El mayor crimen de la dictadura trumpista en América Latina

08.01.2026

La criminal incursión de la dictadura de Donald Trump contra Venezuela, en violación a: la soberanía, el derecho a la autodeterminación, prácticamente todas las normas del derecho internacional, comenzando por la Carta de la ONU, y hasta de la propia Constitución Estadounidense; se inscribe en la lógica de la estrategia fijada en el documento del departamento de Estado hace pocas semanas, donde reactualizaba las pretensiones de la doctrina Monroe, considerando a todo el continente como propiedad de los EEUU (o sea de la oligarquía que gobierna esa plutocracia del norte).

Las propias declaraciones de Trump dejaron bien pronto completamente en claro, cuál es su interés real sobre Venezuela: El petróleo. Chávez lo había analizado con meridiana claridad – entre otras ocasiones – en una entrevista con una periodista colombiana, quien le insinuaba estar paranoico con la posibilidad de que EEUU atacara Venezuela. No había paranoia. Todas las previsiones de Chávez hoy están confirmadas.

Así, en pocos días el "Cartel de los Soles", cuya inexistencia había sido proclamada numerosas veces por el Presidente Constitucional de Venezuela, Nicolás Maduro, y otros funcionarios de su gobierno; y cuya supuesta jefatura por Maduro era la principal acusación en su contra; pasó a ser considerada inexistente por el propio gobierno norteamericano. Quedaron pedaleando en el aire – entre otros – el "sobador de la quena" de Trump: Javier Milei, y su ladera Bullrich, que habían hasta declarado "organización terrorista" a algo que se sabía que no existía, por mero chupamedismo a EEUU, sin siquiera la prudencia de considerar que lo que Trump dice a la mañana, frecuentemente lo contradice a la tarde.

Otra que quedó en falsa escuadra es la lideresa del sector terrorista de la oposición venezolana, a diferencia de otros más democráticos que participan del juego institucional, con críticas – a veces feroces- al chavismo; pero que no se han aliado abiertamente con delincuentes y narcos para promover todo tipo de actos de violencia, como Corina Machado. Entre los no-terroristas, Enrique Capriles, que acaba de asumir como diputado, y que alguna vez llegó a ser un candidato muy competitivo contra el mismo Chávez, mientras que Machado sólo llegó a sacar pequeños porcentajes cuando se presentó.

Trump logró un golpe importante al secuestrar a la principal figura del gobierno venezolano, en una operación no exenta de riesgos. Él mismo acaba de confesar que temió que se repitiera el fiasco de 1980, cuando el gobierno de Carter intentó rescatar, en un operativo que también implicaba una operación comando de entrada y rápida salida en la capital de otra nación (en aquél caso Irán), a un grupo de rehenes estadounidenses, y todo terminó en un fracaso.

Consiguieron secuestrar al presidente, pero ello no implica en absoluto, el desmoronamiento del gobierno bolivariano, como pretenden presentar muchos medios hegemónicos. El Estado siguió su curso, de acuerdo a las previsiones de la Constitución, asumiendo la vice, Delcy Rodríguez, como presidenta encargada. Aunque puede haber habido alguna traición en el entorno de Maduro, que deberá ser investigada; está claro que circulan especulaciones a rolete para tratar de generar desconfianzas entre las filas progresistas, sin que tengan asidero en su abrumadora mayoría.

Es real, sin embargo, que la demostración de fuerza de la dictadura de Washington, genera una gran presión sobre el gobierno venezolano (y otros gobiernos latinoamericanos), y que la negociación – que ya había sido propuesta reiteradamente por Maduro (e implementada inclusive en casos como el de los migrantes venezolanos secuestrados en El Salvador por EEUU) – se realiza ahora en condiciones aún más favorables a Trump, que las que ya implicaban la presencia amenazante de su flota en el Caribe.

Hasta mediados de la década de 2010, cuando – muerto Chávez – los gobiernos norteamericanos estimaron que era posible volver a intentar el derrocamiento de la Revolución Bolivariana, entre otros métodos, mediante la asfixia económica, Venezuela padecía – como les había pasado a otros países (Holanda en particular)- una dependencia extrema de las exportaciones petroleras (que se hacían mayormente a EEUU). La principal forma (además del terrorismo, los sabotajes y una furiosa campaña mundial de mentiras en toda la prensa y otros medios manejados por el aparato propagandístico de Washington, bajo la fachada de "prensa independiente") de intentar imponer un gobierno títere, había sido estrangular esas exportaciones. Consiguieron crear una fenomenal crisis económica (que se ha comenzado a revertir rápidamente en los últimos años, disminuyendo además la dependencia del petróleo). Esta impulsó la emigración de millones, pero no consiguieron el derrocamiento del gobierno. De allí, la actual recurrencia a la superioridad militar directa e indisimulada.

