9 de julio: 210 años de uno de los momentos más críticos

Uno de los mayores valores de la Declaración de la Independencia Nacional, del 9 de julio de 1816, consiste en las circunstancias mundiales, hispanoamericanas y locales en que la misma se produjo.
En Europa, tras la Revolución Francesa de fines de 1780, principios de 1790, la pasión revolucionaria y libertaria (en el buen sentido de la palabra, opuesta a su manoseo actual), había dejado su lugar a un imperio, el de Napoleón, que había conquistado buena parte del continente (el Occidente del mismo, ya que el Oriente seguía en manos del imperio turco-otomano, en disputa con el ruso, el austríaco y luego, los independentismos). Entre las conquistas napoleónicas estaba España, metrópoli de otro imperio que abarcaba la mayor parte de América, creando las condiciones para las rebeliones (al principio encubiertamente) anticoloniales, que comenzaron en La Paz en 1809, pero que se repitieron en numerosas ciudades importantes, desde la Nueva España (actual México) hasta Santiago de Chile.
Una de ellas fue la formación de la Primera Junta en Buenos Aires.
Pero en 1815 Napoleón fue derrotado definitivamente en Waterloo por una coalición de monarquías, que conformaban la Santa Alianza, y que tenían el explícito objetivo de barrer todo rastro de liberalismo y republicanismo.
Ya en 1814, Fernando VII fue repuesto en el trono de Madrid, restaurando el absolutismo, y una de sus primeras acciones fue preparar un gran ejército para recuperar las colonias americanas. Esa expedición estaba inicialmente destinada a invadir las Provincias Unidas del Río de la Plata. Pero luego se priorizó atacar las fuerzas de Bolívar. Este se vio obligado a refugiarse en Jamaica y recién pudo volver a Venezuela y comenzar a retomar la ofensiva, con la ayuda decisiva del gobierno haitiano, entre mediados y fines de 1816.
Apenas al mes siguiente del Congreso, las tropas del Imperio del Brasil invadieron la Banda Oriental iniciando una guerra de varios años, que terminó con la derrota y el exilio de Artigas. Este, venía de un conflicto prolongado con los gobiernos de Buenos Aires, que rechazaron sus delegados a la Asamblea del año XIII, y no tuvo participación en el de Tucumán. Esa disputa debilitaba, además, a las Provincias Unidas frente a sus enemigos exteriores.
En tres ocasiones las fuerzas patriotas habían intentado la incorporación a la Revolución, del Alto Perú (Hoy Bolivia), parte del Virreinato del Río de La Plata (pero anexado provisionalmente por el Virrey del Perú tras los sucesos de Buenos Aires de 1810). Las tres fueron vencidas por los realistas. La importante labor de reivindicación de los indígenas explotados por Juan José Castelli, responsable político en la primera expedición, ayudó decisivamente a que el pueblo altoperuano mantuviera una permanente rebelión contra el español. Pero la independencia definitiva y formal, recién se consiguió en 1825; tras la llegada de las tropas bolivarianas encabezadas por Sucre, que habían dado en Ayacucho (diciembre de 1824), el golpe definitivo al poder español en América del Sur.
Mientras tanto, desde ese bastión en el Alto Perú, los realistas intentaron en reiteradas ocasiones realizar invasiones al territorio hoy argentino. Precisamente en ese año 1816, preparaban una, que se concretó en diciembre.
En México, los dos principales líderes independentistas, habían sido capturados y ejecutados: Miguel Hidalgo (1811) y José María Morelos (1815), entrando el movimiento en un estado meramente defensivo, logrando la independencia recién en 1821.
Haití, la única rebelión de esclavos triunfante en la Historia, estuvo dividida entre 1807 y 1820 entre el reino de Christophe, al norte y la República encabezada por Alexander Pétion al Sur. Este, colaboró con los patriotas mexicanos y acogió y dio apoyo esencial a Simón Bolívar. Pero la nación de ex esclavos era vista con temor y resentimiento por gran parte de los países, lo que, además de su división; limitaba su comercio y su desarrollo económico y, en consecuencia, su incidencia política continental, más allá de la gran visión de Pétion.
