Barriles radiactivos en el Atlántico

21.10.2026

Barriles radiactivos en el Atlántico: qué se sabe de las fugas y qué falta investigar

Una misión científica francesa comprobó que parte de los más de 200.000 barriles con residuos nucleares arrojados al océano entre 1950 y 1990 están corroídos y con fugas, aunque con niveles de radiactividad moderados, mientras se esperan los análisis de laboratorio.

Durante cuatro décadas, varios países europeos usaron el fondo del océano Atlántico como depósito de residuos nucleares. Entre 1950 y 1990 se arrojaron más de 200.000 barriles con desechos radiactivos en una zona del noreste atlántico, a unos 600 kilómetros de la costa de Galicia. Hoy, una misión científica francesa intenta responder una pregunta pendiente desde entonces: qué pasa con esos contenedores y con su contenido.

El proyecto Nodssum, liderado por el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia (CNRS), ya completó dos campañas en el área. Sus observaciones confirman que el deterioro de varios barriles es avanzado y que parte del material comenzó a filtrarse al lecho marino, aunque los niveles de radiactividad detectados hasta ahora son moderados.

Dos campañas en el fondo del mar

La primera expedición se realizó entre junio y julio de 2025 a bordo del buque L'Atalante, que zarpó de Brest. Con un robot autónomo equipado con sonar, capaz de trabajar a más de 4.000 metros de profundidad, los científicos cartografiaron más de 120 kilómetros cuadrados de una zona de vertido que abarca unos 10.000, y localizaron más de 1.000 barriles. El coordinador de la misión, el geólogo marino Javier Escartín, informó entonces que los instrumentos de a bordo no detectaron valores alarmantes.

La segunda campaña tuvo lugar entre el 27 de mayo y el 28 de junio de este año, a bordo del buque Pourquoi Pas?, con unos 30 científicos. Esta vez utilizaron el sumergible tripulado Nautile, que realizó 20 inmersiones a más de 4.700 metros de profundidad. Allí comprobaron que muchos contenedores presentan una corrosión avanzada y que algunos ya tienen fugas. Los residuos habían sido encapsulados en resina, betún o cemento antes de ser arrojados.

Los niveles de radionucleidos resultaron más altos de lo esperado, pero limitados, lo que permitió tomar muestras de sedimentos, agua y fauna sin restricciones radiológicas extremas. Esas muestras se analizan ahora en laboratorios, un proceso que demandará varios meses.

La vida sobre los barriles

Uno de los hallazgos más llamativos es que diversas especies abisales colonizaron la superficie de los bidones oxidados y los usan como refugio o estructura de fijación. Los científicos buscan determinar ahora si los radionucleidos se acumulan en los organismos y pueden avanzar en las cadenas alimentarias del Atlántico, y a qué velocidad se desplazan por las corrientes profundas.

Los investigadores subrayan que la situación no representa una catástrofe inmediata, pero advierten que la degradación progresiva de los contenedores es una amenaza latente para la biodiversidad marina.

Un vertedero autorizado durante décadas

El vertido de residuos radiactivos en el mar se basaba en la idea de que los contenedores resistirían el tiempo suficiente y que la inmensidad del océano diluiría cualquier fuga. La práctica comenzó a restringirse con el Convenio de Londres sobre prevención de la contaminación del mar, que entró en vigor en 1975, aunque la prohibición definitiva del vertido de desechos radiactivos llegó recién en la década de 1990. Para entonces, el depósito acumulado en las fosas oceánicas ya era enorme. Entre los países que realizaron vertidos en el noreste atlántico figuran el Reino Unido, Bélgica, Suiza y los Países Bajos.

El tema genera inquietud en España por la cercanía con su costa. El Consejo de Seguridad Nuclear español informó que las mediciones realizadas en las costas de Galicia y del Cantábrico no muestran radiactividad significativa y que todos los valores están por debajo de los límites legales, y aclaró que España nunca arrojó residuos en esa zona. Aun así, distintos sectores políticos y organizaciones ambientales reclaman que el gobierno español y la Unión Europea asuman un papel más activo en la investigación del estado de los barriles, y una campaña de Greenpeace superó las 20.000 firmas.

Lo que falta saber

Los resultados de laboratorio de la campaña de este año todavía no se publicaron. Serán clave para conocer qué radionucleidos se liberan, en qué cantidad y si llegan a la fauna. Mientras tanto, los barriles siguen en el fondo del Atlántico, como un legado de una época en la que el océano se consideraba un basurero sin consecuencias.

Fuente y foto:

https://noticias-ambientales-internacionales.blogspot.com/2026/10/barriles-radiactivos-en-el-atlantico.html

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