¿SE APROXIMA EL FIN DEL SUEÑO LIBERARIO?

26.08.2025

GRAVE ESCÁNDALO DE CORRUPCIÓN SACUDE AL OFICIALISMO

Por más que el Gobierno intente encapsular el escándalo, los audios atribuidos a Diego Spagnuolo, exdirector de la ANDIS y abogado personal del presidente Javier Milei, no solo revelan un presunto esquema de corrupción, desnudan algo más profundo y más incómodo, una contradicción estructural que erosiona el corazón del relato oficial.


Por Juan A Frey

El discurso anticasta, que prometía ser el estandarte de una nueva era política, se desangra por dentro, víctima de sus propias sombras y ambiguedades.

La denuncia no es menor. No estamos ante un funcionario de segunda línea ni frente a una irregularidad burocrática. Lo que se ventila es un presunto circuito de retornos ilegales sobre contratos de medicamentos destinados a personas con discapacidad; uno de los sectores más vulnerables y desprotegidos del país. Y lo que vuelve todo aún más explosivo es que parte de esos fondos, según la acusación, habría tenido como destino final a Karina Milei, hermana del Presidente y arquitecta silenciosa del poder libertario.

La reacción oficial fue veloz, pero superficial. El desplazamiento de Spagnuolo y la intervención de la ANDIS parecen más una maniobra de contención que un gesto auténtico de transparencia. En política, los gestos no solo comunican, construyen sentido. Y cuando el gesto es defensivo, el mensaje es inequívoco, hay algo que se quiere esconder.

La oposición, como era de esperar, olió sangre. Pero más allá del juego parlamentario y las disputas mediáticas, lo que está verdaderamente en juego es el contrato simbólico que Milei firmó con la sociedad. El presidente no llegó al poder como un político más. Llegó como un outsider, como un disruptor, como el que venía a romper con todo. Prometió barrer con la corrupción, dinamitar los privilegios y exponer a los corruptos. Hoy, ese relato enfrenta su prueba más dura; demostrar que no era solo una estrategia de marketing.

Porque si los audios se confirman, si las pruebas judiciales consolidan la hipótesis de una red de corrupción institucionalizada, el golpe no será solo legal, será moral, será político y será simbólico. Será el derrumbe de una narrativa que se construyó sobre la base de la indignación ciudadana, sobre la promesa de un cambio radical, sobre la idea de que "la casta" era el enemigo externo.

La ciudadanía, ya golpeada por el ajuste, los recortes en salud, el deterioro del poder adquisitivo y la incertidumbre cotidiana, recibirá este escándalo como una traición imperdonable. No es solo corrupción. Es corrupción en nombre de la anticorrupción. Es la casta operando desde adentro, con la bandera libertaria como escudo y con el silencio como cómplice.

Y entonces, la pregunta inevitable que se impone: ¿qué queda del relato cuando se lo devora la realidad? ¿Qué sobrevive cuando el discurso se contradice con los hechos, cuando el símbolo se convierte en simulacro?

El Gobierno tiene una oportunidad quizás la última, de demostrar que no es más de lo mismo. Pero para eso necesita algo más que comunicados, desplazamientos y frases de ocasión. Necesita verdad, necesita justicia, necesita coraje político para enfrentar lo que duele. Porque a veces, la casta no está afuera, a veces, la casta está en casa. Y por lo que parece, allí estuvo desde el primer día.