En resumen, difícilmente las condiciones internacionales, e incluso las internas, dado el conflicto incipiente entre los que serían llamados luego unitarios y federales, podrían haber sido peores. El propio San Martín, gobernador de Cuyo, lo sintetiza en carta al delegado cuyano al Congreso de Tucumán, Tomás Godoy Cruz: "Seis años contamos de revolución y los enemigos victoriosos por todos lados nos oprimen".
Con el país completamente aislado, el único que restaba a la corona española para restablecer su control total del continente; un contexto hiper desfavorable; y sin embargo, en esa y otras cartas, el Libertador urgía la reunión del Congreso y la declaración de Independencia. Una semana después del 9 de julio, escribió: "Ha dado el congreso el golpe magistral con la declaración de la independencia".
Se confiesa republicano, pero consciente de la dificultad de que una nueva república fuera aceptada en el contexto internacional de ese momento, propició una monarquía constitucional (En España, contemporáneamente, desde la derrota de los invasores napoleónicos, pasó a ser feroz la lucha entre partidarios de una monarquía absoluta o una constitucional).
Simultáneamente construía a toda velocidad (él mismo confiesa que el tiempo no le alcanzaba) el ejército con el que – llegado el verano y el deshielo en la cordillera – invadiría Chile, para desde allí marchar a derrotar a los realistas en el centro de su poder en Sudamérica: Lima, como detalla en carta al Director Alvarez Thomas.
Este 9 de julio, ahora de 2026, es conveniente recordar y tener en cuenta esas circunstancias. Hoy, el marco nacional de restauración de una colonia, presidido por Milei; y latinoamericano, de agresión directa (Cuba, Venezuela) e ingerencia descarada en las elecciones de nuestros países, del imperio de turno (EEUU), imponiendo candidatos de ultraderecha con fraude electoral incluido en algunas (Ecuador, Honduras) y favorecido por la división de las fuerzas populares en otros (Bolivia); se asemejan, por su negatividad a las circunstancias que enfrentaron San Martín, Belgrano, Güemes, y los patriotas de esa época.
Entonces y ahora, a pesar de las derrotas, numerosas resistencias se alzaban y se alzan por doquier en el continente. Por ejemplo, dice Bartolomé Mitre (pésimo argentino, pero buen historiador): "Pezuela (Gral español), vencedor en el campo de batalla de Vilcapugio, Ayohuma y Sipe Sipe, pudo considerarse dueño del Alto Perú. Empero, el país vencido, pero no domado, se resistía a prestarle obediencia…". En esas, y muchas otras resistencias, se apoyaban los patriotas que proponían pasar a la ofensiva. Las marchas de los 24 de marzo, una menos, por las Universidades públicas y mil luchas más, documentan la resistencia actual contra la entrega mileísta.
El presente retroceso de las fuerzas populares en América Latina, además, se da en un escenario internacional, donde el principal enemigo de los latinoamericanos y la Humanidad: las élites (tanto republicanas, como la nomenklatura demócrata) que gobiernan los EEUU, tras la fachada de una falsa "democracia"; están perdiendo incesantemente el control del planeta que – hasta hace una década y media atrás – dominaban.
Trump, que vino a tratar de frenar ese declive y hacer a "América (EEUU) grande de nuevo", está incluso, acelerándolo, por su torpeza y su inclinación a dejarse arrastrar por Netanyahu, que lo llevó a la derrota en Irán. En Ucrania (guerra forzada por la OTAN, bajo la conducción de los demócratas globalistas, en especial con el golpe de 2014) Rusia acaba de conquistar, hace una semana, después de una larga y encarnizada batalla, la ciudad de Konstantínovka, clave para lo que le faltaba ganar del Donbass.
Honrar esa tradición gloriosa de San Martín y demás héroes de la independencia (la inmensa mayoría anónimos), pasa hoy por no desanimarse y dejarse ganar por el pesimismo, por las victorias temporarias del imperialismo y sus agentes; trabajar para construir el proyecto de verdadera y definitiva emancipación y unidad latinoamericanas, de los cuales San Martín, Bolívar, Pétion y muchos más, fueron un capítulo importante de un libro que hoy debemos seguir escribiendo. Defender los bastiones de esa lucha que hoy resisten asediados, en especial Cuba; en la seguridad de que, más temprano que tarde, nos llegará también el turno de pasar a la ofensiva, como lo hicieron en 1816.
Alberto Cortés
