Lácteos Verónica vendió dos de sus plantas en Santa Fé: trabajadores denuncian sospechas de vaciamiento

Con un pasivo millonario y salarios adeudados desde diciembre, la histórica firma lechera vende sus plantas de Clason y Suardi para evitar la quiebra. Representantes gremiales alertaron por la aparición de empresas compradoras creadas semanas antes de la operación.
El colapso financiero de Lácteos Verónica profundiza la incertidumbre sobre su continuidad en el mercado lechero argentino y el futuro de 300 trabajadores. Tras oficializar su concurso preventivo con un rojo acumulado de $118.496 millones, aproximadamente USD 80 millones, la conducción de la empresa optó por desprenderse de sus dos principales establecimientos fabriles en Santa Fe como maniobra de emergencia para mitigar la crisis.
La operación abarca los complejos industriales de Clason y Suardi por un valor total de 15,5 millones de dólares, aunque el traspaso final requiere el aval de la Justicia debido al concurso de acreedores de la empresa. Los boletos se suscribieron el 2 de julio, poco antes de recurrir a los tribunales: Lacterra S.A.S. ofertó USD 9 millones por Clason y Copalac S.A.S. USD 6,5 millones por Suardi.
Sin embargo, lo que llama la atención de trabajadores y representantes gremiales es la fecha en la que fueron constituidas ambas sociedades: Copalac fue creada el 11 de junio de 2026, mientras que Lacterra registró su inicio de operaciones el 19 del mismo mes.
Desde la Asociación de Trabajadores de la Industria Láctea de la República Argentina (ATILRA) advirtieron que la operatoria a fasón impuesta en Suardi, donde solo reingresaron entre 12 y 18 operarios de los 85 que pertenecían a la nómina, es una "salida coyuntural y provisoria" que está lejos de resolver el conflicto.
El impacto humano de la debacle de la empresa láctea ahoga a los más de 300 trabajadores que aún resisten en la plantilla formal. La crisis no es nueva, pero el límite de la subsistencia se sobrepasó hace tiempo. Las familias operarias denuncian que no perciben sus salarios desde diciembre de 2025, a lo que se suma el aguinaldo impagado, la pérdida del beneficio de la obra social y la interrupción de los aportes jubilatorios.
Mientras la histórica empresa láctea santafesina acuerda en los tribunales la venta de sus plantas estratégicas por 15,5 millones de dólares para sortear un concurso preventivo con deudas astronómicas, la realidad tras los portones de Clason, Suardi y Lehmann no se mide en balances ni en pasivos: se mide en meses de incertidumbre, mesas vacías y un abandono absoluto.
Una empresa paralizada y trabajadores atrapados
El conflicto también expone la falta de respuestas de las autoridades. Los empleados aseguran que durante los primeros meses del conflicto el Ministerio de Trabajo de Santa Fe había comprometido gestiones y audiencias, pero con el paso del tiempo esas instancias dejaron de producir resultados.
El deterioro de Lácteos Verónica no comenzó recientemente. Durante 2025 se profundizaron los problemas financieros de la compañía, mientras caía su producción y se acumulaban dificultades para cumplir con proveedores y salarios. Uno de los principales síntomas de la crisis fue, también, fue la nula intervención del Gobierno provincial de Maximiliano Pullaro.
La menor disponibilidad de leche redujo la elaboración de productos y la utilización de la capacidad instalada, mientras las plantas quedaron progresivamente desactivadas. La empresa, que llegó a procesar más de un millón de litros diarios y a exportar sus productos a distintos mercados internacionales, quedó sumida en una crisis que todavía no encuentra una salida definitiva.
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