Investigan como crimen de lesa humanidad una matanza indígena de 1933

Descendientes de los sobrevivientes declararon ante la Fiscalía Federal de Resistencia. La causa avanza hacia un nuevo Juicio por la Verdad en relación al genocidio indígena en la Argentina.
Las matanzas de pueblos originarios ejecutadas por el Estado con complicidad civil a comienzos del siglo XX vuelven al estrado. Con carácter de crimen de lesa humanidad. Así lo enuncia la Fiscalía Federal de Resistencia, que investiga lo ocurrido en 1933, en El Zapallar, cuando se produjo en el Territorio Nacional del Chaco una sequía extrema. Fue entonces cuando, en una búsqueda desesperada de trabajo y comida, unas trescientas personas de la etnia moqoit salieron de la Reducción Napalpí hacia El Zapallar (hoy localidad de General San Martín). Les habían dicho que "allá había trabajo". Se estaba construyendo la red ferroviaria y los moqoit se animaron a migrar. Pero al llegar, en lugar de una mejor vida se encontraron con las balas de la policía que, acompañada por grupos civiles, disparó a mansalva.
Unas cincuenta personas, entre ellas niños, mujeres y ancianos murieron ese día. Otros se ahogaron tratando de escapar cruzando el Río de Oro a orillas del cual habían establecido campamento. Hubo ancianos que murieron de hambre de regreso a Napalpí. Hubo niños que nunca fueron encontrados por sus familias, los perdieron en la huida.
Así lo cuentan los descendientes de quienes sobrevivieron a esta balacera conocida como la "Masacre de El Zapallar". Sus voces, patrimonio de la memoria oral del pueblo moqoit, fueron resignificadas en una audiencia realizada recientemente en la Biblioteca Cervantes de la localidad de San Bernado. El marco es la investigación impulsada por la Fiscalía.
La audiencia de testimonios
Llovía el día de la audiencia. Pero llegaron. Y ante el fiscal general Federico Carniel y el auxiliar fiscal Diego Vigay declararon Sixto Lalecori, Alfredo Salteño, Juan Carlos Martínez, Florencio Ruiz, Gustavo Casares, Francisco Rojas, Anselmo Córdoba, Ruben Salteño, Abelino Oliva, Mario Tomas y Héctor José.
Los once ancianos moqoit aportaron datos de cómo ocurrió la masacre, de acuerdo con el relato oral de sus abuelas y abuelos. Llegaron desde distintas localidades y parajes cercanos a San Bernado, una localidad equidistante de los lugares donde residen. "Donde ocurrió esta masacre ya no hay comunidades moqoit, el pueblo moqoit migró al norte después de las masacres", explica a Página/12 Diego Vigay.
El fiscal Vigay se refiere a la masacre de El Zapallar, y a la que antecede: Napalpí, 1924. De hecho, muchos migrantes eran sobrevivientes de Napalpí. Entre ellos el cacique Luis Durán, quien encabezó la marcha en septiembre del '33. En el trayecto de unos cien kilómetros se sumaron pequeños contingentes moqoit de Charata, Quitilipi y Sáenz Peña. En El Zapallar establecieron campamento.
Relatos recuperados
"Había una hambruna generalizada y convencieron a los caciques que había un lugar para trabajar en la zona de El Zapallar", explica en la audiencia el docente bilingüe Juan Carlos Martínez. Así lo escuchó de Ramona Pérez, la madre de su padre. Su abuela "tenía 7 u 8 años cuando fue la masacre".
"La gente se rebuscaba por la marisca --detalla Héctor José-- con la caza en el campo de tatú y liebre, y con la recolección de miel de abeja", cuando no había seca, como ese año. Él conoce lo que le contaron su abuelo Luis Salteño y su tío Enrique José. "Había un cacique Duran --recuerda--. Él dijo que había alimentos en El Zapallar".
