¿De qué espías debemos cuidarnos?

La embajada estadounidense en Buenos Aires, primero a través de un funcionario de segunda línea, y luego a través del embajador mismo, intentó presionar a la Cooperativa eléctrica CALF de Neuquén, para disuadirla de entablar nuevos acuerdos comerciales con la empresa china Huawei, amenazándola con retirar la visa a EEUU a los miembros del Consejo de Administración.
Luego, ratificando esa actitud, el embajador Peter Lamelas, ante Ancham (Cámara de Comercio de EEUU en la Argentina) instó a las empresas locales a dejar fuera a la empresa Huawei de los proyectos estratégicos y vinculó la tecnología de la República Popular China con riesgos para la seguridad nacional y la protección de datos, o sea acusó a las empresas chinas de espionaje.
En 2013, Edward Snowden, ex agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de los EEUU, tras escuchar al director la CIA mentir bajo juramento al congreso de los Estados Unidos sobre que la CIA no guardaba datos sobre millones de estadounidenses; renunció a su puesto y terminó revelando a la prensa mundial que a través del programa PRISM y otros, que les daba acceso a datos de Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, PalTalk, AOL, Skype, YouTube y Apple, esas agencias de inteligencia accedían a datos privados, a cámaras y micrófonos de las computadoras de quien quisieran (incluso con esas computadoras apagadas).
Snowden dijo que no podía «en conciencia, permitir al gobierno de Estados Unidos destruir la privacidad, la libertad en internet y las libertades básicas de la gente de todo el mundo con esta gigantesca máquina de vigilancia que están construyendo en secreto». «No quiero vivir en una sociedad que hace este tipo de cosas… No quiero vivir en un mundo donde se registra todo lo que hago y digo. Es algo que no estoy dispuesto a apoyar ni admitir».
La persecución que siguió contra él, sólo es comparable con la que se hizo contra Julian Assange (también por revelar secretos turbios del Pentágono), llegando al extremo de hostigar y revisar el avión presidencial de Evo Morales por parte de varios países europeos aliados de EEUU en una ocasión en que sospecharon – infundadamente – que Snowden viajaba en esa aeronave.
Desde entonces vive exiliado en el "estado autoritario ruso", imposibilitado de acercarse a su país natal: los "democráticos" EEUU. No sea cosa que vaya a parar a Guantánamo, donde por más de 20 años decenas (que llegaron a ser centenares) de presos, en general sin acusaciones concretas ni derecho a defensa, con la desaparición forzada y la tortura sistemática (verificada en varios casos en los tribunales) van en los últimos tiempos siendo remplazados por migrantes detenidos por el ICE, la "Gestapo" de Trump.
En esa época se ventiló también el espionaje norteamericano a la presidenta de Brasil – que lo denunció en la ONU – y al primer ministro israelí (denunciado a su vez años después, por espiar a Washington). En 2021 se supo que Dinamarca, país de la OTAN que alberga varias estaciones de cables de internet submarinos había ayudado a EEUU a espiar a funcionarios de primera línea de Suecia, Noruega, Francia y Alemania, todos aliados suyos, incluida la premier Angela Merkel.
Sobran entonces las pruebas de que son los EEUU, y usando como vehículo central a las empresas de Silicon Valley en particular, los que espían a los demás países, incluidos sus aliados más estrechos, y a sus propios ciudadanos. Si Argentina quisiera proteger sus datos del espionaje, es precisamente a las empresas norteamericanas – omnipresentes en la tecnología del país – a las que debería expulsar. Además: ¿Para qué usar, por ejemplo, el GPS (estadounidense), si el BeiDou chino es más preciso?
Hay quienes sostienen que tras la muerte de Mao Tse Tung (1976) y el ascenso de Deng Xiaoping y gobernantes posteriores, China ha girado completa y definitivamente hacia el capitalismo; mientras que según la narrativa oficial de ese país lo que está en construcción es un modelo chino hacia el socialismo, que requiere una cuota importante del mercado, en la actual etapa.
Más allá de la posición que se adopte en esta polémica, algunos puntos son claros:
En primer lugar, China atiende sus propios intereses nacionales que – como en el caso de cualquier otro Estado – tienen puntos de coincidencia, pero también de diferencia con los intereses de cada una de las demás naciones, incluida Argentina. Esta no debe pararse con ingenuidad en las relaciones con este país (y tampoco en las relaciones con cada uno de los otros aproximadamente doscientos países del planeta).
En segundo término, mientras que el complejo industrial militar de los EEUU es una parte central de su economía y necesita armamentismo y guerra permanentes; en cambio, para desarrollar su exitoso expansionismo económico, China necesita condiciones de paz. ¿Qué es mejor para Argentina? ¿Guerras o Paz?
Las elites gobernantes en los EEUU han considerado desde siempre – y hoy con mucha más fuerza – que los recursos soberanos de todos los países latinoamericanos incluida Argentina, les pertenecen por "Destino Manifiesto". Por lo tanto, reafirmar nuestra independencia es, sobre todo, luchar contra esa prepotencia; lo que no excluye los acuerdos, incluso con este país, pero únicamente sobre la base del respeto irrestricto de nuestra soberanía.
Está claro respecto de quien debemos tener nuestras mayores prevenciones.
Alberto Cortés
20/8/2026
