“A las personas judías que rechazan el sionismo no se les considera realmente judías”

09.08.2026

ENTREVISTA A MICHAEL BARENBOIM 

Para el violinista Michael Barenboim, la cultura de memoria en Alemania se ha convertido en un instrumento para mantener la complicidad con los crímenes de Israel e invisibilizar al pueblo palestino. Desde octubre de 2023, este músico ha surgido como una de las pocas figuras públicas alemanas que se manifiestan una y otra vez en contra de la complicidad del gobierno con el genocidio que lleva a cabo Israel en Gaza y que lo denuncian con todas sus letras.

Violinista y violista, profesor en la Academia Barenboim-Said de Berlín e hijo del famoso pianista y director de orquesta Daniel Barenboim, cofundó a comienzos de 2024 el Make Freedom Ring, un colectivo de músicos clásicos que organizan conciertos por todo el país en solidaridad con Palestina. En el camino ha notado la fuerza de la represión del Estado alemán contra quienes se manifiestan a favor de Palestina: se han censurado artículos y entrevistas y se han cancelado conciertos que él ayudó a organizar por parte de los locales concertados poco antes de la fecha de celebración.

En 2024, Barenboim también estuvo entre 150 artistas y escritores judíos en Alemania que firmaron una carta abierta en que expresaban su "profunda preocupación" ante una resolución parlamentaria sobre el antisemitismo, que fue aprobada poco después. La resolución califica el movimiento BDS de antisemita y reafirma el compromiso del gobierno de no financiar a trabajadores de la cultura que apoyan el boicot a Israel. En aquel entonces, Barenboim dijo que "esta resolución no pretende proteger a las personas judías". El pasado mes de septiembre, Barenboim coorganizó la manifestación más masiva que ha tenido lugar en Alemania en contra de la campaña militar de Israel en Gaza, que exigió un alto el fuego inmediato, la suspensión de las exportaciones de armas de Alemania y la aplicación de sanciones de la UE a Israel.

Barenboim se ha reunido con +972 Magazine para hablar de cómo la doctrina alemana de la Staatsräson‒ la idea de que el Estado tiene la responsabilidad histórica de defender a Israel‒ sigue delimitando los contornos del discurso público sobre Israel y Palestina, incluida la gente a la que se escucha y a la que no. Señala el coste profesional y personal de manifestarse a favor de los derechos palestinos y por qué cree que es hora de centrar las voces palestinas en Alemania.

Esta entrevista ha sido editada en su longitud y para mayor claridad.

Hanno Hauenstein: Como una de las escasas voces prominentes en Alemania que plantean sistemáticamente la condena de la guerra genocida de Israel en Gaza y denuncian la complicidad de Alemania con ella, ¿cómo ve la situación actual en este país?

Michael Barenboim: Desde que se firmó el llamado acuerdo de alto el fuego en octubre de 2025, buena parte de la atención se ha desplazado a otras cosas y resulta mucho más difícil intervenir en el discurso alemán. Esto es muy peligroso; Gaza se halla completamente apartada de los focos. Apenas se informa ya [en los medios alemanes] de lo que está acurriendo allí, a pesar de que la situación es igual de dramática. Para mí es muy frustrante ver que básicamente hemos de comenzar de nuevo desde el principio, obligar a la gente a contemplar lo que está sucediendo; y pensar en la responsabilidad de Alemania.

Creo que [el grado] de atención [pública] está retrocediendo a antes de octubre de 2023, cuando ocurrieron muchas cosas horribles en Gaza: bloqueos, bombardeos periódicos, hambrunas. Palestinos muriendo lentamente, con la atención enfocada firmemente en otra parte. Auqello fue ante todo lo que allano el camino a semejante catástrofe.

Después de octubre de 2023, todo cambió. Vimos numerosas protestas y acciones, particularmente de estudiantes. No tuvieron el efecto que todos esperábamos, que es un cambio total de la política alemana, pero puso en primer plano la situación del pueblo palestino y la responsabilidad de Alemania.

H. H.: ¿Diría usted que el movimiento de solidaridad con Palestina en Alemania ha fracasado?

M. B.: No. La población alemana en su conjunto ‒alrededor del 70 %‒ se opone ahora a las acciones de Israelen Gaza, en Cisjordania, en Líbano, etc. Aunque la mayoría no ve la responsabilidad de Alemania en esto, se opone a estas acciones, y eso es crucial. Para mí, está claro que hemos de movilizar a esas personas. Pero resulta tan difícil aquí. En Alemania hay un montón de factores que disuaden a la gente de pasar a la acción en esta cuestión.

