Granja Tres Arroyos: saltó la bronca contra un año de ajustes y provocaciones patronales

Como hace un año, el conflicto amenaza sacudir el verano. Los trabajadores se cansaron de las mentiras y las deudas salariales. Además los extorsionan con versiones de venta de la planta La China, la "nave insignia" del Grupo GTA. Este martes en asamblea votaron una concentración en el Acceso a la ciudad y si no hay respuesta podría haber medidas en Ruta 14. Apoyemos el reclamo salarial y la defensa de la fuente de trabajo.
En la planta La China de Granja Tres Arroyos, en Concepción del Uruguay (Entre Ríos), el conflicto volvió a estallar en enero con paro total y faena paralizada. El motivo es simple y brutal: "trabajan, pero no cobran". La empresa adeuda la segunda quincena de diciembre y la mitad del aguinaldo, y en algunos casos también vacaciones y cuotas alimentarias, mientras se acerca un nuevo vencimiento sin ninguna garantía de pago. Tras semanas de asambleas, el paro se disparó cuando el cronograma de pagos que la propia empresa había comprometido antes de las fiestas no se cumplió.
A esto se suman múltiples incumplimientos. El acta de "trabajo y paz social", firmada tras el histórico conflicto de 2025, está por cumplir un año. Quien no cumplió nada fue la empresa. No respetó el compromiso de no despedir, no garantizó el pago a quienes aceptaron el recorte del 9% del plus salarial, ni siquiera cumplió con los pagos a quienes presionó para el "retiro voluntario" o a quienes despidió injustamente. El "zar del pollo", Joaquín de Grazia, se consolidó como el zar de la mentira y la impunidad.
Frente a esta seguidilla de mentiras y ataques, este martes 20/01 se realizó una asamblea general con participación de todos los turnos. Allí se resolvió llevar adelante una protesta frente al Monumento a Urquiza, en el acceso a la ciudad. La misma está convocada por "trabajadores unidos autoconvocados". De no obtener respuestas, avanzar con acciones sobre la Ruta 14 el miércoles 21/01.
Sin embargo, la situación actual no es nueva. Tiene antecedentes en septiembre y octubre de 2024, cuando comenzaron los problemas con el pago de vacaciones y los salarios dejaron de abonarse "bien y a tiempo". En 2025, tras la firma del acuerdo preventivo de crisis, el escenario se agravó, la empresa profundizó los pagos irregulares, los pagos en cuotas y, en el presente, directamente el no pago. Esa supuesta excepcionalidad pasó a formar parte del funcionamiento habitual. Al mismo tiempo, aplicó una "reforma laboral" de hecho, como un verdadero globo de ensayo de lo que hoy amenaza al conjunto de los trabajadores del país.
La conducción del Sindicato de la Alimentación (STIA) no logró frenar esta sangría, que golpeó los bolsillos obreros y se llevó cientos de puestos de trabajo. Tampoco lo hizo el Sindicato de la Carne, que actualmente comparte la representación de la planta tras el cierre de la vecina planta de Beccar.
De la excepción a la regla: cuando la precariedad se convierte en método
La experiencia obrera del último año muestra un desplazamiento clave. El atraso salarial dejó de ser un episodio y pasó a ser un modo de gestión. En enero, el disparador inmediato fue el incumplimiento de la primera cuota de la quincena y una deuda persistente del aguinaldo, con pagos fraccionados que se anuncian y luego no se cumplen.
Esto no es solo un problema "contable". Es un problema de poder. Cuando el salario se vuelve incierto, también se vuelve incierta la vida: se rompe la posibilidad de planificar, se multiplican las deudas, se recorta el consumo básico y el miedo se mete en cada decisión.
¿Qué significa trabajar si no hay salario?
Hablar de "trabajo" no es hablar solo de un puesto o un horario. Trabajar es poner el cuerpo y el tiempo para producir valor, riqueza, a cambio de un salario que "permita" vivir. Si el salario llega tarde, en cuotas o no llega, el trabajo deja de cumplir su función básica que es sostener la vida de quienes producen. Cuando el salario falta, lo que colapsa primero no es una planilla dentro de la fábrica, es la vida cotidiana de esos obreros y sus familias.
