Trump no fue por el petróleo venezolano, fue por China

07.01.2026

Al eliminar a Maduro, Washington corta efectivamente una arteria crítica de América Latina con China.  


Por Víctor Bronstein

El mundo se conmocionó el sábado pasado por la intervención de Washington para derrocar y detener a Maduro. Más allá de las motivaciones políticas, muchos analistas se centraron en el petróleo venezolano como una de las causas principales del ataque de Trump. El mismo presidente habló del petróleo en su conferencia de prensa justificando las motivaciones del ataque.

Es lógico y se justifica en su historia. En Venezuela, el petróleo estructuró el poder político y fue un factor directo en golpes, dictaduras y discutibles transiciones democráticas. Las petroleras norteamericanas tuvieron activa participación en esa historia negra del oro negro.

Igualmente, después de la nacionalización del petróleo y la creación de PDVSA en 1975, las petroleras estadounidenses, junto con otras europeas, fueron grandes inversores en la industria petrolera venezolana durante su etapa liberal en los años 90, donde se llegaron a producir 3,5 millones de bpd.

Luego, en 2007, Chávez expropió varias empresas petroleras, entre ellas Exxon y ConocoPhilips, lo que generó mucha conflictividad y donde Venezuela perdió más de 60 instancias arbitrales por alrededor de 30 mil millones de dólares. Eso es lo que reclama Trump con su lógica transaccional, y lo que explica que se hayan disparado las acciones de las petroleras en Wall Street. Se imaginan un canje de deuda por capital o vinculando la producción de petróleo al reembolso de deudas actuales.

La importancia estratégica de los recursos venezolanos hoy es mucho menor que hace veinte años para Estados Unidos y para el mundo. A nivel global, la intervención de Trump hubiera provocado un riesgo geopolítico inmediato y el barril hubiera subido entre 20 y 30 dólares. Sin embargo, el crudo Brent cerró el viernes pasado a US$ 60, 45. El lunes, con Maduro encarcelado en Nueva York, el Brent abrió a US$ 60,75, aunque durante el día subió un poco más de un dólar.

Hoy la estructura de la industria petrolera global es mucho más sólida y Venezuela no tiene la importancia estratégica que tuvo en su momento, no solo por su producción sino también por su liderazgo conceptual para darle poder a los países productores. Recordemos que la creación de la OPEP en 1960 fue impulsada por Juan Pablo Pérez Alfonso, ministro de minas e hidrocarburos del presidente Betancourt, junto con Sheik Yamani, ministro de petróleo de Arabia Saudita.

Venezuela tiene enormes reservas, las más grandes del mundo, pero sólo produce alrededor de 1,1 millón de bpd de los cuales exporta 800 mil. A Estados Unidos exporta 120 mil barriles, 50 mil van para Cuba y 600 mil se dirigen a China a través de las llamadas flotas en la sombra y rutas de mercado negro a precios con mucho descuento. Pero China planificaba ir aumentando su participación e inversiones en Venezuela.

Cambiar esta situación no va a ser sencillo, llevará tiempo y grandes inversiones. Atraer estas inversiones requiere una reforma del marco institucional y legal del país caribeño. También requerirá reestructurar aproximadamente 190.000 millones de dólares en obligaciones pendientes. ¿Quién hará esta tarea, cuanto tiempo llevará?

Tal vez, hasta que se promulgue una nueva ley, un gobierno que genere confianza podría aumentar la producción de petróleo hasta los niveles previos a las sanciones de 2019 que se ubicaban entre 1,5 y 2 millones de barriles diarios en un horizonte de dos o tres años. Los operadores internacionales actuales que aún están presentes en el país, como Chevron, ENI, Repsol deberían aumentar las inversiones dentro de sus concesiones existentes, pero tienen un límite.

Un aumento más relevante en la producción de petróleo requeriría un cambio en la ley actual del petróleo para permitir una participación significativa de inversores privados en la industria petrolera. Se deberían cambiar las reglas del juego. ¿Quién lo hará? Todavía todo es muy incierto.

En realidad, la tarea de arreglar la deteriorada infraestructura petrolera de Venezuela tras décadas de mala gestión sería un verdadero desafío, si la situación política y de seguridad sobre el terreno lo permite. 

Los analistas han empezado a cuantificar cuánto dinero haría falta para resucitar la industria venezolana. Es mucho y llevará al menos una década, incluso si las petroleras estadounidenses se aferraran a la oportunidad que se les abre.

Devolver la producción petrolera de Venezuela al máximo de 3,5 millones de barriles diarios, más del triple de la producción actual, requeriría una inversión anual de 10.000 millones de dólares de las grandes empresas petroleras estadounidenses durante la próxima década.

La decisión de Trump, al límite de la legalidad, de capturar al presidente venezolano, fue una acción arriesgada con consecuencias geopolíticas todavía inciertas, incluso con sus aliados europeos. Pareciera una actitud sin mucho sentido si el objetivo fue mejorar los negocios de las petroleras norteamericanas.

Desde el punto de vista energético tampoco queda claro el objetivo de la intervención. Estados Unidos produce hoy más de 13 millones de barriles por día y más de 3,2 mil millones de m3 por día de gas. Venezuela produce un poco más de 1 millón de barriles y 20 millones de metros cúbico por día de gas. Es cierto, posee las mayores reservas de petróleo a nivel mundial y las mayores reservas de gas convencional de América Latina, similares a las de Vaca Muerta. Pero su valor estratégico hoy no resulta tan importante.

Podemos encontrar, entonces un sentido oculto, no declarado. Al eliminar a Maduro, Washington corta efectivamente una arteria crítica de América Latina con China, el principal enemigo de Trump que desafía permanentemente el liderazgo de Washington y al cual amenaza con limitarle insumos fundamentales como las tierras raras.

Pekín es el principal comprador mundial del crudo venezolano, aunque muchas compras se hacen vías terceros países para evitar sanciones. Si bien solo representa el 5% de las importaciones chinas es muy importante para refinerías independientes que lo utilizan para asfalto y productos industriales.

Al eliminar a Maduro, Washington corta efectivamente una arteria crítica de América Latina con China. Pekín es el principal comprador mundial del crudo venezolano. Esto implica también un golpe a los préstamos de China respaldados por petróleo. China otorgó más de 60 mil millones de dólares a Venezuela pagaderos en petróleo.

Desde el punto de vista geopolítico, Estados Unidos podría redirigir el crudo venezolano a su propio mercado o hacia aliados, reduciendo el flujo hacia China. Ayer, las petroleras chinas mostraron caídas bursátiles por el temor a perder el crudo venezolano.

Esto implica también un golpe a los préstamos de China respaldados por petróleo. China otorgó más de 60 mil millones de dólares a Venezuela pagaderos en petróleo. Según Forbes, todavía quedan 19 mil millones pendientes. Un nuevo gobierno pronorteamericano podría suspender los acuerdos petroleros con China.

Venezuela era un aliado de China en la región. La caída de Maduro implicará seguramente un realineamiento de Caracas con Washington, menos presencia estratégica china en el Caribe y Sudamérica y un retroceso en la competencia geopolítica con Washington en América Latina.

En este contexto, nos queda claro que Trump no fue por el petróleo venezolano, voltear a Maduro fue parte de la disputa con China.

Fuente:

https://www.lapoliticaonline.com/victor-bronstein/trump-no-fue-por-el-petroleo-venezolano-fue-por-china/