Colombia, Bolivia y Perú

04.06.2026

El domingo pasado se realizó en Colombia la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Los resultados de lo que en Argentina llamamos escrutinio provisorio (inmediato, pero sin valor legal) asignaron al candidato de la ultraderecha, el abogado de estafadores, paramilitares y funcionarios corruptos condenados en ese país y los EEUU, Abelardo de la Espriella, 43,7%; al del Pacto Histórico, oficialista, el senador defensor de DDHH, Iván Cepeda, el 40,9%. La candidatura de Paloma Valencia, representante de la derecha tradicional de este siglo (seguidores del ex presidente Álvaro Uribe), se hundió al 6,9%, muy por debajo de lo que le asignaban las encuestas.

Representantes de sectores centristas como Sergio Fajardo y Claudia López, obtuvieron el 4,26 y 0,95% respectivamente.

El presidente Gustavo Petro inmediatamente posteó que sólo aceptaría los resultados del escrutinio definitivo (el único con valor legal). Hay que tener presente que el software electoral se privatizó hace años, bajo los gobiernos neoliberales y se entregó a la empresa colombiana Thomas Greg & Sons. Esta empresa – sospechada también de haber participado en el fraude en Honduras a favor del candidato trumpista – tiene además intereses en el lucrativo negocio de fabricación de pasaportes, y Petro había denunciado un pacto entre la empresa y Espriella, vinculado con ese negocio y con la manipulación de esta elección. En elecciones anteriores el Pacto recuperó cientos de miles de votos que el software no había tenido en cuenta, sumando 5 senadores. Petro y Cepeda denunciaron además otras irregularidades.

Así, aun tomando con pinzas los resultados provisorios de la primera vuelta, Iván Cepeda deberá sumar una cantidad importante de apoyos para ganar el 21 de junio, objetivo que no es seguro, pero sí bien posible.

Paloma Valencia no sólo salió de inmediato a apoyar al ultraderechista, sino a tratar de convencer a otros ex candidatos de hacer lo mismo. Tuvo que incluir en la lista de los "a convencer" a su propio ex candidato a vice, Juan Daniel Oviedo, un representante de la diversidad sexual, que había sido puesto en esa fórmula para intentar atraer votos del centro. Oviedo (objeto durante la campaña de agresiones homofóbicas de Espriella) se distanció, al menos inicialmente, del Milei colombiano.

Hay analistas que sostienen que el voto más derechista del uribismo ya se pasó a Espriella (por ello, la polarización y el avance de este con relación a las encuestas), quedándole sólo los de centro, que son más disputables por ambos candidatos.

Claudia López se manifestó a favor de Cepeda. Fajardo (que tiene bastantes coincidencias programáticas con Cepeda) posiblemente no de una definición clara, sino que ha pedido un debate centrado en "propuestas".

Pero, además, la participación fue del 57,9% (el voto no es obligatorio), o sea que hay un 42,1% de no votantes, parte de los cuales podrían sí hacerlo en la segunda vuelta, y hasta definir la elección. En 2022, algo de esto ocurrió y fue clave en el balotaje.

La ingerencia de la fraudulenta narcodictadura de Daniel Noboa, de Ecuador, fue hasta ahora, la principal mano del trumpismo en la elección (además de declaraciones de Marco Rubio y del senador republicano nacido en Colombia, Bernardo Moreno). Noboa puso elevados aranceles a las importaciones colombianas, perjudicando sobre todo a las poblaciones fronterizas. Las acaba de levantar, por orden de la Comunidad Andina. Pero atribuyó falsamente ese levantamiento a un posible triunfo de la derecha colombiana, con cuyos candidatos se reunió. Además, la derecha internacional ha intervenido de otras formas, como el "Hondurasgate".

En Bolivia, el Movimiento al Socialismo, había gobernado exitosamente el país entre 2006 y 2019, con Evo Morales; haciéndolo pasar del grupo de naciones con bajos ingresos, al de ingresos medios, y sacando de la pobreza a grandes sectores, en especial rurales. En 2019 un golpe de Estado impidió la reelección de Evo e instaló a una usurpadora. Un año después, proscripto Evo, el MAS se presentó con Lucho Arce (ex ministro de Economía de Evo) y arrasó. Sin embargo, durante su presidencia, el MAS se dividió por el conflicto entre ambos, y la economía entró en problemas. Ello permitió que, en las elecciones de agosto de 2025, los dos primeros lugares, fueran ocupados por Rodrigo Paz y Jorge "Tuto" Quiroga. El primero proveniente de una histórica familia política, inicialmente a la izquierda, pero progresivamente volcada al centro y la derecha. Quiroga, un inequívoco representante de la derecha, hizo campaña proponiendo el ajuste económico y la aniquilación del MAS. En la campaña para el balotaje, Paz propuso un camino más gradualista, y recibió el apoyo de muchos sectores populares, justamente los que hoy lo cuestionan.