"Era líder Luis Duran", aporta Salteño Alfredo, a quien su abuelo Pedro Balquinta le contó la historia. "Todos estaban inquietos por la falta de trabajo. Llegó una persona y dijo por qué no vamos a un lugar donde haya trabajo. Cada noche se reunían, y aceptaron la propuesta de buscar trabajo".
Sixto Lalecori cuenta que "se organizaron porque no había trabajo. El que encabezaba el grupo se llamaba Duran. Se reunieron la noche anterior y cada uno aportaba algo de miel, animalitos cazados, eran el alimento que tenían". Él conoció el relato por su mamá Justina Lalecori y sus abuelos, Enrique Lalecori y Bartolina Miño.
"Duran era sobreviviente de Napalpí --completa Alfredo--, se escapó al monte y sobrevivió. Según contaba su abuelo Pedro Balquinta, "en agosto de 1933 salieron y llegaron a un pueblito que se llamaba El Zapallar".
"Antes de llegar --continúa Lalecori--se dividieron en grupos para ver si eran bien recibidos. Había mujeres, niños. El primer grupo fue recibido por la autoridad del Estado, la policía, por disparos de armas de fuego. Los que pudieron escaparse fueron los que sobrevivieron. Murieron mujeres y niños porque no tenían experiencia para escaparse. Algunas familias no tenían la experiencia de la masacre de 1924, mi familia sí tenía y eso los ayudó. Los demás ignoraban lo que les podía pasar".
"La masacre fue cerca de un río", apunta José. Alfredo agrega: "Pensaron que los moqoit vinieron a pelear. Fueron los militares a sangre fría. Y asesinaron a todos niños, mujeres y hombres".
La masacre
El 7 de septiembre en horas de la siesta, la marcha de familias intentó ingresar a El Zapallar. "Se habían dividido en grupos de 20 personas --describe el fiscal--, niños y mujeres adelante como demostración de sus pacificas pretensiones". Pero fueron ejecutados por orden del comisario Francisco Prestera", con el argumento de la defensa de la población ante el ataque de un malón", puntualiza.
El Zapallar era una localidad con estación de tren, comercio, producción; un centro cívico. Ante el "temor de la población" llegaron agentes la policía territoriana (hoy Gendarmería) de Resistencia, para sumarse a la policía local. Fueron cuarenta policías y veinte civiles quienes disparan y masacraron a las familias del pueblo moqoit, a pesar de que "desde donde estaban veían que la formación era de niños y mujeres", subraya el fiscal.
Anselmo Córdoba conoció el relato de su abuelo Martiriano Martínez, "que viajó a caballo al Zapallar. Que vio muertos a niños y mujeres. Dijeron que había solo dos muertos, pero él no creía. La gente estaba tranquila, pero como venían, los blancos creían que podían quitarles la tierra".

"Mis abuelos se escaparon de la masacre, pero murió gente, chicos y grandes--agrega Mario Tomas, nieto de Ana Segovia y Ramón Nolasco--. Ellos se escaparon, no me dijeron por qué paso. Me decían que los responsables eran criollos".
La misma versión comparte Florencio Ruiz. Su tatarabuela Teresa Martínez le contó que "se escaparon de los tiros, de una cacería. Un abundante grupo de personas moqoit tuvieron que escapar, y hubo varios muertos. No la totalidad, no sabía qué cantidad. Los que tiraban eran policías y civiles".
"Murieron muchos moqoit y asesinaron a dos hermanos del cacique Duran--recuerda el maestro bilingüe--. Fueron víctimas de la balacera niños, mujeres y ancianos. A algunas familias se le perdieron los hijos y no saben qué paso. En el río murieron también muchos ahogados. Muchos ancianos murieron por hambre después de la masacre. Los muertos estarían al lado del río".
"A los cuerpos los enterraron en un lugar que no es un cementerio, para esconderlos. Algunos se escaparon y son los que avisan. En aquel tiempo los militares no le querían a los mocovíes", concluye Córdoba.
