Música indígena para transformar la memoria en resistencia

La Comunidad Indígena Punta Querandí conmemoró el último día de libertad de los pueblos originarios con las presentaciones de la Orquesta Tunquelén y Eskina Qom.
PorNicolás Parodi
La memoria también se canta, se toca y se transmite de generación en generación. En Punta Querandí, territorio recuperado por comunidades indígenas en el partido bonaerense de Tigre, la conmemoración del último día de libertad de los pueblos originarios reunió música, identidad y resistencia. El domingo 11 de octubre, la Orquesta Tunquelén y Eskina Qom compartieron sus propuestas artísticas en una jornada que puso en el centro las culturas indígenas y las luchas que continúan en el presente.
La convocatoria se realizó en vísperas del 12 de octubre, una fecha que los pueblos originarios resignifican como parte de una historia de más de cinco siglos de resistencia frente a la conquista, la colonización y el genocidio. En un contexto de retroceso de derechos indígenas y de reivindicación oficial de la denominación "Día de la Raza", la actividad propuso disputar los relatos que presentan la colonización como el inicio de la civilización en América y que relegan a los pueblos originarios a un pasado remoto.
Desde la Comunidad Qom, Brian López llegó con Eskina Qom, una banda de rap que desde hace alrededor de diez años trabaja con las experiencias cotidianas, las enseñanzas de los mayores y la reivindicación de la identidad indígena. "Siempre tuvimos el objetivo de plasmar en las letras todo lo que es la cultura de nosotros", explicó López. Su propuesta combina las historias transmitidas por las generaciones anteriores con aquello que sus integrantes ven y viven en la calle. El propósito, sostuvo, es valorizar la cultura propia y mantenerla presente a través de la música. La elección del rap no fue casual. López contó que él y su hermano crecieron escuchando ese género y encontraron en él una forma accesible de expresarse. "Como es un medio de protesta, se nos hizo más fácil. Aparte no teníamos instrumentos, nada, y era solo la voz", recordó.
Con esa herramienta, Eskina Qom construyó una propuesta que vincula la cultura qom con las experiencias del presente. La participación en Punta Querandí tuvo para López un significado especial por el lugar y la fecha. El músico agradeció la invitación y destacó la importancia de seguir difundiendo la propuesta. Además, adelantó que el grupo trabaja en nuevas canciones en su lengua, con la intención de incorporar instrumentos tradicionales.
La apuesta de Eskina Qom es también una forma de disputar los estereotipos que reducen a los pueblos indígenas a imágenes congeladas en el tiempo. En sus canciones, la identidad no aparece como una pieza de museo, sino como una experiencia viva que se transforma, habla de las injusticias del presente y recupera los saberes de los mayores.
El nombre de la Orquesta Tunquelén fue elegido por los propios chicos y chicas que integraban el proyecto en sus comienzos. La consigna era buscar palabras de distintas lenguas de pueblos originarios que les transmitieran algún significado. Así eligieron Tunquelén, palabra mapuche que significa "lugar de descanso". Desde sus inicios, la orquesta incorporó una mirada sobre las raíces culturales del continente. Su repertorio instrumental incluye charango, arpa y aerófonos andinos, entre otros instrumentos vinculados con las tradiciones musicales latinoamericanas.
"Es muy significativo, sobre todo para los chicos, para que entiendan", señaló Sonia Miño Gálvez, directora de Tunquelén, sobre la decisión de participar de la jornada. La fecha no puede quedar reducida a una efeméride escolar: "Es vivirlo en el territorio. Me parece muy hermoso también que no quede como algo histórico".
"Nosotros hace ya 14 años que funcionamos como orquesta", contó Miño Gálvez. El proyecto nació con una perspectiva social y educativa, orientada a acercar la formación musical a chicos y chicas que no siempre cuentan con posibilidades de acceder a ella. La directora prefiere hablar de garantizar un derecho cultural antes que repetir la fórmula de "sacar a los chicos de la calle".
En los últimos años, los integrantes más grandes de la orquesta juvenil comenzaron a desarrollar conciertos temáticos. El primero fue Originario, la propuesta que llevaron a Punta Querandí. A partir de los instrumentos y los conocimientos musicales que ya tenían, buscaron los vínculos con los pueblos originarios y construyeron un repertorio para compartir en una fecha que consideran fundamental.
