León XIV, el Papa ortodoxo que llegó para administrar la revolución de Bergoglio
El primer papa estadounidense llegó al Vaticano con una trayectoria marcada por América Latina y una estrecha relación con Jorge Bergoglio. Formado en la ortodoxia, allegados a Roma lo definen como un hombre prudente que quiere sostener el legado de su antecesor, pero con impronta propia.

Por FRANCISCO KOVACIC GONZALEZ
Antes de convertirse en el papa León XIV y concentrar la atención del mundo católico, Robert Francis Prevost fue simplemente el hijo menor de una familia trabajadora de Chicago. Nació el 14 de septiembre de 1955 en el seno de un hogar profundamente creyente: su padre, Louis, repartía sus días como catequista y secretario en colegios locales, mientras que su madre, Mildred Agnes Martínez, custodiaba los libros de la biblioteca en el Mendel Catholic Prep School, una institución emblemática del suburbio de la ciudad.
El mayor, Louis, es un veterano militar que actualmente reside en Florida, y John, el del medio, es un exdirector de escuela católica jubilado. Su madre falleció el 18 de junio de 1990, y su padre el 8 de noviembre de 1997.

El futuro Papa creció en la parroquia de Santa María de la Asunción, en Riverdale. En esa misma parroquia asistió a la escuela, cantó en el coro y sirvió como monaguillo. Su biografía en Wikipedia revela que aspiró al sacerdocio desde muy joven y jugaba a representar la misa en casa con sus hermanos. Consultado por El Destape, un sacerdote agustino que conoció a Prevost en sus años de noviciado y que pidió no ser citado "por respeto a la figura de su Santidad", confirmó este dato.
De acuerdo a una investigación del New York Times, León XIV tendría lazos parentales con un amplio abanico de personalidades americanas. A partir de un antepasado bastante lejano, Louis Boucher de Grandpré, Robert Prevost estaría emparentado de forma lejana con personas de ascendencia francocanadiense, incluidas figuras notables como los ex primeros ministros de Canadá, Pierre y Justin Trudeau, así como también con la actriz Angelina Jolie, la ex primera dama y ex candidata demócrata Hillary Clinton y el cantante Justin Bieber. Sin embargo, también estaría emparentado con Antonio José de Sucre, el líder boliviano que peleó junto a Simón Bolívar. Serían primos quintos, según el informe del periódico.
Labor misionera de León XIV: influencias y cómo piensa
La Iglesia católica se definió siempre en dos aristas fundamentales: carisma e institución. Con esas dos premisas, durante 2000 años de historia, la Iglesia supo adaptarse para sobrevivir a cada proceso histórico. Y cada Papa, en consecuencia, también.
"El nombramiento de Prevost no fue casualidad. Es un hombre eclesial, firme en sus decisiones y del palo de la institucionalidad. León XIV es una institución, está formado en derecho canónico y defenderá la ortodoxia", sintetizó a El Destape, off the record, un sacerdote del círculo más íntimo de Jorge Bergoglio que conoce al detalle la cocina del Vaticano.
Dentro de la institución cristiana más vieja del mundo hubo, indudablemente, un momento que modificó esa impronta: el Concilio Vaticano II de 1962, que redefinió la vida interna de la Iglesia y su relación con el mundo externo y moderno. Todos los papas posteriores a 1962, calificados posconciliares, estuvieron marcados por la visión del concilio, aunque cada uno a su manera y acorde a su historia. Ni Juan Pablo II ni Benedicto XVI, con sus distancias, fueron ajenos. Mucho menos Francisco y León XIV.
Prevost comenzó su camino religioso en 1977, a los 22 años, e ingresó al noviciado de la Orden de San Agustín (OSA), en San Luis, Misuri. Sus primeros votos los hizo en 1978 y su profesión solemne en 1981 —el juramento de entrega a la vida religiosa—, hasta ser ordenado sacerdote el 19 de junio de 1982 en Roma. Su formación religiosa, sustancialmente posconciliar, como lo definen en la congregación agustina, estuvo marcada por una vocación que pronto lo llevaría a América Latina, donde desarrolló buena parte de su trayectoria pastoral y construiría un vínculo duradero con Perú.
Esto no es algo menor. El carisma en el que conviven las órdenes religiosas dentro de la Iglesia las subdivide en dos grandes grupos: por un lado, las congregaciones contemplativas, dedicadas pura y exclusivamente a la contemplación religiosa y al estudio del evangelio; y por otro lado, las apostólicas, que son aquellas que priorizan el trabajo pastoral y comunitario en la tarea de la evangelización. La Orden de San Agustín encaja en un tercer grupo, consolidado tras el Concilio, que son las congregaciones mixtas.

Hasta antes del Concilio de 1962, la Iglesia católica repartía los territorios de misión entre las congregaciones, de acuerdo a la presencia que cada una tuviera en los territorios. En 1965, mediante el decreto Ad gentes del papa Pablo VI, la Iglesia católica resolvió reorganizar esta tarea y creó el Dicasterio para la Evangelización, entidad que distribuye las misiones a las congregaciones bajo su propio criterio geopolítico, demográfico y eclesiástico coordinado directamente con la Santa Sede.
Los agustinos se vieron beneficiados en Sudamérica. Supieron construir una enorme influencia en la zona de Perú, lugar al que veinte años más tarde el futuro cardenal Prevost viajaría a tener su primera experiencia misionera en ese país. Fue entre 1985 y 1986, en Chulucanas, donde llegó a ser vicario parroquial de la catedral y canciller de la diócesis. Después de un retorno breve a Estados Unidos, regresó a Perú en 1988 para trabajar en Trujillo. Allí asumió responsabilidades en la formación de nuevos religiosos, fue prior de la comunidad y se desempeñó como director de formación y maestro de profesos durante una década.
La experiencia peruana también estuvo atravesada por su trabajo académico y jurídico dentro de la Iglesia. En la arquidiócesis de Trujillo fue vicario judicial y profesor de derecho canónico, moral y patrística —la ciencia que estudia a los padres fundadores de la Iglesia— en el Seminario Mayor San Carlos y San Marcelo, donde también ejerció como director de estudios y llegó a ocupar el rectorado de manera interina. Quienes recuerdan su paso por esa institución destacan su interés por fomentar el pensamiento crítico entre los seminaristas. En paralelo, participó en la fundación de comunidades parroquiales y consolidó una carrera dentro de la estructura agustina que lo llevó a ser elegido prior provincial en 1998 y prior general de la orden en 2001, cargo para el que fue reelegido en 2007.
Francisco y León XIV, juntos en Buenos Aires
La relación entre Robert Prevost y Jorge Mario Bergoglio comenzó en Buenos Aires, en 2004, cuando el primero era todavía prior general de la OSA y el segundo era arzobispo de la capital argentina. Uno de sus primeros encuentros quedó registrado; ocurrió el 28 de agosto de ese año, durante una misa por la festividad de San Agustín en la parroquia homónima del barrio porteño de Recoleta. La ceremonia fue presidida por Bergoglio y contó con la participación de Prevost. Según reconstruyó el sacerdote agustino Pablo Hernando Moreno, testigo de esa historia y entrevistado por TN, existe todavía una fotografía de aquella celebración en la que aparecen los dos futuros pontífices junto al entonces obispo de Cafayate, Cipriano García. En los años siguientes, durante sus visitas a la Argentina, Prevost volvió a encontrarse con Bergoglio y mantuvieron conversaciones tanto informales como sobre cuestiones institucionales de la Iglesia.

