Trump y Peter Thiel, esperando al Katechon

29.05.2026
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, muestra un billete de 250 dólares con la imagen del presidente Donald Trump durante una rueda de prensa en la Sala de Prensa Brady de la Casa Blanca en Washington, D.C., el 28 de mayo de 2026. | AFP
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, muestra un billete de 250 dólares con la imagen del presidente Donald Trump durante una rueda de prensa en la Sala de Prensa Brady de la Casa Blanca en Washington, D.C., el 28 de mayo de 2026. | AFP

Contra la oposición de los demócratas, el magnate del real state impulsa la salida de un billete de US$250 con su rostro. El magnate tecnológico, establecido en Buenos Aires, la llegada de una fuerza conocida en las escrituras como Katechon, que detenga al anticristo y el fin de los tiempos.

Por Walter Curia

Y cuando toda capacidad de asombro parecía agotada, el Departamento del Tesoro confirmó que, efectivamente, avanza el proyecto de imprimir el rostro de Donald Trump, ceja izquierda en alto, en un billete de 250 dólares, en celebración del 250º aniversario de la Independencia de los Estados Unidos. Y de él mismo.

El adelanto lo publicó ayer The Washington Post, que informó que había sido removido el último obstáculo interno en el Tesoro para hacer realidad el billete de Trump. La nota del Post consigna que el mes pasado fue desplazada la directora de la oficina de Grabado e Impresión, que se oponía a la iniciativa. "No fue mi decisión. Hasta aquí llega la responsabilidad", escribió Patricia Solimene en su email de despedida.

Para nuestro ya familiar secretario del Tesoro, Scott Bessent, no habría nada de "inapropiado" en un proyecto de esta naturaleza. "En este momento hay un proyecto de ley -ante la Cámara de Representantes- para cambiar el primer requisito, de modo que una persona viva, Donald J. Trump, pueda aparecer en un billete de 250 dólares", dijo Bessent, en una rueda de prensa en la Casa Blanca. La definición de Bessent alude a una ley de 1866 que dispone que las imágenes de individuos sólo pueden aparecer impresas en la moneda norteamericana póstumamente.

Aunque esa ley sigue vigente y el proyecto, presentado en marzo de 2025, está estancado en el Congreso - sus posibilidades chocan con el cerrado rechazo de los legisladores demócratas-, la novedad es que funcionarios del gobierno ordenaron en secreto la producción de billetes reales con el rostro del presidente, y hasta contrataron a un artista británico para su diseño. Como se podía prever, Trump supervisó personalmente ese trabajo.

Paralelamente, Trump impulsa la emisión de una moneda de oro conmemorativa con su rostro y progresa la iniciativa de que su firma acompañe en los billetes la del secretario del Tesoro (Bessent), desplazando la del Tesorero (el Treasurer, actualmente el dirigente republicano Brandon Beach).

La intención de Trump de inmortalizarse en un billete de dólar es una ambición monárquica como ninguna otra y convierte en naderías proyectos como la construcción del gigantesco salón de baile en la sala este de la Casa Blanca (Trump Ballroom, en ejecución); el cambio de nombre del Centro John F. Kennedy para las Artes de Washington a Trump-Kennedy Center; las iniciativas por renombrar aeropuertos como el de Palm Beach, en Florida, o autopistas como la interestatal 287 que cruza el país desde Texas hasta Canadá. Un asterisco sobre las obras del Ballroom: en el discurso que ofreció durante la reciente cena de gala en su honor en Washington, el rey Carlos III recordó, con elegancia, que los ingleses hicieron su aporte en 1804 para la remodelación de la Casa Blanca, "prendiéndole fuego".

La exclusiva del Post coincidió con la publicación, en The New York Times de un artículo sobre la presencia en Buenos Aires del magnate tecnológico Peter Thiel, un hombre que ha manifestado reservas sobre la efectividad del régimen democrático, por decir lo menos.

La nota recuerda el paso de Thiel por el despacho de Javier Milei, la compra de una mansión en Barrio Parque y de tierras en Punta del este, y su participación junto a niños en una competencia de ajedrez un sábado a la mañana en un club de Almagro, donde logró el tercer puesto.

Según las fuentes a las que consultó el diario, Thiel, cofundador de la empresa de biga data e Inteligencia Artificial "Palantir", de fuertes vínculos con el gobierno de Trump, tiene la intención de establecerse en el sur del continente o bien porque busca refugio ante la posibilidad de un apocalipsis nuclear, o bien porque ha decidido escapar de la iniciativa de las autoridades de California de gravar con un impuesto único de 5% a las fortunas superiores a los mil millones de dólares (opciones que para el caso de Thiel, podrían significar lo mismo).

El dato más revelador de la mentalidad del magnate norteamericano, nacido en Alemania: la nota sostiene que organizó una cena "con la élite empresarial local en la que habló de uno de sus temas de conversación favoritos: el anticristo".

En octubre pasado, el diario británico The Guardian publicó el contenido de una serie de conferencias a puerta cerrada en las que Thiel desarrolla el concepto y advierte sobre la llegada del anticristo en la forma de un "rey malvado, un tirano o un anti-mesías, que aparecerá en los últimos tiempos".

Detrás de semejante convicción, Thiel busca con denuedo al Katechon, una figura que en los Evangelios aparece en la segunda epístola de San Pablo a los Tesalonicenses y que retoma el jurista alemán Carl Schmitt como concepto de su teología política. En griego, "aquello que detiene", el Katechon es una fuerza o entidad que, se afirma, frenará la llegada del anticristo.

En El nomos de la Tierra, Schmitt asocia al Katechon con el Sacro Imperio Romano Germánico, al que consideraba la último gran ciudadela capaz de frenar la llegada del anticristo. Para Thiel, esa adscripción es más confusa: supone que los Estados Unidos pueden ser tanto el Katechon como el anticristo mismo.

Sobre la duda de Thiel, una recordatorio: alguna vez Henry Kissinger dijo que la Unión Soviética constituía la mayor amenaza y al mismo tiempo la principal garantía para la estabilidad del sistema internacional. Rey malvado o salvador, lo menos que se merece Trump es un billete con su rostro, en lo posible, naranja.

Fuente:

https://www.perfil.com/noticias/opinion/trump-y-peter-thiel-esperando-al-katechon.phtml

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