Sin embargo, invadir el territorio, imponer otro gobierno (como sueña Corina Machado), sería probablemente viable por la aplastante capacidad del imperio que dominó al mundo y ahora lo está perdiendo; pero que en el terreno militar es aún – por ahora - el aparato más poderoso. Sin embargo, ello llevaría muy posiblemente, a una situación como la de Vietnam o Afganistán, donde esa superioridad militar, a la larga, se convirtió en derrota. La desestabilización se extendería a otros países del continente. China podría aprovechar para invadir Taiwan, Irán avanzar decisivamente en Asia Occidental, o Rusia extender aún más su influencia. Además, si es objetivo central de Trump, que empresas norteamericanas tengan un rol decisivo en el desarrollo de la explotación del petróleo venezolano (la reserva más grande del mundo, pero explotada en muy pequeña medida), ello requeriría grandes inversiones que esas empresas no estarán dispuestas a hacer en medio de semejante caos.

De allí que se haya limitado a dar un fuerte golpe localizado, y luego se siente a negociar con el gobierno legal de Venezuela las condiciones de esos acuerdos petroleros. Fiel a su estilo bravucón, y tal como ocurrió (y ocurre) con la guerra arancelaria y otras políticas, las declaraciones desde Washington son grandilocuentes e intentan mostrarse como los dueños absolutos de la pelota. El mismo Trump lo dijo, cuando le preguntaron quien manejaba la situación. Dijo que no quería responder porque la respuesta sería muy polémica. Pero a continuación dijo que EEUU estaba en control. Efectivamente, es muy polémica.

Trump blanqueó también, además de la inexistencia del "Cartel de los Soles" y - en absoluta contradicción con todo lo que la prensa hegemónica vende por el mundo - afirmó que el sector de Corina Machado y Edmundo González carece de apoyo popular en Venezuela (¿Cómo?¿No decían que eran los verdaderos ganadores de las elecciones de 2024?), y que, por tanto, encumbrarlos en el gobierno por la fuerza, traería más problemas que soluciones al objetivo estadounidense de acceder al petróleo venezolano.

La verdadera importancia de ese petróleo puede tener varias vertientes: Obviamente la dimensión energética en sí, aunque esta está relativizada por el gran aumento de la producción hidrocarburífera estadounidense en las últimas décadas, mediante el fracking (a expensas del medio ambiente), que los convirtió incluso en exportadores. También el temor de que las ventas de petróleo de Venezuela a otros países, China en especial, se hicieran crecientemente en monedas diferentes del dólar (como ya hacen otros, en especial Arabia Saudita con China); socavando sustancialmente, el poder de chantaje del sistema financiero estadounidense.

Lo cierto es que lo decisivo que está hoy en juego en las relaciones entre Venezuela y EEUU, es principalmente los términos de esa negociación. Cuánto logra EEUU imponer con la presión que ejerce. Cuánto avanza en reducir o contener al menos las crecientes relaciones con los demás componentes del mundo multipolar que está remplazando la hegemonía norteamericana en decadencia; cuál es el impacto (positivo o negativo, ambas cosas son posibles) de esas negociaciones en la economía venezolana, que viene recuperándose a gran velocidad del pozo en que las sanciones la habían hundido, en los últimos años. Cuál es el lugar en esa negociación de la libertad del más importante de todos los presos políticos (que son muchos) que tiene la dictadura norteamericana: el Presidente Nicolás Maduro. Anteriormente, el gobierno bolivariano había conducido negociaciones exitosas para liberar otros rehenes, como los 252 de El Salvador, y el representante Alex Saab. Tal como entonces, el pueblo venezolano está en movilización permanente tras esos objetivos.

Muchos analistas estiman que este pateo por parte de Trump del tablero de todas las reglas y acuerdos del mundo civilizado, le pueden traer algunos éxitos inmediatos, pero que tiene grandes posibilidades de jugarle en contra a la larga, y acelerar el declive del imperio norteamericano.

Las enormes, flagrantes y visibles contradicciones del discurso imperialista, cambiando impactantemente en pocos días, crean además condiciones (en el mundo, y en Argentina; no sólo en Venezuela y América Latina) para el resquebrajamiento del "Poder Blando", la gigantesca máquina propagandística de Washington, muy superior a la del Tercer Reich; que a los ojos de muchas personas – incluso de buena fe – han logrado durante décadas llamar "libertad" a la opresión y "democracia" (gobierno de todo el pueblo) a la plutocracia (gobierno de los ricos).

Alberto Cortés