Mentir, empobrecer e incrementar la explotación

Uno de los factores que generó desgaste y descrédito a los gobiernos kirchneristas fue el haber permitido que uno de sus funcionarios, Guillermo Moreno, por entonces Secretario de Comercio Interior, metiera mano en el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), simulando valores de inflación inferiores a los que realmente existían.
Esto ocurrió en un contexto en el que Argentina había pasado varios años de Convertibilidad (con índices inflacionarios anuales menores al 1% o negativos), un salto con la devaluación tras el estallido de ese esquema (2002); y luego índices que iban aumentando - como suele ocurrir en etapas de crecimiento económico y consecuente calentamiento de la economía -, en los primeros años de esos gobiernos.
El tal vez único mérito del gobierno de Macri puede haber sido restablecer la credibilidad de esos índices oficiales.
Ahora, Milei, tras haber incumplido cantidad de sus promesas electorales (dolarización, destrucción del Banco Central, etc.), basa su mantenimiento de cierto crédito social (además de por el factor más determinante y clave, que es la ausencia a la vista del electorado de otra alternativa política que consideren superadora y creíble); en la baja de la inflación.
Esta se logró principalmente a través de una brutal recesión, conteniendo artificialmente la cotización del dólar muy detrás de los precios y mediante el intervencionismo estatal (¡¡horror!! ¿ó no?) en las paritarias para deprimir los salarios.
Miente diciendo que se debe a la eliminación del déficit fiscal (que también dibuja) para seguir convenciendo a los que todavía le creen, que hacía falta hambrear a los jubilados y los empleados públicos (incluyendo a las FFAA y policías que, a través de suicidios, encadenamientos en la Casa Rosada y levantamientos policiales en Santa Fe, empiezan a manifestarse); y dejar de mantener rutas, sistemas de prevención de incendios forestales y de inundaciones, etc., como única manera de bajar la inflación.
Esto logró reducir los índices inflacionarios oficiales mensuales hasta mayo (que de todos modos correspondían a una anual muy alta en términos internacionales), pero desde allí – contradiciendo el pronóstico de Milei de que nos acercamos a cero -, empezó a crecer sin pausa.
Para colmo ese índice es en buena medida un dibujo, porque se basa en un perfil de consumo de las familias de 2004-2005, que hoy es muy distinto y debería actualizarse cada 5 años. Hace un año y medio que está listo el de 2017-2018 (ya viejo también), pero el gobierno postergó su implementación hasta enero, para fingir tasas inflacionarias menores antes de las elecciones.
La decisión de continuar postergando, encima más, este cambio metodológico, que ya había sido anunciado oficialmente hace meses para el primero de este año; produjo la salida de Marcos Lavagna, que se negó a seguir aumentando el tamaño de las mentiras a la población sobre las estadísticas económicas.
La falsificación del índice inflacionario no sólo busca un efecto político (ocultar que la inflación está subiendo nuevamente a buen ritmo, pese a la recesión), sino que tiene efectos como "legitimar" menores aumentos de salarios y jubilaciones, erogaciones por bonos atados a la inflación, etc.
La otra gran mentira que venía haciendo, es la baja de la pobreza. Esta se mide estimando el valor de la Canasta Básica Total y comparándola con la cantidad de familias cuyos ingresos están por debajo, según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Según esos datos, los más beneficiados con el aumento de sus remuneraciones reales han sido los jubilados (que entonces se estarían quejando de vicio). Una comparación entre esos datos y los del SIPA (sistema integrado previsional argentino) da que, mientras que el ingreso promedio real de jubilaciones y pensiones según la EPH aumentaba un 22,4% (entre primeros semestres 2023 y 2025), para el SIPA (que da los valores exactos realmente pagados) las retribuciones a jubilados cayeron en términos reales en un 15,5 por ciento en el mismo período. Una diferencia de 38 puntos entre una medición y otra.
Muchos otros datos corroboran que la pobreza está creciendo sustancialmente en la Argentina y no bajando, como dice el gobierno.
Para asegurarse que suba aún más, acaba de lograr la media sanción en senadores de la "reforma laboral" (sobornando a gobernadores y a parte de la dirigencia sindical, retirando o morigerando partes del proyecto que los afectaban; para que sus senadores votaran favorablemente, o para que acotaran su compromiso con la movilización popular en contra).
Se trata de terminar o reducir cantidad de derechos laborales, incluyendo hasta la jornada de 8 horas de trabajo, por la que murieron los mártires de Chicago, en homenaje a quienes los trabajadores de todo el mundo (excepto de los EE.UU., cuyo Estado los asesinó) conmemoran los 1os. de mayo, y que está consagrado por la OIT desde 1919.
Se crea además un nuevo negocio para los financistas amigos, llamado Fondo de Asistencia Laboral, para facilitar los despidos (y que es a éstos, lo que las AFJP de Menem fueron a las jubilaciones: Un curro más y una estafa a los jubilados antes, a los trabajadores activos y pasivos ahora). La mentira de que esto ayudará en algo a la creación o formalización de puestos de trabajo, a esta altura, no la creen ni sus partidarios.
A escondidas, y sin el constitucionalmente indispensable acuerdo parlamentario, Milei firmó con su amo de Washington, un acuerdo de libre comercio que puede traer algunas ventajas a unos pocos sectores como el ganadero (a costa de aumentar aún más el precio de la carne para los argentinos) y aplasta o frena el crecimiento de muchos otros, especialmente industriales. Los que mayor demanda de mano de obra y desarrollo social posibilitan.
Hasta que el pueblo argentino – que ya ha comenzado – logre aumentar suficientemente sus niveles de conciencia, organización y movilización, lo que requiere inexorablemente la forja paralela y entrelazada de una alternativa política popular de poder; los planes del dictador pedófilo de los EE.UU. y su virrey en Buenos Aires, seguirán avanzando por estas tierras (no así en el conjunto del planeta).
Alberto Cortés
