¡Fin!

Tal como era previsible desde un comienzo (pero sin ninguna claridad de cuando ocurriría), la paciencia de los argentinos con el plan de Milei, se agotó.
Los dos gobiernos anteriores habían generado expectativas en buena parte de la sociedad. Conviene dejar claro que no eran las mismas "buenas partes de la sociedad" para cada uno de esos dos gobiernos. Hay un sector fluctuante que se suma, en algunas etapas al núcleo duro del peronismo y en otras al del neoliberalismo (más allá de que dentro de la dirigencia peronista no faltan algunos merituados también para el segundo grupo). Esas expectativas se vieron defraudadas, especialmente para el sector fluctuante.
A pesar de las incesantes mentiras de Milei, y las manipulaciones estadísticas del INDEC, la catástrofe económica y la falta de perspectiva de mejoría, después de más de dos años, han hecho conciencia en grandes sectores de la población. El tercio que depositó esperanzas en el peluca, se suma ahora al que en ningún momento comió vidrio.
Los indicadores de pobreza son un ejemplo de esas falsificaciones: La devaluación inaugural de Milei provocó un salto inflacionario que llevó la pobreza del 41 al 52%. Luego, cierta baja de la inflación, sumada al mantenimiento de la Asignación Universal por Hijo, que el gobierno aumentó por encima del IPC (índice general de precios), como también de la Tarjeta Alimentar (aunque luego la congeló prácticamente), produjeron algún descenso de la pobreza. Pero, además, el INDEC comenzó a ESTIMAR (no a medir, que es casi imposible) los ingresos de los trabajadores informales, incluyendo ahora este tipo de ingresos (que antes no se contabilizaban).
Así, según este organismo, una persona que antes era pobre, después de esta manipulación, ganando lo mismo, y con cierta inflación en el medio, ¡ahora ya no es más pobre! De este modo, se produjo el "milagro" de "reducir" notablemente la pobreza, mientras cae el consumo de leche, alimentos, ropa, etc; más gente vive en la calle, y los trabajadores con un empleo buscan otro más, porque no les alcanza. Según este dibujo, mientras el salario real de los trabajadores formales privados caía (algo), también el de los estatales (mucho); el ingreso de los informales supuestamente subía bruscamente. Esto, en medio de una de las peores recesiones, que ha hecho caer las ventas (incluso y especialmente de los vendedores informales), reducirse las changas, etc. A esta falsificación del ingreso de la población, se suma además el deliberado retraso en actualizar el perfil de la canasta básica, para que el costo de vida parezca menor de lo que en realidad es.
A todas luces falso. En base a esos disparates, Milei alardeó una pretendida reducción de la pobreza, inflando cada vez más esa imaginaria disminución (llevándola escalonadamente desde 8 hasta 15 millones, en distintas intervenciones).
Muchas familias no pudieron reducir sus consumos en la magnitud que la caída de sus ingresos – fruto de la política mileísta – los forzaba. Optaron por endeudarse. Primero con los bancos (vía tarjetas de crédito, créditos personales, u otros), también con billeteras virtuales y; finalmente, en especial en los barrios humildes, con los narcos (que vienen creciendo alentados por la política actual, pese a un discurso en contrario), o con simples usureros de diverso pelaje. Los exponencialmente crecientes niveles de mora, que denotan a los que ya no pueden cubrir esas deudas, es la muestra numérica.
Esta misiadura extrema de los sectores populares y medios, combinada con escándalos de corrupción de la casta libertaria, que no paran de aflorar (y que tal vez podrían haber pasado relativamente minimizados en otro contexto económico, y sobre todo de expectativas) es la que agotó la paciencia de la mayoría, como se percibe en todas las encuestas, en la calle, y en momentos pico de la movilización social. Incluso, en el repudio masivo de estudiantes secundarios a exponentes libertarios, en un evento supuestamente "educativo".
Además, tal como habían advertido numerosos observadores, la motosierra que recortó al Estado (en los aspectos que hacen al bienestar social y las obras de infraestructura esenciales, no en los privilegios de la casta mileísta) y que fue una de las herramientas para inducir una brutal recesión, generó una caída de la(s) recaudación (es) fiscal(es) (de Nación, provincias y municipios); que ahora obliga a más motosierra, si se pretende mantener la ficción de déficit fiscal primario cero. Esto a pesar de algunas tibias medidas de flexibilización de encajes bancarios, en sentido opuesto a lo que se venía haciendo, pero que no han mostrado, por el momento, efectos significativos.
Las políticas y los cambios que Milei logró llegar a hacer tienen únicos beneficiarios: La oligarquía empresarial, financiera, tecnológica, agropecuaria, minera (y aún, parcialmente industrial), aliada al capital extranjero – norteamericano en primer término -; que se ha venido enriqueciendo mientras la mayoría se empobrecía, y que ahora se prepara para retirar sus ganancias del país (con el consecuente riesgo de agudizar la ya problemática balanza de pagos, pese al crecimiento de exportaciones no tradicionales, hidrocarburíferas y mineras, subfacturadas especialmente éstas).
Estos sectores apostaron a Milei (como antes a la dictadura, al menemismo, y a Macri); con la única meta de acrecentar sus ganancias a expensas de la mayoría del pueblo. Ahora, huelen el fin del ciclo y buscan perpetuar esas reformas, y si pueden, profundizarlas.
Preparan ahora candidatos para remplazarlo y, como es habitual, manejan varias cartas. Entre ellas, además de las más obvias como Bullrich, Macri (poco viable, por su escasa perfomance en las encuestas), y otros; buscan colonizar también las que aparecen en la principal oposición, contando para ello sus cabeceras de playa en el peronismo, con Massa – un buen amigo de la embajada norteamericana – a la cabeza.
Con plata de todos nosotros Milei (y todo el ejército libertario conducido por "el jefe", Karina) montó un costoso y puntillosamente cuidado show ante la obligación constitucional de Adorni de informar al Congreso. A pesar de exhibir - una vez más - la escasa, o más bien nula, capacidad del personaje para desempeñar ese cargo; no lograron ningún triunfo (lo que era imposible), pero sí evitar una posible descomunal derrota.
Según el periodista Carlos Pagni, de La Nación, ese mismo ejército se prepara, mientras tanto, para redoblar sus operaciones en un terreno que tenía un tanto olvidado: Los cambios en el Ministerio de Justicia, no solo fueron otra pieza comida a Santiago Caputo por Karina; sino que además muestran ahora hiperactividad para ocupar con tropa propia una enorme cantidad de juzgados y cámaras clave, tal como en su momento hizo Macri; a quien también le comerían ahora algunos peones. En este momento son los Milei los que necesitan tener amigos en Tribunales, ante el cúmulo de pruebas de sus delitos.
Liberar al país de esta casta de corruptos y enemigos de la nación no requiere únicamente que ellos se desgasten. Es menester que las opciones que se construyan sean realmente expresión de un proyecto popular y no simplemente otro cambio de fachada del que inauguró la dictadura.
Alberto Cortés
30/4/2026