Acá aparece un concepto clave para entender por qué el conflicto desborda el portón y tiene que ver con la reproducción social. Es el conjunto de condiciones que permiten que una familia viva y se sostenga día a día: comida, alquiler, servicios, transporte, salud, crianza, descanso. No es "un tema privado", depende del ingreso para sostener el hogar. Por eso el atraso salarial y de cuotas alimentarias impacta como un golpe directo.
Un punto sensible, es que no se depositan en término las cuotas alimentarias, lo cual no es un detalle. Cuando se demora o se interrumpe la cuota alimentaria, se afecta de manera directa la alimentación y el cuidado de niñas y niños. En términos de derechos, se pone en juego el derecho de toda niñez a un nivel de vida adecuado y a la manutención (incluida la recuperación de pensiones alimenticias), reconocido por la Convención sobre los Derechos del Niño (art. 27), vigente en Argentina.
En la práctica, además, ese golpe suele recaer con más peso sobre quienes sostienen el trabajo cotidiano de cuidado en el hogar (muy frecuentemente, mujeres), estirar la comida, sostener el día a día, contener a los chicos, reorganizar lo imposible.
"Crisis" puertas adentro, producción puertas afuera
La empresa explica la situación por una "crisis económica y financiera". Sin embargo, es una contradicción que los trabajadores ven desde adentro. La actividad no parecería estar frenada, ya que hay, movimiento de camiones y salida de producción. La pregunta que queda flotando (y que alimenta la bronca) es: si se produce y se vende, ¿por qué no se paga?
Flexibilización laboral: cuando el riesgo es para la clase obrera
Lo que se vive en Granja Tres Arroyos deja ver qué significa, en concreto, la flexibilización laboral. Trasladar incertidumbre y costos a los trabajadores, debilitando el salario como garantía de vida. No hace falta una ley para que ocurra, se instala de hecho cuando el pago en cuotas se normaliza, cuando los cronogramas se incumplen, cuando la vida queda colgada de promesas de depósito.
Y esto no es ajeno al clima político general, mientras el Gobierno Nacional convocó a sesiones extraordinarias del Congreso del 2 al 27 de febrero de 2026, con la reforma laboral como uno de los temas centrales, lo que sucede en "La China" funciona como advertencia. Si se amplía la "flexibilidad" sin asegurar el piso material del salario, lo que se vuelve flexible no es solo el empleo, sino la vida de la clase obrera.
Una trampa… ¿sin salida?
En Granja Tres Arroyos, trabajar ya no garantiza cobrar. Y tampoco parece haber salida: aceptar un retiro "voluntario", renunciar e ir a juicio, esperar "a que se acomode", endeudarse para comer, volver de vacaciones sin haber cobrado o cargar con el costo familiar de cuotas alimentarias demoradas. Los obreros quedan atrapados en una trampa. Cualquier camino implica pérdida y el conflicto se vuelve, cada día más, una pelea por sostener lo elemental.
A casi un año del quiebre de febrero de 2025, el conflicto sigue abierto. Sin embargo, quedó demostrado que cuando las mujeres y las familias pusieron el cuerpo —con el reclamo por cuota alimentaria, con el acampe, con la presión para destrabar pagos— el conflicto cambió de escala. Mostró que el salario no es un número: es la condición material de la vida.
No solo está en juego el salario, sino también el puesto de trabajo. Porque, a pesar de haber ganado millones en estos años y de que el mercado avícola creció, hoy la empresa dice que podría vender la planta uruguayense a una multinacional yanqui.
Por eso es tan importante que los obreros de GTA y sus familias vuelvan a ponerse de pie. Cuando lo hicieron, recibieron el apoyo de miles de trabajadores y vecinos. Es mentira que "no se puede". Ante los ataques de los empresarios y del gobierno, miles de trabajadores y trabajadoras se organizan y resisten: desde los azucareros de Ledesma hasta los metalúrgicos de Tierra del Fuego, pasando por las luchas de Lustramax, Fademi, Acindar, Río Tercero y muchas más.
Es necesario ponerse de pie nuevamente, unidos y desde abajo, para que decidan quienes ponen el lomo todos los días.
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