¿Factores cómo cuáles?

Basta pensar en las cancelaciones, el ostracismo, es escándalo público de ciertas personas cuando se manifiestan, como hemos visto todos los años en el contexto de la Berlinale desde 2023. Esas cosas hacen que la gente se enfríe. Para alguien que se opone al genocidio, pero se preocupa por su propia vida social y profesional, la valoración de riesgos adquiere mucha importancia. Esto es lo que frena a la gente a la hora de hacer algo, por mucho que en privado tengan una opinión contundente en lamateria.

H. H.: Usted mismo ha sufrido algunas de esas repercusiones en carne propia. ¿Podría detallar algunas de sus expriencias?

M. B.: En un caso particular, alrededor del primer aniversario del 7 de octubre, yo había escrito un artículo de opinión para un medio de comunicación importante. Ellos hicieron unos pocos ajustes. Fue algo así como "aquí tiene el segundo borrador, trabajemos sobre él y después podemos publicarlo", lo que significaba que todo estaba básicamente a punto. Entonces llegó de pronto el mensaje de que después de todo habían decidido no publicarlo. El motivo que adujeron era que el texto carecía supuestamente de un elemento personal. Claro que eso es algo que yo podría haber introducido fácilmente en el segundo borrador.

Más recientemente, dí otra entrevista y recibí después un mensaje que decía que "hemos decidido no imprimir porque sus posiciones con respecto al derecho de Israel a existir y las causas del conflicto son contrarias a las oponiones editoriales de esta publicación".

H. H.: ¿Le dijeron eso explícitamente?

M. B.: Sí. Me pareció increíble. En primer lugar, porque las opiniones que expresé en aquella entrevista no eran nada nuevas. He estado diciendo lo mismo durante casi tres años. Pero también la idea de que solo vas a publicas entrevistas que encajan en la opinión editorial de tu propia publicación me resulta bastante extraña. ¿Qué sentido tiene?

H. H.: ¿Le preguntaron directamente si cree en el derecho de Israel a existir?

M. B.: Sí, es una pregunta que me hacen normalmente. La respuesta que suelo dar es que no creo que los Estados tengan ese derecho, que no es una cuestión jurídica, sino moral. Y como tal, el marco de un "derecho a existir" carece simplemente de sentido. También reiteré que estamos hablando de un Estado que comete genocidio y practica el apartheid, crímenes que atentan contra el corazón mismo de lo que consideramos humano. Pero esto tampoco tiene que ver apenas con el llamado "derecho a existir".

H. H.: Es usted uno de los cofundadores del Make Freedom Ring. ¿Cómo ha organizado este proyecto actos en solidaridad con Palestina en este clima?

M. B.: Hemos realizado conciertos benéficos por Palestina desde marzo de 2024, combinando música clásica y discursos, habitualmente a cargo de [representantes de] ONG para las que recaudamos dinero, o academias palestinas.

Lanzamos el Make Freedom Ring porque nuestra industria guardaba silencio. Habían pasado meses de bombardeos continuos por parte de Israel, pero no se oía ni palabra de ninguna institución de música clásica, por no hablar de colegas estimados que suelen hablar mucho sobre otros asuntos. Ucrania y Rusia fue un buen ejemplo en sentido contrario: había tantos conciertos benéficos organizados por Ucrania por parte de importantes instituciones en Alemania. Era fácil. Cuando apoyas la postura del gobierno alemán, tienes el viento en popa. Pero cuando haces cosas por Palestina, el viento te sopla de cara. Tienes que dedicarle tanto esfuerzo que te entra la fatiga constantemente. El silencio de nuestra industria era catastrófico. Así que quisimos juntar a más colegas para que hablaran y se solidarizaran.

Así que tuvimos que trabajar muy duro para encontrar socios y locales. La gente tenía mucho miedo a albergar actos como estos; le parecían "unilaterales", o radicales. Hoy, distintas asociaciones suelen contactarnos para organizar actos conjuntos en locales con los que pueden estar relacionadas. Pero la percepción es [todavía] que un acto centrado en Palestina es controvertido o arriesgado. La gente teme recibir llamadas telefónicas [airadas] o que le retiren la financiación.

