La política de bandas que impuso el FMI a Milei aceleró la inflación

Por Luciana Glezer
La inflación no baja desde mayo, más allá del previsible relato libertario. Pero no es casualidad, detrás del rebrote infalcionario hay un cambio profundo del programa económico de Milei y Caputo, ejecutado en dos etapas e impuesto por el FMI.
El Gobierno abandonó el tipo de cambio fijo en abril por presión del Fondo, que reordenó el esquema cambiario y, de paso, reactivó un mecanismo bien conocido en la economía argentina: el traslado del dólar a los precios.
El cambio no fue uno solo, sino dos, y ocurrieron en poco más de un año. Argentina pasó del crawling peg (una devaluación administrada del 1% mensual) a un sistema de bandas cambiarias.
La segunda corrección llegó a fin de año y fue más profunda. El FMI decidió que el techo y el piso de las bandas se actualicen automáticamente según el índice de inflación del Indec con dos meses de rezago. Con esa recalibración se abandonó el ancla mensual. Ahora hay inflación pasada proyectada hacia el tipo de cambio futuro.
El FMI aprovechó la desesperada necesidad de dólares de MIlei y Caputo para imponer su visión. La segunda modificación del esquema cambiario apareció en medio del pedido de waiver al FMI por el incumplimiento de metas.
Los números de 2025 ayudan a entender el contexto. La inflación cerró en 31,5% anual, según el informe final del Indec. El peso, en tanto, se devaluó 28,9% frente al dólar. La diferencia mínima entre inflación y devaluación no fue mérito de una macro ordenada, sino el resultado de una economía derrumbada, con consumo planchado y actividad deprimida, que no logró frenar los precios, apenas los ralentizó.
"El pass through existe y se siente cada vez con más fuerza", resume un operador del mercado que sigue de cerca la formación de precios.
El pass through existe y se siente cada vez con más fuerza.
La recalibración de las bandas funciona como una señal de precio adelantada. Si el techo se corre, el mensaje es claro: el tipo de cambio relevante para la reposición va a ser más alto. En una economía bimonetaria, indexada de hecho al dólar, esa señal se traduce rápido en precios. Las empresas ajustan ahora para no quedar atrapadas después.
No se trata solo de bienes finales. Los costos dolarizados empujan desde abajo: Energía, insumos importados, transporte, alquileres atados al dólar. La energía es lo más evidente. Gas y electricidad no suben solo por tarifa, sino porque su estructura de precios está dolarizada. Eso impacta en los costos fijos de producción y se derrama en toda la cadena.
La recalibración de las bandas funciona como una señal de precio adelantada. Si el techo se corre, el mensaje es claro: el tipo de cambio relevante para la reposición va a ser más alto. En una economía bimonetaria, indexada de hecho al dólar, esa señal se traduce rápido en precios. Las empresas ajustan ahora para no quedar atrapadas después.
No se trata solo de bienes finales. Los costos dolarizados empujan desde abajo: Energía, insumos importados, transporte, alquileres atados al dólar. La energía es lo más evidente. Gas y electricidad no suben solo por tarifa, sino porque su estructura de precios está dolarizada. Eso impacta en los costos fijos de producción y se derrama en toda la cadena.
A Milei le costó caro ceder y entregar el precio del dólar al Fondo Monetario Internacional. Desnuda una derrota conceptual. Durante meses sostuvo que la inflación era "siempre y en todo lugar" un fenómeno monetario y que el ajuste fiscal bastaba para domarla. Pero en el ejercicio real del poder ese manual se le prendió fuego en las manos.
Dos años después, Milei se choca con una verdad incómoda para su propio dogma: no alcanza con la disciplina fiscal para resolver los desequilibrios estructurales de la macroeconomía argentina.
Mientras tanto, el FMI impone su conocida receta: devaluaciones para incentivar las exportaciones y la acumulación de reservas, así el país tiene divisas para pagar sus deudas, empezando pro el propio organismo que es un acreedor privilegiado.
El costo para los argentinos es evidente: el mercado lee un dólar más caro a futuro y lo traslada a precios. Una constante en la tortuosa historia entre el FMI y la Argentina: medidas pensadas como ordenadoras que terminan reavivando los desequilibrios que dicen querer corregir.
Fuente:
LaPoliticaOnline
