Todos Santos en Flores: años de organización comunitaria frente a las restricciones a las ceremonias andinas

03.11.2026
Foto: vidal Arnaldo – Cementerio de Flores
Foto: vidal Arnaldo – Cementerio de Flores

La celebración del Aya Mark'ay Quilla en el Cementerio de Flores llega al 2 de noviembre de 2026 con nuevos acuerdos para el ingreso de ofrendas, instrumentos musicales y elementos propios de las prácticas ancestrales andino-amazónicas.


Por Mario Canaviri (ANRed)

Detrás de estas medidas existe un proceso de organización impulsado por familias, músicos y referentes de pueblos originarios que denuncian años de restricciones y controles policiales. Las comunidades advierten que la disputa por el reconocimiento de sus prácticas espirituales continúa en otros espacios públicos de la Ciudad de Buenos Aires. 

Durante años, las comunidades andinas que se reúnen cada 2 de noviembre en el Cementerio de Flores denunciaron requisas, retención de ofrendas y restricciones al ingreso de instrumentos musicales y otros elementos de sus ceremonias. En 2026, la Mesa del Aya Mark'ay Quilla anunció nuevos acuerdos con autoridades del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, resultado de un proceso de organización que sus protagonistas consideran fundamental para ejercer sus derechos culturales y espirituales.

El Aya Mark'ay Quilla, conocido también como Todos Santos, es una práctica ancestral que reúne a las familias para recibir y despedir a sus difuntos. En los hogares se preparan mesas con alimentos, flores, t'antawawas —panes tradicionales— y objetos vinculados con la memoria de quienes fallecieron. El 2 de noviembre, parte de esas ofrendas se lleva a los cementerios para compartirlas con otras familias y comunidades, en un encuentro de reciprocidad.

foto todo santos – 2018 fotografia maria pomacusi con el sikuri daniel – reinaldo ortega
foto todo santos – 2018 fotografia maria pomacusi con el sikuri daniel – reinaldo ortega

María Pomacusi, mujer originaria quechua e integrante del proceso organizativo, sitúa alrededor de 2006 el comienzo de un período de mayores restricciones institucionales. Según su reconstrucción, hacia 2010 se intensificó la presencia de fuerzas de seguridad en los accesos al cementerio, con controles que dificultaban el desarrollo de las ceremonias. La referente cuestiona que estas prácticas sean tratadas como costumbres extranjeras, cuando forman parte de la vida de pueblos y naciones anteriores a la conformación de los Estados actuales y mantienen una fuerte presencia entre las familias del Bajo Flores y otros barrios porteños.

De las restricciones a la organización comunitaria

En 2017, Pomacusi comenzó a involucrarse en la organización a partir de los relatos que acercó Daniel Paz, integrante del movimiento de sikuris, sobre las situaciones que atravesaban las familias. Ante esas denuncias, un grupo de músicos impulsó una intervención pacífica en las puertas del cementerio para acompañar a las comunidades, visibilizar las restricciones y registrar lo que ocurría durante la jornada. En ese proceso, el trabajo de documentación realizado por el fotógrafo Reinaldo Ortega, cuyos registros permitieron recuperar imágenes de celebraciones anteriores. Para la referente, esas fotografías constituyen una parte importante de la memoria colectiva sobre las condiciones en las que se desarrollaba el Aya Mark'ay Quilla antes de las restricciones denunciadas. 

foto reinaldo ortega 2019 – represión 1
foto reinaldo ortega 2019 – represión 1

Con la colaboración de Elisa Suárez, referente territorial de la Comuna 7, establecieron contactos con autoridades policiales y espacios de seguridad. Tras presentar notas y mantener reuniones, pudieron realizar la intervención, aunque Pomacusi recuerda momentos de tensión con las fuerzas de seguridad. La experiencia permitió recoger testimonios y documentar situaciones como la retención de t'antawawas y otros elementos. También resultaron importantes los registros fotográficos de Reinaldo Ortega, que ayudaron a reconstruir antecedentes de las celebraciones.

A partir de 2018, las comunidades profundizaron la búsqueda de interlocutores institucionales y convocaron a organizaciones sociales e indígenas para acompañar sus reclamos. La organización comenzó a consolidar una Mesa de Trabajo que, con la participación de distintos espacios a lo largo de los años, sostuvo gestiones ante autoridades del Gobierno porteño, responsables del cementerio y representantes comunales.