Esto es típico en Alemania. No necesariamente son los locales los que dicen que no, si bien eso también ocurre. Suelen decir que sí porque piensan que tienen una mentalidad abierta, liberal, y aceptan opiniones divergentes. Y después [más tarde] dicen que no . Eso ha sucedido muchas veces, recientemente en marzo de este año. Pocas semanas antes de la fecha prevista para un concierto en que iban a participar, además de nosotros, muchos músicos de géneros diferentes, tanto el local primario como el alternativo se desdijeron, supuestamente por motivos de seguridad.

H. H.: ¿Qué suele pasar entre el sí y el no?

M. B.: Por ejemplo, en el caso de la visita de Francesca Albanese a Alemania, en febrero de 2025, hubo presiones de lobbies, la Embajada israelí, políticos locales y parte de los medios. Los locales ven venir la Staatsräson y [entienden] que la mentalidad abierta tiene precio. Hay muy pocas excepciones a esta regla. Este mismo año invitaron a la cineasta palestina Basma al Sharif a la Academia de Arte de Düsseldorf. A pesar de las presiones coordinadas de aquellos mismos lobbies, el acto se llevó a cabo, claro que a puerta cerrada. Eso requiere de todos modos mucho coraje, que en realidad no debería ser necesario.

H. H.: Usted es una prominente figura judía que habla de Palestina en Alemania. A diferencia de EE UU, donde las voces judías antisionistas o de alguna manera críticas lideran y centran estos debates, la situación en Alemania parece ser muy distinta.

M. B.: Cuando el Estado alemán expresa su deseo de "proteger la vida judía", contempla a la gente judía de una manera que no tiene en cuenta la diversidad de la opinión judía. Después de todo, yo no soy el único que opina de esta manera. Hay muchos otros. Sin embargo, cuando los políticos alemanes y los grandes medios piensan en la gente judía, siguen considerando que son proisraelíes y sionistas. Las opiniones que difieren no se consideran realmente judías.

Un músico judío que tiene una opinión proisraelí lo tendrá mucho más fácil a la hora de influir en el discurso. Lo tendrá más fácil aparecer en la prensa, mientras que gente como yo tenemos que luchar mucho más para que siquiera nos mencionen. Esto es así en todas las industrias, la industria de la música clásica solo es un poco más conservadora.

H. H.: ¿Cree que el discurso comienza a cambiar en Alemania?

M. B.: Sinceramente, no estoy seguro de que hayamos llegado ya a este punto. Para mí, parece que básicamente el discurso se ha estancado. Está muy claro quién está de qué lado, quién dice qué, dónde y cuándo… y qué impacto tiene. Ya no hay tanto movimiento. También porque no hay ningún incentivo real para algunos colegas que callan.

Ahora es julio de 2026. Este genocidio tiene lugar desde octubre de 2023. Incluso si yo no hubiera asumido hasta ahora mi responsabilidad como figura pública suficientemente seria para denunciarlo, trataría de ponerle remedio empezando ahora mismo. Sería una iniciativa potente, pero ni siquiera eso ha ocurrido.

H. H.: ¿No creería que sería demasiado poco, demasiado tarde?

M. B.: Lo recibiría con los brazos abiertos. No creo que sea sensato andar con reproches, decir "¿Dónde has estado estos dos últimos años y medio?" Claro que puedo pensarlo, y lo pensaré. Es mucho mejor dejar que la gente ofrezca una disculpa honesta. No hacer como si nada, sino decir "lamento no haberme tomado esta posición antes". La situación en Palestina es catastrófica desde hace décadas. Yo mismo no comprendí realmente qué papel podía desempeñar antes de octubre de 2023, y lo lamento mucho. Lo digo sinceramente.

H. H.: ¿Hubo algún momento concreto después del 7 de octubre que le hizo sentir que había que actuar?

M. B.: Hubo dos cosas. En primer lugar, cuando Yoav Galant proclamó que "son animales humanos, les vamos a cortar la electricidad, el agua, el combustible y los alimentos", lo que significa esencialmente que "voy a ordenar a mi ejército que cometa un genocidio". Un día o dos más tarde, la Puerta de Brandeburgo en Berlín se iluminó con los colores de la bandera israelí y políticos alemanes proclamaron que "solo hay un lugar para Alemania, al lado de Israel". Para mí, estas dos cosas ‒cuando Israel dijo que "vamos a aniquilar un grupo entero" y políticos alemanes dijeron que "lo apoyamos"‒fueron las que me sacaron de mi propia complacencia.

H. H.: ¿Cree que los alemanes que hicieron esas declaraciones simplemente no vieron las imágenes de Gaza? ¿O estas les trajeron sin cuidado?

M. B.: Realmente no importa. Como político de primera línea en Alemania, si vas a decir que "estoy del lado de Israel", o bien has visto las imágenes y te traen sin cuidado, o bien no las has visto y en este caso no estás haciendo tu trabajo. Has de asumir la responsabilidad. Bombardearon hospitales hasta su completa destrucción. Las justificaciones se reiteraron en medios alemanes y por parte de políticos alemanes una y otra vez: escudos humanos, túneles, todo ese sinsentido y algún vídeo CGI como "prueba". Ese era el discurso.

Hoy seguimos viendo fotos de Gaza, a pesar del hecho de que Israel ha matado a tantos y tantas periodistas, y aquí seguimos con las mismas declaraciones vacías: "Estamos por el derecho de Israel a defenderse" o la que sea su excusa para infligir semejante miseria. Es absurdo. El discurso podría parecer más abierto, pero la justificación es básicamente la misma.

H. H.: ¿Se ha planteado usted alguna vez irse de Alemania viendo todo esto?

M.B.: Creo que ahora es el momento de hacer todo lo que podamos para detener este tren enloquecido y evitar que se estampe contra un muro. Que gente como yo se vaya no aumenta la probabilidad de que esto cambie. Hemos de trabajar por un cambio completo de la política alemana. Esto llevará años. El genocidio en Gaza, la anexión de Cisjordania y la limpieza étnica de Palestina y el sur de Líbano [solo son posibles] con apoyo internacional.

Lo que intentamos hacer con Make Freedom Ring es permitir que músicos toquen su instrumento y muestren solidaridad sin cargar con todo el riesgo. Somos quienes organizamos el concierto, de modo que no les pedimos más que toquen sus instrumentos. Es una manera de inclinar la balanza de riesgo; unirse a otros que sienten lomismo suele ser una buena idea. No desesperarse solos, sino hacer cosas en grupos, encontrar socios, actuar colectivamente.

H. H.: El autoproclamado deber de Alemania de proteger la vida judía ‒que se traduce en apoyo a Israel‒ se deriva, por supuesto, de su responsabilidad histórica por el Holocausto. ¿Ve usted alguna posibilidad de separa una cosa de otra?

M. B.: Ahora mismo, la cultura de memoria [del Holocausto] es un proyecto organizado por el Estado que conduce a la complicidad con los crímenes israelíes. Creo que debemos dejar claro que la codificación del "nunca más" es la Convención sobre el Genocidio, y por tanto esto se aplica a todo el mundo. Este podría ser un primer paso. Sin embargo, de momento me resulta muy difícil imaginar esto aquí en Alemania. No solo se trata de que la cultura de memoria es selectiva, sino que la manipulan con una finalidad muy concreta.

Creo que centrar la perspectiva del pueblo palestino en Alemania es un paso muy importante. Usted y yo estamos hablando en Berlín, donde se encuentra la comunidad palestina más numerosa de Europa. No obstante, aquí no hay ningún centro cultural palestino, ningún monumento conmemorativo de la nakba, nada. La gente palestina aquí es totalmente invisible. Esta es una parte del problema, y no es casualidad; está concebido de esta manera.

H. H.: A pesar de todo ello, ¿qué le hace tener esperanza estos días?

M.B.: Hemos visto la generación más joven ‒sobre todo estudiantes‒ ser un ejemplo para la sociedad alemana. Esta generación me hace albergar esperanzas. Y también me anima saber que más de dos tercios del público alemán se opone al genocidio. Puede que en el futuro el precio político de la complicidad de Alemania resulte demasiado elevado. Puede que la complicidad les haga perder votos. Mientras esto no suceda, las cosas no cambiarán.

20/07/2026

+972 Magazine

Hanno Hauenstein es periodista independiente y escritor residente en Berlín.

Fuente y foto:

https://vientosur.info/a-las-personas-judias-que-rechazan-el-sionismo-no-se-les-considera-realmente-judias/

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