UNA TRAGEDIA NUCLEAR DE 90 MILLONES DE GALONES

15.07.2026
La foto de portada muestra una conmemoración del vertido de Church Rock en 2009. Foto cortesía del Centro de Derecho Ambiental de Nuevo México (New Mexico Environmental Law Center).
La foto de portada muestra una conmemoración del vertido de Church Rock en 2009. Foto cortesía del Centro de Derecho Ambiental de Nuevo México (New Mexico Environmental Law Center).

El vertido de residuos de uranio en Church Rock, Nuevo México, fue la mayor liberación individual de contaminación radiactiva en la historia de los Estados Unidos.

Por Linda Pentz Gunter

Este artículo es una republicación de un artículo de Beyond Nuclear International que se publicó originalmente el 16 de julio de 2018.

El 16 de julio de 1979 ocurrió, en el emplazamiento de la mina y planta de procesamiento de uranio de Church Rock, la peor liberación accidental de residuos radiactivos en la historia de los Estados Unidos. Aunque el accidente de Three Mile Island (ocurrido ese mismo año) es sumamente conocido, el enorme vertido radiactivo de Nuevo México se ha mantenido en silencio. Es el accidente nuclear estadounidense del que casi nadie sabe nada.

Apenas 14 semanas después del accidente del reactor de Three Mile Island, y exactamente 34 años después de la prueba atómica Trinity, la pequeña comunidad de Church Rock, Nuevo México, se convirtió en el escenario de otra tragedia nuclear.

Noventa millones de galones de residuos radiactivos líquidos y mil cientoneladas de residuos sólidos de la planta de procesamiento irrumpieron a través de la grieta de una presa rota en las instalaciones de uranio de Church Rock, provocando una inundación de efluentes mortales que contaminaron de forma permanente el río Puerco.

Nadie sabe con exactitud cuánta radiactividad se liberó al aire durante el accidente de Three Mile Island. Los monitores de las instalaciones se apagaron después de que sus mediciones de las emisiones radiactivas superaran el límite de la escala.

Sin embargo, el público estadounidense sabe aún menos sobre el vertido de Church Rock y, cinco semanas después de que ocurriera, la empresa operadora de la mina y de la planta de procesamiento, United Nuclear Corporation (UNC), volvió a funcionar como si nada hubiera pasado. Hoy en día, se reconoce que el accidente de Church Rock es, probablemente, la mayor liberación individual de contaminación radiactiva que jamás haya tenido lugar en la historia de los Estados Unidos. (fuera de las pruebas de bombas atómicas).

¿Por qué el vertido de Church Rock —que se coló por las cárcavas, contaminó campos y a los animales que pastaban en ellos, y volvió mortal el agua potable— es tan anónimo en los anales de nuestra historia nuclear? Quizás la respuesta resida en dónde ocurrió y a quién afectó.

Church Rock era una pequeña comunidad agrícola de nativos americanos, principalmente navajos, que apenas lograban subsistir de la árida tierra del suroeste. Cerca de allí, cientos de millones de galones de residuos líquidos de uranio reposaban en una balsa, esperando a que la evaporación dejara atrás los residuos sólidos para su almacenamiento. En la mañana del 16 de julio de 1979, parte del muro de la presa se derrumbó, liberando una rugiente inundación de agua y lodo radiactivos.

Fue un fallo tanto previsto como evitable. Sin embargo, nunca se tomaron medidas para impedir el desastre. El director general de UNC, David Hann, describió más tarde el accidente en las audiencias del Congreso como "un riesgo, y lo asumimos". Varias agencias reguladoras estatales permanecieron en silencio ante las advertencias del propio consultor de UNC de que la presa, tal como estaba construida, era vulnerable.

Cuando se le exigió a UNC que "limpiara" el desastre, la empresa completó la remoción de apenas el uno por ciento de los residuos y líquidos derramados. Se descubrió que los charcos estancados, donde jugaban los niños, tenían niveles de radiación de 100 a 500 veces superiores a la radiación de fondo natural. Las ovejas y las cabras estaban demasiado contaminadas para ser consumidas. Los pozos y otras fuentes de agua potable fueron clausurados.

Sin embargo, el accidente ocurrió "lejos de la civilización", en una zona remota habitada por la que posiblemente sea la comunidad de personas más empobrecida y privada de sus derechos en el país: los nativos americanos. Las masacres y las mantas infectadas con viruela ya habían quedado atrás, pero otro acto deliberado de discriminación racial —la evitable contaminación radiactiva de la comunidad navaja y, muy probablemente, mucho más allá de ella— quedó impune y pasó prácticamente desapercibido en los medios.

Hoy en día, el accidente de Three Mile Island se recuerda, se señala y se alude con justicia como un ejemplo más de los riesgos mortales de la energía nuclear. De manera errónea, también se hace referencia a él como el único accidente nuclear de gran magnitud en este país. Rara vez se conoce o se conmemora el aniversario de Church Rock. Los efectos a largo plazo de este enorme nivel de contaminación radiactiva aún no son totalmente medibles, dado que los efectos sobre la salud derivados de la exposición a la radiación pueden tardar décadas en aparecer y pueden afectar a las generaciones futuras.

Las tierras de los nativos americanos en el suroeste están plagadas de minas y plantas de procesamiento de uranio en desuso. Las comunidades han observado altos niveles de enfermedades renales y cánceres. Sin embargo, solo se ha realizado un estudio epidemiológico poblacional sobre los efectos de la salud asociados con la extracción de uranio en la Nación Navaja. Nunca se ha llevado a cabo ningún estudio de salud en la zona de Church Rock.

En su lugar, Uranium Resources Inc. (URI), que adquirió la propiedad de UNC, solicitó abrir una nueva mina de uranio mediante lixiviación in situ en Church Rock. No obstante, en marzo de 2016 se rescindió un permiso estatal de descarga de aguas subterráneas para el proyecto. Sin él, la mina no podía seguir adelante. Fue una victoria poco común. Como dijo en su momento Larry King, de la organización Eastern Navajo Diné Against Uranium Mining (Navajos Orientales contra la Minería de Uranio), su pueblo "vive cada día con el legado ambiental de la pasada minería de uranio".

Pero esto no había terminado. Una empresa canadiense, Laramide, adquirió URI. Las perforaciones de exploración se reanudarán en Church Rock y en Crownpoint, a solo 30 millas de Church Rock. El objetivo, según Laramide, es "satisfacer los requisitos del Plan de Descarga de Aguas Subterráneas del Departamento de Medio Ambiente de Nuevo México, mediante el cual Laramide debe demostrar en un entorno de laboratorio la capacidad, posterior a la lixiviación, de restaurar el agua subterránea en el acuífero minero a un nivel aceptable".

La historia solo está esperando para repetirse.

Linda Pentz Gunter es la especialista internacional de Beyond Nuclear, y escribe y edita para Beyond Nuclear International.

Fuente:

https://antinuclearmara.blogspot.com/2026/07/una-tragedia-nuclear-de-90-millones-de.html?m=1

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