El represor Cavallo perdió una pulseada y seguirá preso

El máximo tribunal penal también denegó un pedido de Antonio Pernías para salir en libertad. Continuarán detenidos en Campo de Mayo.
La Cámara Federal de Casación Penal rechazó liberar al represor Ricardo Miguel Cavallo, condenado a prisión perpetua por crímenes cometidos en el campo de concentración de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Tras esta decisión, Cavallo seguirá preso en la Unidad 34 de Campo de Mayo, donde --según las estadísticas del Servicio Penitenciario Federal (SPF)-- hay 62 criminales de lesa humanidad detenidos.
El viernes, la sala de feria de la Cámara Federal de Casación Penal —con los votos de Guillermo Yacobucci y Javier Carbajo y la disidencia de Ángela Ledesma— rechazó el recurso que había presentado la defensa de Cavallo para ser excarcelado por "agotamiento de la pena".
Con su fallo, la Casación convalidó lo que había resuelto el juez Daniel Obligado, del Tribunal Oral Federal (TOF) 5: que a Cavallo no le correspondía ser liberado.
La defensa del represor aduce que lleva más de 25 años privado de su libertad. Para llegar a ese cálculo, toma como punto de partida su detención del 24 de agosto de 2000, cuando estaba por viajar desde Cancún hacia Buenos Aires. Horas antes, el periodista José Vales había publicado en el diario Reforma, de México, que el director del Registro Nacional de Vehículos (Renave) no era otro que el represor que había actuado en la ESMA.
Cavallo era de la misma promoción que Alfredo Astiz. Distintos testimonios lo ubican en el campo de concentración de la avenida del Libertador hacia finales de 1976. Algunos secuestrados lo habían conocido cuando estaba infiltrado en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires (UBA).
Dentro del centro clandestino, Cavallo era conocido como Marcelo o Sérpico. El sobreviviente Víctor Basterra logró sacar de la ESMA una cédula que había sido confeccionada a su nombre, como si fuera agente de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE). Basterra recordaba también que Cavallo había aparecido un día con unos papeles de un curso que daba sobre "cómo torturar mejor".
En el juicio de la ESMA Unificada, la fiscalía lo definió como un oficial multifacético: estaba en Operaciones y en Inteligencia; hacía gestiones logísticas; y era responsable de algunos de los secuestrados. Entre otros casos, Cavallo estuvo involucrado en el calvario que debió vivir Thelma Jara de Cabezas.
Cavallo solía decir que no constaban denuncias en su contra hasta que fue detectado en México. Era mentira. Distintos testimonios brindados ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) lo mencionaban como uno de los personeros de la muerte en la ESMA.
La Armada lo ayudó —como hizo con Astiz y otros— a hacer desaparecer las constancias de su paso por la ESMA. Sin embargo, en el Ministerio de Defensa se encontró, por ejemplo, un expediente médico de 1989 en el que él mismo explicaba: "En diciembre de 1976, con el grado de TC (teniente de corbeta), fui destinado a la ESMA. Cumplí tareas relacionadas con todas las acciones que se libraron en el grupo de tareas 3.3.2 hasta enero de 1981". El médico que lo trataba agregó: "Entre sus antecedentes personales se destaca su participación en un GT (grupo de tareas) durante la lucha antisubversiva durante tres años en nuestro país y durante aproximadamente entre un año y medio y dos años en el exterior, Francia".
Esa evidencia convalidaba lo que sostenían los detenidos-desaparecidos. De alguna manera se explica que una de las primeras medidas que tomó el Gobierno fue desmantelar los equipos de relevamiento y análisis que funcionaban en el Ministerio de Defensa.
Cavallo fue condenado en dos oportunidades: en 2011 y en 2017. La última sentencia todavía no está firme porque espera ser revisada por la Corte Suprema.
La defensa de Cavallo ya no impugna su participación en crímenes aberrantes. Lo que busca es que salga cuanto antes de la cárcel. Para ello, pretende que el Poder Judicial considere que Cavallo estaba detenido desde agosto de 2000. Durante casi siete años, el represor estuvo a disposición de las justicias de México y de España —donde Baltasar Garzón lo procesó por genocidio y torturas— hasta que fue extraditado a la Argentina para ser juzgado, tras la declaración de inconstitucionalidad de las leyes que impedían su juzgamiento.
Para el TOF 5, el tiempo de detención debe computarse a partir del 30 de enero de 2007, cuando quedó a disposición de la justicia argentina; por lo que está lejos de cumplir los 25 años que le posibilitarían acceder a una libertad condicional.
Cavallo tiene dos procesos pendientes: uno por el robo de los bienes de los secuestrados que pasaron por la ESMA y otro por casos que no habían sido contemplados en los primeros juicios.
En la semana, la Cámara Federal de Casación Penal también rechazó un pedido de Antonio Pernías, otro de los represores condenados a prisión perpetua por crímenes en la ESMA, para ser excarcelado.
Pernías también tiene dos condenas a prisión perpetua. Pretende que se le reconozca que estuvo detenido durante algunos meses en 1987, antes de ser beneficiado por la ley de Obediencia Debida.
El planteo de Pernías es bastante técnico: como no tiene una pena unificada, no se considera la detención como si se tratara de un proceso continuado. De hecho, en la causa ESMA Unificada —donde realizó el pedido— recién fue detenido e indagado en mayo de 2006. Por esa razón, los jueces del TOF 5 —Obligado, Adriana Palliotti y Adrián Grünberg— rechazaron su pretensión.
Tanto Cavallo como Pernías deberán permanecer en la U34 de Campo de Mayo, considerada una cárcel VIP por los organismos de derechos humanos. Allí reciben comida del Ejército y pueden gozar de comodidades como canchas de tenis o pistas de caminata.
Pernías fue uno de los represores que en julio de 2024 se reunió con la comitiva de diputados de La Libertad Avanza (LLA) que visitó la cárcel de Ezeiza. Posó sonriente en una foto de familia y participó de las charlas para ver cómo aliviar su situación, según admitieron algunas de las legisladoras que participaron del cónclave con los criminales de la dictadura. Sin embargo, más de un año después, Pernías sigue sin conseguir el objetivo tan anhelado.
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