La precarización se expande en todo el país

08.07.2026

Por Mara Pedrazzoli   

El mercado laboral argentino muestra una paradoja cada vez más marcada. Aunque aumenta la cantidad de personas ocupadas, ese crecimiento no responde a la creación de empleos de calidad sino a la expansión del trabajo informal. En otras palabras, cada vez más argentinos trabajan, pero lo hacen en condiciones más precarias. La reconversión productiva impulsada por el Gobierno nacional no está generando una transición hacia actividades de mayor productividad, sino un reemplazo del empleo registrado por actividades de subsistencia.

Los datos del Centro de Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETyD) muestran con claridad esa transformación. Entre comienzos de 2025 y el primer trimestre de 2026 se perdieron 196.000 puestos asalariados formales y otros 46.000 trabajadores independientes registrados.

Al mismo tiempo, crecieron en 274.000 los asalariados informales y en 360.000 los trabajadores independientes no registrados. El resultado es un mercado laboral donde la informalidad alcanzó el 44,2 por ciento, mientras la tasa de actividad se mantiene en niveles históricamente elevados porque cada vez más integrantes de los hogares salen a buscar ingresos para compensar el deterioro del poder adquisitivo.

El fenómeno no se limita a algunos grandes centros urbanos. Por el contrario, adquiere una dimensión federal. En dos de cada tres provincias aumentó la cantidad de personas desocupadas o refugiadas en ocupaciones informales y de baja calidad.

Los casos de Santa Cruz, Formosa y Chaco sintetizan ese proceso. Las tres provincias figuran entre las que registraron las mayores caídas del empleo formal privado y, simultáneamente, algunos de los incrementos más pronunciados del desempleo y los llamados "empleos refugio". En Santa Cruz, el deterioro aparece asociado tanto al repliegue de la construcción como al declive de la actividad hidrocarburífera en la Cuenca del Golfo San Jorge. En Formosa y Chaco, la debilidad se vinculada con el deterioro del rubro de la construcción.

El deterioro del mercado laboral también se hizo sentir en Santa Fe, uno de los principales polos industriales del país, así como en La Pampa y en varias provincias del noreste, entre ellas Corrientes y Misiones, y del noroeste, como Catamarca y La Rioja, donde también crecieron el desempleo y las ocupaciones refugio.

La contracara se observa en Neuquén y Río Negro. Ambas provincias continúan mostrando un desempeño relativamente mejor, impulsadas por el dinamismo de Vaca Muerta y las inversiones asociadas al desarrollo energético. Sin embargo, el propio informe advierte que esos focos de crecimiento permanecen acotados territorialmente y resultan insuficientes para compensar la pérdida de empleo que atraviesa buena parte del país.

La evolución territorial confirma una tendencia que el CETyD había identificado meses atrás. Entre 2023 y 2025, en 318 de los 498 departamentos del país se destruyeron empleo privado formal y únicamente Neuquén y Río Negro lograron crear puestos registrados.

Si bien el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) concentró la mayor pérdida en términos absolutos, las caídas relativas fueron incluso más profundas en numerosas provincias del interior, donde la menor diversificación productiva amplificó el impacto de la recesión.

Crecen unos pocos sectores

Este deterioro acompaña una recuperación económica que continúa mostrando fuertes desigualdades sectoriales. La actividad alterna meses de crecimiento y retroceso: tras el rebote registrado en marzo, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) volvió a caer en abril, según datos de Indec. En paralelo, el empleo formal privado retomó su sendero descendente y la cantidad de empresas registradas continúa disminuyendo.

Las diferencias también aparecen entre sectores. Mientras algunas ramas vinculadas al agro, la minería, el petróleo y determinados servicios lograron incorporar trabajadores registrados, la industria perdió empleo en todos sus subsectores, el comercio acumuló diez meses consecutivos de destrucción de puestos de trabajo y la construcción permaneció prácticamente estancada.

El patrón de crecimiento favorece a actividades muy específicas, intensivas en recursos naturales y concentradas territorialmente, sin capacidad para absorber el empleo desplazado por el resto de la economía.

En este contexto, el aumento de la ocupación deja de ser un indicador suficiente para evaluar la salud del mercado laboral. El problema ya no es únicamente cuántas personas trabajan, sino bajo qué condiciones lo hacen.

Fuente:

P12 

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