El viraje oportunista

10.09.2026

Desde que llegó a la presidencia, y aún antes, tanto Javier Milei como su séquito "libertario", dieron sobradas muestras de escaso interés – cuando no abierta oposición – a la causa Malvinas.

Desde la declaración de su diputada Sabrina Ajmechet, "Las Malvinas no fueron, no son, ni serán argentinas", pasando por "Las islas Malvinas se las podríamos haber dado" (a cambio de vacunas contra el COVID, Patricia Bullrich); otras de sus cancilleres Mondino y Quirno; hasta la más grave de todas, por su rol institucional, del propio Milei, al expresar, en su discurso del 2 de abril de 2025, la tesis británica del derecho a decidir de los isleños, contrapuesta completamente a la posición argentina, de 60 años, recogida por la ONU.

Igualmente, la omisión de todos los deberes de funcionario público, en lo referente a cuestionar el paso de barcos de guerra ingleses por aguas argentinas sin aviso; así como el apoyo logístico chileno a la ocupación británica de las islas, al tiempo que reivindicaba al corrupto dictador chileno aliado de los ingleses, etc.

En todos los casos, los dicentes recularon en chancletas, al percibir (tarde) que eran pésimas declaraciones para cualquiera con alguna pretensión de apoyo electoral dentro del país.

El caso de Milei repite el recorrido de Galtieri que, en las semanas previas al 2 de abril de 1982, había registrado varias importantes movilizaciones populares de gran escala, atreviéndosele por primera vez a la dictadura genocida en esa magnitud. Así, emprendió la aventura de invadir, interpretando también ambos, que la profundidad de su alianza con los gobiernos de EEUU (y algunos gestos de éstos), los ayudarían a colocarse como grandes defensores de la soberanía nacional, que uno y otro venían de arrastrar por el piso.

En el caso presente, el veloz hundimiento de las pretensiones reeleccionistas, a la luz de las encuestas; sólo ralentizado por las internas del peronismo y actitudes inexplicables de algunos de sus representantes (voto a favor de los corruptos jueces del macrismo en el Senado, quienes, de inmediato mostraron para quién juegan); llevó a Milei a su más grande jugada – hasta ahora -, opuesta 180° a su profusamente explicitado pensamiento thatcherista y reaganiano; si es que realmente la efectiviza. El Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM) de La Plata ya comenzó a exigírselo.

Usó la cadena nacional, método ampliamente cuestionado en épocas kirchneristas por cierta prensa, que ahora, en cambio, consiente; y en la cual fue presentado, falsamente, usurpando de nuevo el título de "doctor", que no tiene. Allí hizo una serie de anuncios que, en primer lugar, pasaron por la intención de empezar a cumplir la Ley 26.659, impulsada por Pino Solanas, en 2011 (y profundizada al terreno penal en 2013); que establece sanciones a todos los que realicen o colaboren con la exploración y explotación de hidrocarburos en nuestra Plataforma Continental (que incluye a Malvinas), sin autorización del Estado Argentino. En otro lugar bien diferente y mejor, estaríamos si la hubiera cumplido desde que llegó a la presidencia. La demora argentina fue clave para que las empresas israelí y británica que están por robar el petróleo argentino, sumaran inversores.

Circunstanciales conflictos del Reino Unido con los gobiernos norteamericano (por la resistencia a aumentar sustancialmente su presupuesto de defensa - comprando armas estadounidenses - y a colaborar con su guerra de agresión contra Irán) e israelí (por la oposición a su política expansionista en Cisjordania, implementada con milicias fascistas, denominadas "colonos") dispararon declaraciones oportunistas de Trump y de ministros sionistas, que podían permitir (sólo a los más ilusos) suponer algún acercamiento de esos gobiernos a las posiciones argentinas en el tema Malvinas. En el caso del dictador de Washington, además de ser famoso por sus constantes cambios de posición en horas; a menos de una semana del discurso de Milei (casi seguro redactado por un algo reoxigenado Santiago Caputo), restableció buen diálogo con el premier británico, Andy Burnham.

Aunque el tono y la pretensión "soberanista" del discurso de Milei, seguramente lo llevaron a omitir explicitar los aspectos más antinacionales y antipopulares de lo que realmente cranea; es de preocuparse cuál es la ingerencia norteamericana que planea en la ahora resucitada (después de haber sido desfinanciada por el mismo Milei) base militar en Ushuaia y las implicancias de constituir un "Consejo de Seguridad Nacional" que, con los antecedentes del actual gobierno, es más susceptible de ser empleado para la vigilancia de opositores, la represión y la corrupción; que para protegernos de los ingleses.

Lo que parece no haber calibrado son los alcances de intentar cumplir con las leyes malvineras; dado que la maraña y entrecruzamiento de intereses empresarios rápidamente pone en la mira a numerosas empresas que han sido – hasta la semana pasada – mimadas de Milei, incluso a través del RIGI.

Ausente está, de los anuncios (exclusivamente sobre hidrocarburos), cualquier reclamo por la igualmente ilegal explotación y depredación de los recursos pesqueros en torno a las islas, que ya se viene produciendo desde hace tiempo.

Son muy recientes sus declaraciones como para medir si este viraje le permitirá recuperar algo de oxígeno electoral. De todas maneras, es poco probable que sean muchos los argentinos dispuestos a comer vidrio tantas veces seguidas.

Alberto Cortés

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