Las derrotas electorales de la ultraderecha

La derrota electoral de Bolsonaro en Brasil, inesperada para muchos, tiene gran importancia, tanto por tratarse del mayor país de América Latina (desde lo económico, demográfico y geográfico), por su carácter de miembro fundador de los BRICS, y porque lo opuesto habría significado coronar la ofensiva – hasta el día previo exitosa – de Trump, para imponer – fraude mediante en varios casos – gobiernos subordinados a su gestión, en prácticamente todos los países con elecciones recientes.
La huida inmediata del ex candidato a los EEUU, para escapar del avance judicial en varias causas por delitos comunes, consolida el lugar de ese país como guarida para numerosos criminales. Allí se refugió, hasta su muerte Luis Posadas Carriles, autor intelectual del estallido, en 1976, de un avión de Cubana de Aviación, con 73 civiles a bordo. Washington protegió abiertamente al autor del peor hecho de terrorismo aéreo del continente. El propio Donald Trump asumió la presidencia con cuatro causas judiciales en su contra, incluyendo una condena. Ya en el cargo indultó a Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años por una corte norteamericana por la importación de casi media tonelada de cocaína, y socio del Chapo Guzmán; y lo convirtió en uno de sus operadores. También indultó a los 1500 procesados (incluyendo más de 700 condenados), por el intento de golpe de Estado de 2021, con 4 muertos y cientos de heridos.
Pero al interior de Brasil, la fuga terminó de desprestigiar y aislar a los Bolsonaro. Lula tendrá que afrontar una gestión con un Congreso fuertemente opositor. Pero el escape debilita notablemente a los sectores más extremistas de la derecha en favor de la derecha más tradicional. Además, Lula ha mostrado históricamente una gran habilidad para lidiar con parlamentos adversos.
La contundente derrota electoral del trumpismo en la elección de medio término estadounidense, perdiendo el control de ambas cámaras, y no sólo de la de Representantes, como muchos suponían; aunque no impedirán dos peligrosos años más de este nieto de un inmigrante ilegal prusiano al frente de la Casa Blanca (a menos que un – ahora más factible - impeachment lo desaloje antes); limitará bastante sus opciones, especialmente por el rol del Senado en política exterior. Además, al ganar los demócratas bastiones históricos del peor conservadurismo, como Texas (el segundo estado más poblado, tras California), y varios más, quedó en evidencia el grado de descrédito de la política de Trump entre el electorado, que hacen muy posible el colapso republicano en la próxima presidencial.
La derrota que le inflingió Irán en la guerra a la que lo arrastró Netanyahu, reconocida hasta por militares estadounidenses; y que disparó el precio del petróleo, agudizando el aumento del costo de vida de los estadounidenses, que ya los aranceles del mismo Trump venían provocando; jugó un rol clave en este hundimiento electoral.
El propio Netanyahu - que como Trump - depende de su permanencia en el cargo para que sigan en suspenso sus causas judiciales; no salió – en principio - bien parado de su propio test electoral. Aunque su partido, el Likud, quedó como primera minoría parlamentaria, todo el bloque sobre el que se asienta para gobernar bajó de 64 a 53 bancas. Sólo se puede formar gobierno con más de la mitad del cuerpo (61). La oposición sionista colectó 48, y los partidos árabes (divididos entre uno de derecha y otro progresista), obtuvieron el récord de 19.
La oposición sionista hizo campaña con eje en desplazar al corrupto premier (también sionista). Pero se niega rotundamente a acordar con los árabes (como Netanyahu). Un acuerdo entre dos de estas tres partes es imprescindible para que pueda haber gobierno. Cualquier acuerdo imaginable va fuertemente contra los enunciados, en especial de Gadi Eisenkot, líder de la oposición sionista. Si no se logra, en un par de meses habrá nuevas elecciones. Netanyahu juega a intensificar la Guerra contra Irán (se dijo inclusive que presionaba a Trump para usar armas nucleares). Mientras haya guerra, está a salvo. La elección, en principio lo debilitó.
Todos estos hechos perjudican a Milei, que ya viene acumulando aceleradamente goles en contra, en especial por los resultados de su política económica.
Habrá que ver si se agregan coletazos de las sendas crisis políticas en pleno curso en otros dos países con gobiernos de derecha: Paraguay y Bolivia.
Las condiciones están más dadas que nunca antes, en estos dos años, para sumar también una derrota electoral decisiva del modelo colonial, en Argentina. Faltan para ello dos condiciones esenciales: Que el campo popular se ordene en torno a un programa de real transformación estructural progresiva del país, y que la movilización popular se mantenga e incremente para garantizar ese programa, antes y después de la elección de 2027.
Alberto Cortés
