La amenaza de la inteligencia artificial

Jacob Coxon, matemático ex empleado de empresas de Inteligencia Artificial (IA) (Open AI y Anthropic), advirtió que la IA podría matar a los seres humanos antes de 2030. Varios directivos de esas empresas coincidieron en que "podría causar la extinción humana o resultados igual de graves".
Si comprimiéramos la historia de la Tierra (4500 millones de años) a un solo año, el Universo tendría – contado desde el Big Bang – tres. En febrero aparecería la vida, casi exclusivamente unicelular hasta setiembre. Recién después de las 23 hs del 31 de diciembre aparecería nuestra especie, el Homo Sapiens.
Más del 99% de las especies que han existido, ya se han extinguido. La mayoría, en cinco grandes extinciones (la más conocida: la de hace 65 millones de años, donde desaparecieron casi todos los dinosaurios, excepto los que se convirtieron en las aves). Muchos consideran que estamos en medio de la sexta (permanentemente desaparecen especies vegetales y animales), debida a la actividad humana.
El Homo Sapiens, sin embargo, es la única que, al haber desarrollado civilizaciones y ciencia, puede prevenir muchas amenazas a su extinción. Al mismo tiempo, es la única especie capaz de crear ¿conscientemente? otros peligros a su propia supervivencia.
Los dos ejemplos clásicos de esas amenazas son las armas nucleares; y el cambio climático, producido por la emisión de Gases de Efecto Invernadero. La primera, a través de una eventual guerra terminal (que estuvo incluso a punto de desatarse un par de veces en los años 60, por tensiones políticas extremas y por malentendidos). La segunda, al producir crecientes catástrofes meteorológicas que, en algún momento, podrían alcanzar niveles tan o más destructivos que las pestes que arrasaron a enormes porcentajes de las poblaciones de continentes como Europa y América, en diferentes momentos. Tal vez más. O disparar otros fenómenos aún peores.
Ahora aparece otro nuevo riesgo autogenerado, para la subsistencia humana sobre la Tierra.
La IA es un campo de la informática que intenta superar las limitaciones clásicas de las computadoras: Estas son máquinas esencialmente "tontas", que sólo hacen lo que se les ordena; pero capaces de realizar millones de operaciones matemáticas o lógicas con rapidez y precisión enormemente superiores a los humanos. Paquetes de órdenes articulando secuencialmente esas operaciones simples, llamados programas o aplicaciones, les dicen a las máquinas lo que tienen que hacer, ofreciendo millones de posibilidades de aceleración del trabajo humano, entretenimiento, etc; que todos conocemos.
La IA va más allá, y pretende crear sistemas capaces de imitar aún mucho más acabadamente (y superar) el funcionamiento de la mente humana, llegando muy probablemente al extremo de tomar decisiones autónomas. En la punta tecnológica, sistemas "automejorantes".
En los laboratorios de vanguardia donde se desarrollan y prueban algunos de estos sistemas, que todavía no han llegado al público, se han registrado casos en los que las máquinas han tomado por sí mismas decisiones para las cuales no habían sido instruidas (e incluso han intentado luego ocultarlas): Conectarse solas a internet, hackear a otros, etc. De allí, el muy fundado temor de que, en algún momento, por razones que no podemos prever; alguno de estos sistemas decida, por sí mismo, matar personas, o incluso, a toda la Humanidad. La ética es un factor que sólo la intervención humana puede introducir.
En la actualidad, EEUU y China lideran los desarrollos en inteligencia artificial. Aunque – aparentemente – EEUU van algo por delante; los sistemas chinos se han demostrado más baratos y transparentes. Además, ambos países tienen stocks comparables de ingenieros, pero China gradúa anualmente diez veces más.
La IA, como todos los adelantos que han permitido incrementar la productividad del trabajo humano, presenta dos posibilidades: Si lo esencial de los procesos económicos está dirigido en función de los intereses de toda la sociedad, permite reducir la cantidad de horas que las personas necesitan trabajar para que se produzcan suficientes bienes y servicios. Si, en cambio, ese control está en manos de grandes capitales que sólo buscan aumentar al máximo sus ganancias (como ocurre hoy en la mayor parte del planeta, y especialmente en Argentina), el resultado es la pérdida de puestos de trabajo, desocupación e incluso que los trabajadores se vean forzados a tener dos o tres empleos para alcanzar lo mínimo. Además, la amenaza ahora no es sólo al trabajo. También a la democracia.
Los riesgos fatales de la IA han llevado a algunos actores de las empresas estadounidenses del área a proponer su regulación y a ralentizar su avance, para hacerlo con más cautela. Trump se ha opuesto y parte de las elites estadounidenses temen que esto de ventaja a China, especialmente en aplicaciones militares (donde hace rato que se emplea la IA, con resultados nefastos, como el genocidio israelí en Gaza; o el asesinato de más de 150 niños y niñas, por un misil norteamericano, guiado por IA, en Minab, Irán). China ha propuesto buscar una gobernanza global del tema. El próximo 24, Trump y Xi Jinping se reúnen, y el tema está en agenda.
En un artículo en el New York Times, Thomas Friedman afirma: "Lo que necesitamos acordar de inmediato es cómo trabajar juntos para defendernos de estas amenazas que ya están aquí y que pueden causar enormes daños e inestabilidad social en Estados Unidos y China". "Estadounidenses y soviéticos cooperaron durante décadas para controlar la proliferación nuclear porque comprendían que se enfrentaban a un riesgo mutuo". Y sostiene que la tarea es, no sólo prevenir la rebelión autónoma de la IA y su potencial poder destructivo; sino también desarrollar las defensas contra los usos perniciosos de los múltiples dispositivos de IA, ya diseminados por el planeta.
Parece ciencia ficción. Pero es un problema político real y actual, de primer orden.
Alberto Cortés