Para Miño Gálvez, la presencia de la orquesta en el territorio permite que los jóvenes comprendan que la historia indígena no pertenece únicamente a los libros. "No es de manual, del libro, los indiecitos con la pluma, sino que son personas, son nuestros familiares", planteó. Y agregó: "En mi caso, dentro de mi familia, mi marido, su mamá es mapuche. Así que somos nosotros, en realidad, los pueblos originarios". Su reflexión cuestiona la mirada que presenta a las comunidades indígenas como ajenas a la sociedad contemporánea. Los pueblos originarios no son una referencia lejana ni una identidad extinguida: forman parte de las familias, los barrios y las comunidades que habitan el país, con lenguas, culturas y formas de organización que continúan transmitiéndose.
La historia de Tunquelén también refleja las dificultades que atraviesan los proyectos culturales comunitarios frente al retiro de recursos estatales. La orquesta nació con el acompañamiento de la Secretaría de Cultura de la Nación, a través del programa Andrés Chazarreta, que proporcionaba instrumentos y capacitación docente. El esquema contemplaba que los proyectos consiguieran una institución contraparte para garantizar los salarios y un espacio de funcionamiento. En el caso de Tunquelén, ese apoyo correspondía al municipio de Escobar. Con esta gestión, la orquesta perdió el acompañamiento nacional y debió reorganizarse para sostener sus actividades. La compra de instrumentos depende ahora, en buena medida, de los esfuerzos de las familias y de los aportes de la cooperadora, mientras continúa el apoyo municipal.
"Los instrumentos los vamos tratando de sostener, comprándolos con cooperadoras. Las familias hacen el esfuerzo de mantenerlo y todo se hace mucho más duro", explicó la directora. La situación expone una contradicción: mientras se reconoce la importancia de la cultura como herramienta de inclusión y transmisión de saberes, los proyectos que garantizan el acceso a la formación artística deben afrontar crecientes dificultades para sostenerse. En una orquesta escuela, la falta de instrumentos o de recursos no afecta solamente la continuidad de los conciertos, sino también las oportunidades de aprendizaje de quienes participan. "Sin el Estado, esto es imposible", advirtió Miño Gálvez. Su testimonio pone en discusión la responsabilidad de las políticas públicas en el sostenimiento de iniciativas culturales que, además de formar músicos, construyen espacios de encuentro y fortalecen los vínculos comunitarios.
La jornada tuvo como escenario un territorio que condensa buena parte de las disputas actuales por los derechos indígenas. Durante dos décadas, Punta Querandí enfrentó la destrucción de sitios arqueológicos y enterratorios ancestrales asociada al avance de las urbanizaciones privadas en Tigre. La organización comunitaria permitió recuperar el espacio, que hoy funciona como lugar ceremonial, educativo y de encuentro.
Pero la recuperación no cerró el conflicto. La comunidad reclama a Nordelta una reparación histórica que contemple el regreso y reentierro en su territorio de 42 ancestros extraídos de Arroyo Sarandí. También exige la creación de un Fondo de Reparación Territorial para garantizar el acceso a tierras de la población indígena de Tigre.
La demanda señala que la defensa de la memoria no puede limitarse a las conmemoraciones. Implica reconocer los daños provocados por la destrucción de los enterratorios, restituir los restos humanos y generar condiciones materiales para que las comunidades puedan sostener sus prácticas culturales y espirituales.
En ese sentido, la presencia de Eskina Qom y Tunquelén en Punta Querandí enlazó distintas dimensiones de una misma lucha: la transmisión de las lenguas y los saberes ancestrales, el acceso a la cultura, la denuncia del racismo y la defensa territorial. Desde el rap hasta los instrumentos latinoamericanos, las propuestas musicales mostraron que las identidades indígenas no son una herencia inmóvil, sino una construcción colectiva que sigue produciendo lenguajes propios para narrar el presente.
Frente a los discursos que reivindican la conquista y presentan a los pueblos originarios como parte de un pasado superado, Punta Querandí sostiene que las comunidades sobrevivieron al genocidio, defendieron sus territorios y continúan organizándose para ejercer sus derechos. Una memoria que no se queda en los libros ni en las fechas patrias, sino que se expresa en las canciones, en las ceremonias y en la lucha cotidiana por la tierra.
Fuente:
https://www.pagina12.com.ar/2026/10/12/musica-indigena-para-transformar-la-memoria-en-resistencia/
