celebrar la ciencia improbable; lo inverosímil como chispa y motor de algo más. Ese avance que puede nacer como chiste o puede parecerse a uno, pero que en el fondo encierra una cuota de conocimiento de lo más profundo. Son proyectos revestidos de extrañeza, y que de manera subyacente entrañan dosis de verdadera ciencia.
En 2025, fueron galardonados los científicos y científicas que estudiaron la preferencia de lagartos por las pizzas de cuatro quesos; aquellos que mostraron, de manera jocosa, que las vacas pintadas a rayas (como si fueran cebras) son más efectivas para espantar moscas; o bien, los que sugieren que beber no es una buena idea antes de tomar un vuelo.
Nadia Chiaramoni, científica del Conicet y de la Universidad Nacional de Quilmes, y referente del stand up científico, dice a Página 12: "Las investigaciones que salen en la revista Annals of improbable research son raras y chistosas. Son reales, pero como te hacen reír, a veces parecen fuera de lugar. De todas esas, escogen a algunas todos los años y las galardonan con el IG Nobel". Y opina: "Un premio así es fundamental porque le otorga relevancia al hecho de tratar a la ciencia con humor. Que una se ría de la ciencia, no quiere decir que deje de tomársela en serio. De hecho, acerca más el conocimiento a las personas: si una es capaz de reírse es porque puede comprenderlo".
Chiaramoni recuerda dos ejemplos: "Hay dos investigaciones que recibieron un IG Nobel y que puedo decir que son mis preferidas. Una es la que realizó Diego Golombek, el científico y divulgador argentino. En 2007, determinó que, si le dabas una dosis de viagra sin efectos erectogénicos a un hámster, se podía evitar su jetlag porque se acomodaba mejor a los husos horarios. La otra es la de un biólogo chileno, Bruno Grossi, que allá por 2015 se preguntó cómo caminarían los dinosaurios. Para responderlo, tomó a una gallina y le cambió el centro de gravedad con una sopapa en el trasero. Con este gesto, buscó copiar más fielmente la marcha de los dinos, ya que a diferencia de las gallinas poseían una cola más larga".
Fuente:
