Los golpes de Milei, Caputo y Bausili

13.09.2026
Imagen ChatGPT.
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La cantidad de empresas con deudas financieras en mora más que se duplicó en dos años. La caída del consumo, el encarecimiento del crédito y la competencia importadora deterioran las cuentas de las pymes. El debate sobre el endeudamiento de las familias necesita incorporar la crisis de quienes producen y venden en el mercado interno.

Por ALFREDO ZAIAT

Casi 37.500 empresas tienen deudas financieras en mora, mientras que dos años atrás eran poco más de 16.200. La cantidad más que se duplicó y ya representa el 13,4% de las firmas endeudadas, de acuerdo con el último informe de la consultora Equilibra. En el Congreso empezó a debatirse el drama que viven millones de familias que no pueden pagar la tarjeta de crédito o el préstamo entregado por una fintech. Mientras tanto, avanza otra crisis de morosidad que tiene a las empresas, en especial a las pymes, en una situación desesperada. El ajuste económico de Javier Milei está deteriorando a una velocidad impactante la capacidad de pago de miles de empresas.

Equilibra, del economista Martín Rapetti, utilizó la información de la Central de Deudores del Banco Central para calcular la proporción del crédito empresarial con atrasos superiores a 90 días. El saldo es demoledor: pasó de 0,7% en noviembre de 2024 a 3,7% en julio de 2026, multiplicándose por más de cinco en veinte meses. En el segmento de pymes con menor endeudamiento la mora llega a 9,3%. En las actividades textil y del cuero alcanza el 14,6%. 

La crisis de la morosidad es de exclusiva responsabilidad de la política económica de Milei. No puede justificarse por la herencia del gobierno anterior ni por las décadas de estancamiento de la economía argentina. El problema de la morosidad de personas y empresas es todo de Milei.

Cualquiera que entienda un poco el funcionamiento básico de la economía sabe que el ajuste continuo sobre los ingresos de la mayoría de la población (salarios y jubilaciones) provoca una caída del consumo masivo. Para sostenerlo, las familias recurrieron primero a los ahorros y luego al endeudamiento, hasta agotar ambos recursos. Estalla, entonces, la crisis de morosidad de las personas. 

Al mismo tiempo, esa caída del consumo implica menos ventas de bienes y servicios, lo que hace crujir las finanzas de las empresas que, a la vez, enfrentan un aumento de costos por los tarifazos de los servicios públicos y la competencia desleal de productos importados. Este combo resulta explosivo para las cuentas de las empresas. A las que ya estaban endeudadas se les complicó el cumplimiento de las obligaciones. Las que tomaron un crédito para enfrentar el temporal, con la esperanza de que sea transitorio, también ven debilitarse su capacidad de pago.

Entre las empresas, las entidades financieras concentran el 98,6% del financiamiento. Por eso, el deterioro empresarial interpela de manera directa al sistema bancario porque el nivel de la tasa de interés es parte central de esta crisis. Si las ventas retroceden y financiar el capital de trabajo se encarece, el crédito deja de acompañar la producción y empieza a consumirla. En ese panorama, el descubierto en cuenta corriente permite pagar salarios a cambio de comprometer una porción mayor de los ingresos futuros. 

Los golpes de Caputo-Bausili a los deudores

La desregulación de Milei amplió el poder de los acreedores. El DNU 70/2023 eliminó el límite específico de los intereses punitorios de las tarjetas al sustituir el artículo 18 de la ley 25.065. Luego, la comunicación A 8026 del BCRA suprimió desde junio de 2024 el tope administrativo sobre su financiación. Fueron decisiones que desprotegieron a los deudores.

Los socios en negocios Luis Caputo y Santiago Bausili, ministro de Economía y presidente del Banco Central, respectivamente, hicieron un aporte sustancial para provocar esta crisis, al subir la tasa de interés para contener las presiones cambiarias.

Este mecanismo monetario favorece el carry trade cuando el rendimiento en pesos supera la devaluación esperada y los costos de la operación. Las pymes que necesitan descontar un cheque participan de ese mismo mercado desde la posición opuesta. Lo que para el inversor es rendimiento positivo en medido en dólares, para quien produce es un costo creciente que debe cubrir con ventas.

Los efectos de un crédito caro sobreviven a la rueda financiera que los originó. Las deudas se acumulan, las refinanciaciones arrastran intereses y los incumplimientos aparecen. Reducir la tasa de las nuevas operaciones, como está impulsando ahora la dupla Caputo-Bausili, es insuficiente porque no recompone automáticamente la capacidad de pago deteriorada.

El otro golpe de la política de Milei fue facilitar el ingreso de productos importados, sumando presión sobre las actividades que compiten con ellos. Con un mercado interno debilitado, una mayor participación de bienes finales del exterior deja menos ventas para la producción local. La apertura combinada con un dólar barato abarata el producto que llega de afuera mientras la fábrica local afronta costos internos que no bajan.  

Milei no hace nada y dice que no hará nada

Según los datos del INDEC difundidos esta semana, en julio la industria cayó 4,9% interanual y la construcción retrocedió 4,5%. La construcción encabeza la mora sectorial con 7,7% del financiamiento, seguida por el comercio, con 6,5%. En el otro extremo, la intermediación financiera registra 0,3% y la explotación de minas y canteras, 0,4%.

El reporte de Equilibra ordena a las empresas por monto de crédito. En el tramo inferior a 5 millones de pesos, la mora es de 9,3%. Entre 5 y 200 millones baja a 7,6%. Entre 200 y 3800 millones se ubica en 6,6%, y para montos superiores a 3800 millones desciende a 1,8%.

