La preocupación y los negociados del mileísmo

La política llevada a cabo por Milei desde su primer día consiste implacablemente en intentar moldear un enclave colonial extractivista, que asegure cadenas de suministros de la principal dictadura planetaria (EEUU), e incremente las ganancias de los grandes empresarios ligados a ese modelo (que son una pequeñísima minoría social), condenando al resto de la población al declive aún mayor de sus condiciones de vida.
Esto tenía desde el primer día un colapso asegurado, que sería el momento (o el período, tal vez largo) en el que sus víctimas – la gran mayoría del país - tomaran conciencia suficiente del carácter nefasto para sus intereses, del proyecto.
Ese punto de inflexión podría estirarse en el tiempo, con intervenciones providenciales como las de Trump, en la víspera de las elecciones legislativas nacionales de 2025 (pero difícilmente repetible). O con un derrame (que el propio modelo no contempla ni facilita) del auge de las actividades extractivas hacia otros sectores: Algunos dirigentes locales, como el gobernador de Santa Fe, imaginan, por ejemplo, reconvertir industria santafesina hacia las necesidades de abastecimiento de la industria petrolera de Vaca Muerta. También, si la minoría social beneficiaria lograra desviar el descontento creciente que el modelo genera, hacia una candidatura continuista (pero con aspecto de renovación); o si lograra condicionar lo suficiente a la dirigencia de la principal oposición para que un recambio partidario en la presidencia no signifique cambiar la esencia del rumbo económico.
La constante caída en las encuestas del oficialismo después del repunte exitista tras su aparentemente buena perfomance (en un contexto de elevada abstención), en octubre de 2025, testifica a las claras el declive del mileísmo en la opinión pública y preocupa a buena parte de su propio entorno, a pesar del continuado y mentiroso discurso de "buenas cifras".
Todo esto está detrás de un par de medidas anunciadas, con más impacto mediático que económico, como el lanzamiento de una propuesta para incentivar los créditos hipotecarios y los aumentos salariales a las fuerzas armadas y de seguridad. También de su inesperado ¿interés? en la Causa Malvinas.
El otorgamiento a los bancos de recursos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (la famosa "plata de los jubilados") para que estos otorguen 18.000 créditos para la vivienda de sectores medios, se parece a una gota de tinta en el mar, si se tiene en cuenta que el PROCREAR otorgó 309.000 créditos (y que este gobierno destruyó hasta donde pudo, en lo que faltaba por terminar), y que el déficit habitacional es superior a los 3 millones de unidades de vivienda. Además, subyace la duda de si el principal objetivo es social, o es para ayudar a los bancos a morigerar el impacto de la elevada morosidad en sus ganancias (mientras el gobierno se niega a discutir alguna política para paliar la carga sobre las familias y PyMEs deudoras). Los aumentos a personal militar, policial y afines, se limitan a tratar de recuperar lo perdido por la inflación, en un marco en el que han aumentado los suicidios en este sector, pero también en toda la sociedad. constituyendo ya la principal causa de muertes violentas, por encima de los homicidios y los siniestros viales.
Entre los negociados del poder mileísta que emergen constantemente, está la privatización de Transener.
Esta es una empresa dedicada al transporte de energía eléctrica. Durante la privatización menemista, en los 90, de las empresas estatales del sistema eléctrico, éste se subdividió en tres partes o etapas: Generación, transporte (entre los puntos de generación, como centrales hidro, termo-eléctricas, nucleares, etc), y distribución (hasta cada uno de los consumidores finales).
En el caso de Transener, quedaban aún un conjunto de acciones en mano del Estado, casi todas las cuales acaban de ser privatizadas por Caputo. Se vendieron a 356 millones de dólares (muy por debajo de su valor real). Durante la licitación se cayó el sistema. Antes de la caída el ganador era uno. Al volver el sistema, el ganador terminó siendo el grupo que incluye a los hermanos Neuss, cercanos a Santiago Caputo. Apenas se hicieron cargo, se repartieron dividendos (es decir ganancias, obviamente producidas con anterioridad, o sea cuando las acciones eran del Estado) por un valor equivalente a la mayor parte de lo que habían pagado por ellas. La "privatización" les salió casi gratis a los empresarios libertarios y un pésimo negocio para el Estado (o sea para todos los demás argentinos).
La lucha popular y su capacidad de organizarse políticamente para disputar el poder, será la que determine si todos estos delitos y muchos otros, quedarán impunes y Argentina seguirá en el tobogán cuesta abajo; o si las cosas se invertirán y el pueblo será poder: Es decir entraríamos en democracia.
Alberto Cortés
