Los tiraron al océano hace 80 años y ahora temen sus consecuencias: comienza una misión histórica en Francia

Una misión internacional liderada por el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia busca localizar y evaluar el estado de más de 200.000 barriles con residuos radiactivos hundidos en el Océano Atlántico entre 1946 y 1990.
Entre 1946 y 1990, más de 200.000 barriles que contenían residuos radiactivos fueron deliberadamente hundidos en las profundidades del Océano Atlántico por varios países europeos. Estos contenedores, sellados en betún o cemento, se depositaron en las llanuras abisales del noreste del Atlántico, a más de 4.000 metros de profundidad y a unos 600 kilómetros de la costa de Nantes, Francia. Ahora, ocho décadas después, una misión histórica busca localizar y evaluar el estado de estos barriles para determinar el impacto ambiental que pudieron haber generado en el ecosistema marino profundo.
El verano pasado, una misión interdisciplinaria denominada NODSSUM, liderada por el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) en colaboración con el Instituto Francés de Investigación para la Explotación del Mar (Ifremer) , la Autoridad de Seguridad Nuclear y de Radioprotección (ASNR) y otros socios internacionales, se embarcó en una expedición de un mes para localizar y evaluar el estado de estos barriles sumergidos. La primera fase de la misión, que comenzó en junio de 2025, tuvo como objetivo cartografiar una zona de 6.000 kilómetros cuadrados del fondo marino utilizando sonar de alta resolución y el vehículo submarino autónomo UlyX, capaz de operar a profundidades superiores a los 4.000 metros.
La sorpresa de la vida en las profundidades
Además de localizar los barriles, los científicos recogieron muestras de agua, sedimentos y fauna marina para analizar la presencia y el comportamiento de radionúclidos en el ecosistema profundo. Estas muestras permitirán evaluar los posibles efectos de los residuos radiactivos en la biodiversidad marina y en la dinámica de los ecosistemas abisales. Para garantizar la seguridad, se implementaron medidas de radioprotección a bordo del buque de investigación, incluyendo el monitoreo y control de las muestras e instrumentos desde su recogida hasta su análisis en laboratorios en tierra.
Los datos recopilados durante esta primera expedición servirán para planificar una segunda misión que se centrará en el entorno inmediato de los barriles. Esta etapa implicó el uso de sumergibles tripulados o robots operados remotamente equipados con brazos mecánicos para observar directamente los barriles y tomar muestras en su proximidad. Las mediciones mostraron una leve contaminación radiactiva, que no supera la de algunas áreas contaminadas de Francia. Ahora, en una segunda fase, los investigadores se centraron en examinar algunos barriles con mayor detalle. "Pasamos de un enfoque macroscópico, a escala de área, a un enfoque centrado en puntos de interés específicos", explicó Patrick Chardon, especialista en los efectos de la radiactividad en el medio ambiente del CNRS-Universidad de Clermont-Auvergne.
Fuente:
