Un 24 de marzo como ningún otro

Este 24 de marzo, a medio siglo del delito inaugural de la dictadura más sangrienta de la historia argentina, se esperaba una conmemoración excepcional, como fue hace una década, la de los 40.
Pero entonces, bajo el gobierno de Macri – que llevaba apenas meses en la Casa Rosada, pero que ya había comenzado a mostrar su impronta – y mucho más ahora; las movilizaciones por el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia expresaron bastante más que el repudio a ese genocidio y – aunque cada año la conmemoración se vincula a los brotes actuales de esa dictadura –; esta vez, la expresión popular fue un golpazo al vientre del mileísmo.
Además de que muchos de los delitos comenzados en 1976 se siguen cometiendo y que la memoria y verdad completas sólo se lograrán con la ubicación de cada uno de los desaparecidos y la recuperación de todos los, entonces, niños secuestrados, y la apertura de la totalidad de los archivos – nacionales e internacionales – que aún permanecen ocultos; la enorme marea humana que salió a la calle el último martes en todo el país estaba expresando también el cambio del humor social respecto al gobierno de Milei.
La defección de la – hasta el momento- principal fuerza opositora a través del gobierno de Alberto Fernández, el peronismo; legitimando una deuda ilegítima tomada por Macri con el FMI, amagando y luego retrocediendo con la recuperación del Paraná, Vicentín, etc.; dejó a los sectores populares huérfanos y a merced del oportunista que – representando los intereses de los enemigos del pueblo – pudo arrastrar parte del voto popular hasta convertirse en primera minoría (nunca fue mayoría del electorado). Y, aprovechando la corrupción de gobernadores como Pullaro y otros, y del resto de la "casta" política, comenzar a imponer cambios en el camino de la demolición de la Argentina.
La baja relativa de la inflación mediante el método que el mismo Milei había anticipado cuando dijo: "Cualquier idiota puede bajar la inflación con recesión", pero que luego – engañosamente – atribuyó a la motosierra brutal sobre salud, educación y obras públicas; jubilaciones y salarios, desarrollo nacional en Ciencia y Tecnología, etc.; le permitieron no sólo salir airoso de pruebas electorales; sino, sobre todo, conseguir una cierta pasividad relativa del conjunto social.
Hubo y hay luchas desde el primer día, pero con la excepción de jornadas históricas como la movilización por la Universidad Pública y algunas más, la mayoría de esas luchas tuvieron características que se pueden simbolizar en los heroicos miércoles de los jubilados: Grupos afectados muy grandes, pero con movilización efectiva de un porcentaje pequeño de esos grupos, concitando solidaridades importantes de otros espacios sociales y políticos, de magnitud variable según la coyuntura; víctimas todos de una represión brutal, ilegal. En general, y en algunas ocasiones en particular – como en el caso de las que cuestionaron la reforma laboral, esa represión buscaba abortar una muy probable masificación importante de las protestas.
Las luchas y la organización, en condiciones donde todo parece adverso, cuando no se avizora ningún horizonte de mejora de las circunstancias para el avance social, son esenciales. Lo demuestra – entre otros – el ejemplo de las Madres de la Plaza y otros organismos, gestados en el peor momento de la dictadura y con un costo humano elevado. Sin esas luchas – casi en soledad – no habrían sido posibles los enormes avances posteriores que pusieron a Argentina en el lugar más destacado de los logros universales en materia de juicio y castigo a los represores. En esos momentos es cuando más hay que preparar las herramientas que permitan que, cuando las condiciones cambien, exista fuerza popular organizada, capaz de canalizar ese cambio. Si no, muchas veces ha llovido sopa, y estábamos con un tenedor en la mano.
Dos años largos de mileísmo, con efectos no sólo a la vista (que lo estuvieron casi desde el primer día) de la destrucción del aparato productivo nacional, del salario, las jubilaciones; con agotamiento de la capacidad de endeudamiento de las familias para salir del paso en los gastos de los hogares; y de los paliativos laborales como Pedidos Ya, Uber, etc.; con la inflación reactivada pese a las mentiras oficiales, han quitado notablemente efectividad a las herramientas con las que el Milei – y sus aliados, no olvidarse – consiguió adormecer a la mayoría de la sociedad.
Milei había prometido un rebote en V de la economía. Es decir que, tras la caída de la actividad, por sus medidas iniciales; habría una recuperación muy rápida. Aunque en 2025 el PBI creció un 4,4%, y el peluca lo exhibe como gran logro; en realidad – además del efecto rebote desde la contracción generada por su propia política en 2024, y de la caída por una gran sequía en 2023 – ese crecimiento en 2025 se limita a ciertos sectores puntuales: Actividad financiera, agro (favorecido ahora por el clima), y minería (en auge por la decisión imperialista de abandonar la política de muchas décadas de tener a Argentina como reserva minera a futuro, y ahora empezar a explotarla; más el fenómeno de Vaca Muerta).
Algunos hablan de una recuperación en K. Es decir, mientras los sectores económicos mencionados crecen, el resto – la industria en especial – se sumerge en su mayor crisis. Es de destacar que los sectores en auge son los que generan menor demanda de mano de obra, mientras se hunden los que si la crean. Así, se profundiza la deformación de un país con enormes masas hundiéndose en la pobreza, mientras sectores muy minoritarios vinculados a esos negocios se enriquecen rápidamente. El desarrollo territorial también deja mucho que desear al concentrarse en unas pocas provincias.
Los hechos de corrupción, que empezaron a prepararse aún antes del arribo a la Rosada; hoy emergen a la luz con tal grado de evidencia e indiscutibilidad que hasta la prensa hegemónica se ve obligada a reflejarlos; y encuentran la condición principal para que la tolerancia social a esa corrupción caiga bruscamente en el gran desgaste social por la situación económica – ya indiscutiblemente resultado de la política mileísta y no de ninguna "herencia", como pudieron haber engañado a muchos al inicio –.
Las propias internas del gobierno – de gran complejidad – lo paralizan a la hora de buscar salidas rápidas y relativamente elegantes a las encerronas, como lo exhibe la decisión de mantener a Adorni, y hasta conformarse con sus papelones como la primera "conferencia de prensa" post escándalo que dio.
El hecho de que el 24 hayan salido a la calle (y también apoyado aún sin participar directamente por razones laborales, de salud, etc.), muchísimas personas que no lo hacían antes; que haya habido una enorme participación juvenil; que ese día el oficialismo haya perdido completamente el control de las redes sociales, terreno en el que era campeón; exhibe un muy probable punto de inflexión.
Esto solo no garantiza el fin del mileísmo. Es unicamente una condición necesaria que ha empezado a darse. Probablemente derive en una creciente participación social en muchas estructuras que abogan por el cambio. Falta la construcción de las opciones políticas que canalicen esa energía – tal vez en etapas y en un proceso largo – hacia una alternativa de verdadero poder popular.
Mientras tanto, es probable que las clases dominantes –los verdaderos titiriteros de Milei y dueños y gestores de su política – generen algún recambio engañoso. Otro títere e iguales titiriteros y argumento.
Alberto Cortés