El devenir de la justicia
Por el hecho hubo entonces una causa judicial con veinte migrantes detenidos. Un trámite exprés que solo consignó dos muertes civiles y un agente policial. "Declaran Duran y los demás detenidos. Explican que solo tienen elementos de labranza, que son pacíficos y buscan trabajo. Se cierra el expediente aduciendo que hubo un malentendido, y los liberan", detalla el fiscal.
Tal como en Napalpí, "hubo intención de darle un cierre por la repercusión que habían tenido", señala la Fiscalía.
En 2014 se abrió una nueva investigación sobre la base de testimonios de tres sobrevivientes: Pedro Balquinta, Ramona Pérez y Justina Lalecori. Ellos eran niños cuando ocurrió la masacre, pero la relataron a sus descendientes. Y Pedro, quien pudo dar testimonio en su propia lengua (moqoit) alerta sobre su paso por dos matanzas: Napalpí y El Zapallar. "Eran dos masacres muy distintas --aclara Vigay-- y se trataron por separados: Napalpí avanzó por las pruebas hasta el Juicio por la Verdad. El Zapallar, a medida que surgía información".
Crimen de lesa humanidad
La nueva causa sumó al expediente de 1933 información de archivos, de historiadores, certificados de defunción. Hoy "el testimonio de estos once descendientes permite ampliar la prueba --sostiene Vigay--, para llegar a un juicio y a una sentencia considerando el hecho un delito imprescriptible y considerando el derecho a la verdad de las víctimas".
Con esta audiencia de testimonios se incorporó prueba "y se va construyendo lo que es nuestra teoría sobre lo que pudo haber sucedido, para evidenciar que se trata de un crimen de lesa con responsabilidad del Estado nacional", resume Vigay. "Y así como en Napalpí se pudo llegar a un juicio que redignificara a las víctimas y aportara medidas de reparación en el marco de una causa penal, este caso también lo amerita. Era una tarea pendiente, y en estos meses pudimos avanzar".
Cómo fue la búsqueda de sobrevivientes
La causa iniciada en 2014 por la Masacre de El Zapallar tomó como antecedente el Juicio por la Verdad por la Masacre de Napalpí realizado en 2022. Y se consolidó con la declaración de descendientes de sobrevivientes de las familias moqoit detenidas el 7 de septiembre de 1933.
Para encontrar a familiares de estos detenidos, la Fiscalía pidió colaboración públicamente con una carta abierta traducida en moqoit, en la que explicó la importancia del testimonio y la proyección del juicio.
Durante febrero y marzo de este año se hicieron reuniones y unos 60 referentes indígenas conocieron el estado de la causa y colaboraron en el relevamiento de nietos y bisnietos que conocieran el relato oral de los sobrevivientes.
La búsqueda dio fruto: declararon once descendientes de sobrevivientes. Los testimonios coinciden en que fue el hambre lo que impulsó la migración a El Zapallar. Que en el ingreso a la localidad, policías y civiles dispararon sobre las familias indígenas y provocaron la muerte de decenas de víctimas. Y que detuvieron a varias familias ahí.
Con estos testimonios, junto al expediente del '33, notas periodísticas, certificados de defunción y el trabajo de Rubén Guillón, entre otros historiadores, avanzó la causa que será presentada al Juzgado Federal 1 de Resistencia.
El municipio de San Bernardo, donde se realizó la audiencia por la "Masacre de El Zapallar", declaró la jornada de recepción de testimonios "de interés municipal y trascendencia histórica", reconociendo así "la valentía de los descendientes que prestan su voz, transformando el relato oral en prueba soberana y dignificando la memoria de quienes fueron silenciados por casi un siglo".
En la jornada estuvieron presentes, en representación de los pueblos indígenas, el presidente del Instituto del Aborigen Chaqueño, Florencio Diaz. También los vocales del pueblo moqoit Graciela Zoilo y Romualdo Maldonado, en carácter de querellantes, junto con la Subsecretaría de Derechos Humanos del Chaco. Las declaraciones fueron registradas por el equipo audiovisual de la Universidad Nacional del Nordeste.
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