La Guerra en Asia Occidental

16.04.2026
Alfredo Sabat - LA NACION
Alfredo Sabat - LA NACION

El curso de la guerra de agresión de Israel y EEUU (en ese orden, ya que el primero arrastró al segundo, y sigue intentando sabotear las negociaciones), en Asia Occidental, viene siguiendo un derrotero bastante diferente del imaginado inicialmente por Trump.

Decimos Asia Occidental, y no Medio Oriente, como aparece en la prensa hegemónica, porque este es un término colonialista y eurocéntrico, que carece de objetividad: Para los europeos (y los norteamericanos), esta región está a "SU Oriente", pero para los indios, chinos, japoneses, etc; es decir para gran mayoría de los habitantes de Asia (continente que nuclea a casi el 60% de la población del planeta), sería "Medio Occidente", ya que se encuentra hacia el oeste, para ellos. La élites europeas y estadounidenses (que son quienes gobiernan realmente, bajo apariencias democráticas falsas) se han creído históricamente dueños de todos los espacios del globo, y también de los nombres para designarlos. Hay que empezar a disputárselos.

Pese a las fanfarronadas de Trump, a su real superioridad armamentística, y a la práctica asesina de los dos países agresores, que lograron matar a muchos de los más altos líderes iraníes; la nación persa se había preparado para esto por décadas y consiguió – con mandos militares muy descentralizados y autónomos, y relevo rápido de las dirigencias – no entrar en el caos en ningún momento, unificar internamente al país, demostrar que la "cúpula de hierro" que supuestamente hacía impenetrable el cielo de Israel no era tan impenetrable. En ese país ha habido varias decenas de muertos (y gran temor y desgaste psicológico en la población) y daños difíciles de cuantificar, porque la censura militar que allí reina, lo impide. También estragos muy importantes, algunos de costos gigantescos, en bases norteamericanas en toda la región, y en infraestructuras de monarquías del Golfo, que también censuran imágenes, en parte para reducir el impacto sobre el turismo.

Pero el arma – exhibida como amenaza desde hace tiempo – más decisiva fue la económica, con el cierre del Estrecho de Ormuz, salida obligada de los barcos que desde la mayoría de esas monarquías (algunas absolutas), se dirigen al Océano Indico. Las exportaciones de petróleo y gas licuado por esa vía se dirigen muy mayoritariamente a Asia (China, con el 37% a la cabeza); e Irán ha permitido el paso a los barcos de países que considera amigos (China e India entre ellos), pero la drástica reducción de los flujos (principalmente por temor de los capitanes y encarecimiento de los seguros), ha disminuido considerablemente la oferta de hidrocarburos en el mercado mundial y provocado el alza de los precios. EEUU ha aprovechado para aumentar sus exportaciones, pero no ha detenido los aumentos (que fluctúan entre mayores y menores, según el día a día del conflicto).

Además, la producción de gas es vital para la de fertilizantes, que han comenzado a escasear, precisamente en épocas de siembra de muchas regiones, arrastrando una próxima caída de la producción de alimentos (además del encarecimiento de su transporte), y seguramente agravamiento de los problemas de soberanía alimentaria.

Trump, que enfrenta en noviembre elecciones en las que se renueva un tercio del Senado (la cámara con más poder) y la totalidad de la Cámara de Representantes, ambas con mayoría oficialista muy ajustada; que ya tenía las encuestas en contra, que además enfrenta una opinión pública no muy amiga de las guerras (a pesar de lo cual, EEUU ha estado en guerra con alguien a lo largo de casi toda su historia), y menos de ésta; no se ve nada favorecido por el aumento de la gasolina y la inflación en su propio país, por lo que le urge terminar el conflicto cuanto antes, aunque el dilema es como hacerlo sin aparecer derrotado.

Entre los cambiantes objetivos declamados de la agresión por parte de la administración norteamericana (el cambio de régimen ya desapareció del discurso por utópico, y por la mayor cohesión provocada en Irán, precisamente por la guerra), figuran la apertura de Ormuz (que estaba abierto antes de la agresión) y la eliminación (¿o podrá llegar a convertirse en limitación?) del enriquecimiento de uranio por Irán.

El utilizado en reactores tiene un nivel de enriquecimiento (es decir de contenido del isótopo 235, fisionable; por encima del 238, por lejos el más presente en estado natural) del 3-5 %. Las armas nucleares, más del 90%. Pero hay aplicaciones como las navales, que requieren más del 50%. Irán ha declarado reiteradamente que no le interesa construir bombas atómicas (a pesar de que – si las tuviera – no habría sido blanco de las presentes agresiones, como lo demuestra Corea del Norte); pero no está dispuesta a renunciar al derecho de enriquecer uranio. Sí a negociar los límites de ese enriquecimiento. En 2015 Obama había llegado a un acuerdo que incluía precisamente eso. Trump, manipulado por Netanyahu, lo rompió; y a partir de ese momento Teherán aumentó sustancialmente los niveles de enriquecimiento. El director de la Organización Internacional de Energía Atómica, el argentino Rafael Grossi (según el momento y a quien quiera complacer) subraya a veces que no hay ninguna evidencia de que Irán quiera fabricar armas nucleares, o bien, en otras, que con lo que ya ha enriquecido (se estima que a un 60%), podría estar cerca de poder hacerlo, si quisiera.

Fracasado el primer intento de negociación, Trump trata ahora presionar haciendo su propio bloqueo de los puertos iraníes y del mismo Estrecho. Pero Irán, de gobierno chiíta, rodeado de países musulmanes de mayorías sunitas, tiene como aliados a las organizaciones político-militares de las minorías chiítas en su entorno (Hezbollah, algunas milicias iraquíes). Una de ellas, los hutíes de Yemen, ya han mostrado capacidad de alcanzar con misiles a barcos que atraviesen el estrecho de Bab el-Mandeb (que vincula el Mar Rojo - terminado en su otro extremo con el Canal de Suez - con el Océano Índico), con gran impacto en la navegación. Si cerraran también este estrecho, se reducirían notablemente los suministros hidrocarburíferos a Europa.

Algunos países de ese continente (España, Italia), ya se han negado a colaborar con EEUU en su aventura asiática. Trump no sólo está en tensión con ellos, sino también con el Papa. En Hungría, el mandamás ultraderechista de ese país de los últimos 16 años, Víktor Orban, perdió las elecciones (después de que Milei en persona, y el vice de Trump lo fueran a apoyar), en manos de una fuerza más pro Unión Europea (y Ucrania) y menos pro Rusia (aunque los lazos energéticos con este país son fuertes y no girará 180° en su política. Ucrania sigue siendo un punto delicado ya que, ante la evidente derrota ucraniana en el campo de batalla, la Unión Europea (aunque no los EEUU), no se resigna y su desesperación puede disparar conflictos aún mayores.

Conviene recordar que cuando empezó la 1ª. Guerra Mundial (que duró 4 años y fue la mayor masacre de la Historia hasta ese momento), casi todos los actores pensaban que terminaría en pocos meses. Hoy, además, tanto Israel como EEUU poseen armas nucleares y de acuerdo a sus doctrinas militares reformadas, no descartan ser los primeros en usarlas.

Alberto Cortés

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