Para Pomacusi, el conflicto no se limitaba a los controles de ingreso. También cuestionaba una interpretación institucional que pretendía reducir las ceremonias andinas a llevar flores y realizar una oración, desplazando las ofrendas y otras expresiones ancestrales. La referente advierte que estas prácticas no pueden tratarse como actividades administrativas o de promoción cultural desvinculadas de las comunidades que las sostienen.

La participación de abuelas, abuelos, niñas y niños ocupa un lugar central en ese reclamo. Pomacusi recuerda que las familias transmiten sus conocimientos durante las ceremonias y que los controles intimidatorios provocaban temor entre quienes asistían. Según su testimonio, algunas personas optaban por mantener sus prácticas en sus hogares para evitar situaciones de conflicto en el cementerio.

Mariana Amaru, integrante de los sikuris Sartañani, destaca la importancia espiritual de la música durante estas jornadas. "La música significa consuelo, alegría en medio de la nostalgia y, sobre todo, un abrazo musical para quienes despiden a sus seres queridos", explicó. Los sikus, las quenas y los pinkillos acompañan la memoria de los difuntos y forman parte de una práctica que las agrupaciones buscan transmitir a las nuevas generaciones.

Los acuerdos de 2026 y las demandas pendientes

Para la celebración de 2026, la Mesa del Aya Mark'ay Quilla informó que las familias podrán ingresar al Cementerio de Flores con t'antawawas, urpus, frutas, banquitos, paraguas y sombrillas. También anunció condiciones para la participación de agrupaciones de sikuris con sus instrumentos, sin las restricciones horarias específicas que habían enfrentado en años anteriores. Las bebidas continuarán prohibidas, aunque se permitirá llevar botellas vacías para cargar agua dentro del predio.

Los acuerdos incluyen medidas de organización para facilitar el ingreso y la permanencia de las familias, así como procedimientos de identificación y devolución de elementos que no puedan ingresar. Para las comunidades, estas condiciones representan avances concretos después de años de reuniones y gestiones institucionales.

foto: lucia Blasco – Cementerio de Flores
foto: lucia Blasco – Cementerio de Flores

"Todo este trabajo permite el fortalecimiento identitario, permite el fortalecimiento de nuestras culturas preexistentes y de nuestras prácticas preexistentes", sostuvo Pomacusi. La referente destaca que el objetivo es garantizar que las familias puedan desarrollar sus ceremonias sin atravesar situaciones que generen temor o vergüenza en las nuevas generaciones.

Sin embargo, Pomacusi advierte que las dificultades continúan en otros espacios públicos porteños. Denunció restricciones durante el Inti Raymi de 2026 en Parque Avellaneda, donde, según su testimonio, las autoridades impidieron utilizar el fuego ceremonial. También mencionó obstáculos para desarrollar el Mathapi Apthapi Tinku en Parque Los Andes, en Chacarita, y señaló que la colaboración de organizaciones sociales, entre ellas la Mutual Sentimiento, permitió dar continuidad a parte del encuentro en otro espacio.

Mariana Amaru también vincula estos reclamos con la defensa de los derechos colectivos. "No estamos pidiendo permiso para existir. Estamos ejerciendo derechos que nos corresponden como pueblos y naciones indígenas", afirmó.

Para Pomacusi, el propósito de la organización no es destacar a sus referentes, sino garantizar que las familias puedan mantener vivas sus prácticas espirituales y transmitirlas a las próximas generaciones. Entre las demandas comunitarias también aparece el reconocimiento del 2 de noviembre como una jornada que contemple el significado espiritual que tiene para los pueblos andinos.

Los acuerdos alcanzados para Todos Santos en Flores representan avances en las condiciones de celebración, pero no agotan los reclamos. Para las organizaciones, el desafío sigue siendo que el ejercicio de sus prácticas culturales y espirituales no dependa cada año de nuevas negociaciones.

Fuente:

https://www.anred.org/todos-santos-en-flores-anos-de-organizacion-comunitaria-frente-a-las-restricciones-a-las-ceremonias-andinas/

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