Una vez en el gobierno, sin embargo, aplicó propuestas de shock parecidas a las que pregonaba su adversario en la segunda vuelta. Produjo la brusca eliminación del subsidio a los combustibles, encareciendo drásticamente el transporte y todos los precios, y agravada por la provisión de gasolina adulterada (llamada popularmente "gasolina basura", con alto grado de impurezas), que arruina los motores; al tiempo que derogó el Impuesto a las Grandes Fortunas y otros similares; y se sumaron medidas como la "Ley de Tierras" (1720), que habilitaba a que las pequeñas propiedades campesinas fueran objeto de hipotecas (con lo que el sistema financiero y el agronegocio se terminaría adueñando de muchas de ellas). Todo ello generó protestas con un pliego de reclamos, la mayoría de las cuales fueron desoídos por Paz (con excepción de la ley agraria que fue derogada y una reestructuración ministerial que encendió aún más los ánimos). Se radicalizó así la protesta y convergieron los reclamos de diversos sectores que hoy levantan como bandera directamente la renuncia del presidente. El conflicto (inicialmente concentrado en La Paz y su municipio vecino El Alto) se extendió a todo el país.

Gran parte de las medidas de lucha son cortes de rutas que obstaculizan el suministro de las ciudades, encareciendo los precios, en especial para los sectores medios. Los sectores populares suelen tener relaciones más directas con el campo y frecuentemente logran aprovisionarse mejor.

El Congreso dominado por la derecha, aprobó la quita de obstáculos para que el presidente pueda declarar el Estado de Excepción y recurrir a las FFAA para reprimir. Sin embargo, los percances judiciales sufridos por jefes militares que participaron en las masacres posgolpistas de Sacaba y Senkata (2019), y en la asonada militar contra Arce (2024), hacen que no sea tan sencilla la decisión de una represión del grado que se necesitaría para aplastar una movilización tan masiva y en un pueblo con una larga tradición de lucha.

Aunque Paz exacerba la demonización de Evo Morales, sus seguidores, si bien participan de la lucha; no la lideran, sino que esa conducción está a cargo de las fuerzas sociales que han unificado sus reclamos.

En Perú, el próximo domingo 7 se realiza la segunda vuelta de la elección presidencial entre Roberto Sánchez, ex Ministro de Comercio Exterior y Turismo del presidente Pedro Castillo, (depuesto y encarcelado); y Keiko Fujimori, la ultraderechista hija del ex dictador Alberto Fujimori. Keiko ya fue derrotada en tres balotajes presidenciales por candidatos de diversas ideologías, pero que en cada caso lograron condensar el repudio de la mayoría del pueblo peruano al fantasma del ex dictador, pese a ser su partido el más fuerte.

Amenazas de lawfare tratan de impedir el triunfo de Sánchez, y Keiko a su vez tiene una situación judicial tal, que muchos sostienen que su candidatura es principalmente una búsqueda de impunidad.

Un Congreso corrupto y desprestigiado (con un 82 a 90% de repudio popular), complementa el escenario que enfrentará el próximo presidente, y que ha creado una insólita inestabilidad de la presidencia peruana en los últimos años, con ningún presidente logrando terminar su mandato (8 presidentes – sólo 2 electos por el pueblo- en 10 años). No obstante, en la actual correlación de fuerzas parlamentarias, cualquiera sea el ganador; cada uno de ellos tiene – por fuerza propia o por alianzas que lo respaldan – más de 1/3 del Congreso, lo que impediría al resto alcanzar los 2/3 necesarios para vacar (destituir) a un presidente.

América Latina es hoy, como pocas veces en su historia, un territorio de disputa entre "el destino manifiesto" del dictador de Washington, que se pretende dueño de todo el hemisferio; y los pueblos latinoamericanos y caribeños que luchan – como en el siglo XIX – por su independencia, contra un imperio que tiene – como entonces -, sus representantes en cada país.

Alberto Cortés

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