La relación, sin embargo, no siempre fue sencilla. Tal como relató Hernando Moreno en esa entrevista, el propio Prevost contó que en una de aquellas reuniones Bergoglio quería que un sacerdote agustino —cuyo nombre no se sabe— asumiera unas tareas en Buenos Aires, pero Prevost, como superior de la orden, desoyó el pedido de Bergoglio y decidió asignarle otra responsabilidad.
La decisión habría disgustado al entonces arzobispo porteño y, cuando Bergoglio fue elegido Papa en marzo de 2013, Prevost llegó a bromear con sus compañeros agustinos que podía quedarse tranquilo porque Francisco jamás lo nombraría obispo. La historia tuvo un giro inesperado: ese mismo año, durante la apertura del capítulo general de los agustinos en Roma, Francisco volvió a encontrarse con él, lo reconoció inmediatamente y aceptó presidir la misa. En 2014 lo designó finalmente administrador apostólico de Chiclayo, en Perú, y luego obispo de esa diócesis.
En 2023, Francisco lo convocó al Vaticano para conducir el Dicasterio para los Obispos, la oficina vaticana que designa obispos y acompaña al Papa en el gobierno de las diócesis. Durante esa etapa, ambos tenían una cita fija los sábados por la mañana; Prevost recordó que, si llegaba a las ocho, a veces Francisco ya lo estaba esperando desde las siete y media. "No pierdas el sentido del humor, tienes que sonreír", contó Prevost que le decía Bergoglio al terminar esas reuniones.
Posicionamientos políticos
Mientras Prevost ofició como obispo en Perú, mantuvo una activa participación en cuestiones sociales y debates morales. En 2017, tras el indulto concedido al expresidente Alberto Fujimori, reclamó que pidiera perdón personalmente a las víctimas de las graves violaciones de derechos humanos cometidas durante su gobierno.
"El expresidente Alberto Fujimori pidió perdón en una forma, digamos, genérica, reconociendo en términos generales su culpa, y algunos se han sentido ofendidos. Tal vez de su parte sería más eficaz pedir perdón personalmente por algunas de las grandes injusticias que fueron cometidas y por las cuales él fue juzgado", llegó a decir Prevost ante medios peruanos, en aquella oportunidad.
El 2027 y el 2018 fueron años movilizantes en cuanto a los posicionamientos históricos de la Iglesia. En Argentina y buena parte del mundo se puso en agenda la separación de la Iglesia y el Estado, además del derecho a la legalización del aborto y la denuncia permanente de los casos de abuso por parte de sacerdotes católicos.
Durante años, el cardenal Prevost, como obispo en Perú, siguió de cerca y alentó investigaciones sobre las denuncias de abusos en la Iglesia. El caso más conocido fue el de la Sociedad Apostólica del Sodalicio de Vida Cristiana, una sociedad laica muy presente en Perú y en otros países que fue acusada de contar entre sus filas con sacerdotes y laicos consagrados acusados por abuso sexual a menores de edad. Una investigación publicada en 2015 destapó el caso y tuvo en actividad al papa Francisco, quien, tras ordenar una profunda investigación hacia adentro, firmó en abril de 2025 la disolución de la Sociedad, justo una semana antes de morir.
Prevost alentó, incluso tras abandonar Perú en 2023, a las víctimas y familiares de estos abusos a contar su testimonio. Y para su gira apostólica por Sudamérica de la semana que viene confirmó que visitará a algunas víctimas sobrevivientes de la Sociedad Apostólica del Sodalicio.
Pensamiento e influencia bergogliana
El nombramiento de Prevost al frente de la Iglesia tomó por sorpresa al mundo. En los días anteriores al cónclave, a partir de la interpretación que hicieron los medios sobre las declaraciones de distintos cardenales, se habló de un cónclave polarizado y con "tensiones internas" tras el papado de Francisco, que fue catalogado como polémico por propios y ajenos. La carrera estaba entre los cardenales Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano puesto por Francisco en 2013, y el cardenal Luis Antonio Tagle, oriundo de Filipinas y mencionado como la versión "asiática" de Bergoglio. Parolin fue vendido como la opción moderada frente a lo "revolucionario" de Tagle, que prometía sostener y profundizar con las reformas del papa argentino.
Medios internacionales como El País de España y The Washington Post destacaron en editoriales y notas de opinión el armado del cónclave. El dato en el que se ampararon no es menor: 108 de los 135 cardenales electores fueron designados por Francisco, lo que daría a entender que el jesuita armó el escenario para que su sucesor mantuviera su senda. Hay algo ahí.
Los momentos de avanzada revolucionaria en el mundo siempre tuvieron, inmediatamente después, un lapsus de restauración de órdenes conservadores con estructuras similares a las que abandonaron en principio. Le pasó a Francia con Napoleón, a la Argentina con el rosismo y a la Rusia soviética con el estalinismo. La Iglesia, como institución humana, no podría escapar a esa misma lógica.

"Que haya matices similares no los hace iguales. León es, a la vista, menos personalista que Francisco. Francisco era institución y carisma, un hombre de conducción permanente. León XIV es institucional, no se va a correr de lo que el derecho canónico y los evangelios dictan, y defenderá la ortodoxia", agregó el allegado al Papa argentino.
Esa explicación aplica directamente hacia los gestos que León tuvo respecto a temas como la diversidad, el colectivo LGBT y la libertad sexual. En septiembre de 2025, durante una entrevista con La Vanguardia, llegó a plantear que ve "como algo altamente improbable, en el futuro próximo, que la doctrina de la Iglesia en cuanto a la sexualidad y el matrimonio, cambien".
"Ahí no te está diciendo que él no apoya la modificación en cuanto a esos temas, sino que no se va a expedir al respecto. Más que tibieza, es prudencia", señaló a El Destape un laico consagrado residente en Roma, que trabajó cerca de Prevost en su tiempo al frente del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.
"Francisco era consciente de que necesitaba un sucesor que lo continuase. Él no era progresista, como muchos dicen. Era un ortodoxo nato. León, como heredero posconciliar, también lo es y lo será. El Concilio no fue progresista, fue una reivindicación ortodoxa. No hay que pensar la teología desde la ideología porque son dos caminos distintos", sumó el allegado a Bergoglio en este aspecto.
Si Bergoglio representó la transformación, León XIV representa la consecuencia. Será cuestión ahora de que, con su visita a América Latina, el tiempo le dé la razón y lo demuestre a la altura de sostener a la institución más vieja del mundo, en este mundo en tensión permanente.
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