El grupo de menor endeudamiento reúne alrededor del 60% de las firmas y recibe apenas el 0,2% del crédito. En el extremo opuesto, cerca del 1% de las empresas concentra el 73,8% del financiamiento.

El reporte destaca que la cantidad de pymes con avales de Sociedades de Garantía Recíproca (SGR) en mora casi se triplicó (de 3.354 a 9.679). A esto se suma el endurecimiento de los requisitos del sistema financiero para otorgar préstamos a pymes. Según el Observatorio PyME, entre el tercer trimestre de 2025 y el segundo del 2026, los atrasos con bancos fue de 8,6%, mientras que con proveedores fue de 15,3% y con el pago de impuestos, 17,3%. Esto indica que las pymes quieren mantener abierta la llave del crédito bancario, pero les resulta cada vez más complicado.

También explotó la cantidad de cheques rechazados

La cantidad de cheques rechazados agrega otra señal del crujir de la cadena de pagos. Según el Banco Central, en julio fueron rechazados 161.831, un 9,6% más que un año antes. De ellos, 97.950 carecían de fondos suficientes, con un aumento interanual de 25,8%, mientras la cantidad de cheques compensados cayó 6%.

Un cheque sin fondos traslada la falta de liquidez del comprador a su proveedor y, de este modo, la cadena de pagos ingresa en estado de estrés. Quien esperaba cobrar para pagar salarios o reponer mercadería debe conseguir otro financiamiento, postergar sus obligaciones o reclamar la deuda. Así, el incumplimiento de una firma complica a otra, que a su vez traslada esa tensión a la siguiente. Así se va generando una cascada de problemas financieros que desemboca en el estallido de la crisis de morosidad.

Mientras se deterioran las condiciones de vida de las familias y colapsan empresas, Milei no hace nada y asegura que no hará nada.

Los números de los bancos líderes

Los balances de los principales bancos del sistema permiten analizar la transmisión de la crisis de morosidad. El Banco Galicia informó una mora de 8,3% al cierre de junio, frente a 7,7% en marzo y 4,4% un año antes. Sus previsiones sumaban 1,96 billones de pesos y cubrían 92,8% de la cartera irregular. El Grupo Galicia, que incorpora Naranja X, mostraba una mora de 10,6%.

El Banco Macro registró una irregularidad total de 6,25% y una cobertura de 95,39%. Informó una mora de 8,42% para la cartera de consumo y de 0,85% para la comercial. En el trimestre cargó 194.300 millones de pesos por previsiones.

El Grupo Supervielle detalló un 5,5% de mora total, con un 9,6% en la cartera minorista y un 4,4% en la comercial. La cobertura era de 98,9% y las previsiones del trimestre sumaban 68.000 millones de pesos. 

Las previsiones son el reconocimiento contable de pérdidas estimadas. Una cobertura inferior al 100% no demuestra por sí sola insolvencia porque hay que analizar garantías, recuperaciones esperadas y capital. Para el conjunto del sistema, el BCRA informó en junio una mora de 7,6%, con 12,8% en familias y 3,5% en empresas. Las previsiones equivalían al 6,5% del crédito y al 86,6% de la cartera irregular. Por ahora, el propio Central señala que existen elevados márgenes de solvencia. Sin embargo, el informe de Equilibra advierte que "la probabilidad de que un crédito a empresas caiga en mora ya triplica la media de los últimos 20 años".

Hay, además, un efecto contable que permite a los bancos mostrar una menor morosidad sin que los deudores hayan vuelto a pagar. Cuando una entidad da de baja un crédito contra previsiones, ese préstamo sale del activo contable. Si la entidad vende la cartera, cambia el acreedor; si encarga la cobranza a un tercero, puede seguir siendo su titular. Así, una mejora del cociente de mora no siempre significa que los deudores volvieron a pagar.

Estimaciones difundidas en el mercado financiero indican que unos 150 mil créditos fueron entregados a agencias de cobranza por un total de 4 billones de pesos, casi el 4% del total de la cartera de préstamos con problemas.

La soga al cuello

Las pautas macroprudenciales del Comité de Supervisión Bancaria de Basilea del Banco de Pagos Internacionales señalan que las entidades deben identificar temprano el deterioro, reconocer pérdidas y sostener capital suficiente. No establecen un porcentaje universal de mora que por sí solo declare una crisis.

Para una pyme, sin embargo, el drama transcurre por carril diferente al del balance de los bancos, que pueden absorber la pérdida de un préstamo pequeño de una empresa que cierra. Sin embargo, que el sistema financiero soporte el ajuste no significa que lo soporte el entramado productivo.

El debate en el Congreso necesita incorporar esta dimensión. Reprogramar deudas y revisar el costo financiero puede dar aire a los morosos, pero el alivio será limitado mientras se deteriore la fuente de repago. La medida estructural no es secreto: recuperar los ingresos de las familias que derivará en que las empresas puedan vender más, y, de este modo, disminuirá la morosidad general del sistema. No es el sendero elegido por Milei para solucionar un problema que alcanza a millones de personas y miles de pymes.

El programa liberal-libertario postula tasas de interés elevadas para retener pesos en colocaciones financieras para enfrentar el peligro de una corrida cambiaria, que igual se producirá a medida que se acerque el año electoral. Esta estrategia especulativa ya provocó que casi 37.500 empresas sean morosas de bancos. Quedan con la soga al cuello los dueños y los trabajadores, que también se endeudaron para sobrevivir al tsunami económico de Milei que destruye todo a su paso.

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