La hipoprogresía en la esfera occidental

Para el autor de la nota en Irán y Rusia se configuran los frentes que definirán la historia de los próximos 200 años. Jitrik sostiene que la progresía occidental, que se reproduce en nuestros países periféricos, finge apoyar a Palestina, pero nunca saliendo del loop de "la tiranía teocrática".
Por Oliverio Jitrik - Dr. en Física. Universidad Nacional Autónoma de México
"…la venganza que tenemos en mente no se limita únicamente al martirio del gran líder de la Revolución, más bien, cada miembro de la nación que es martirizado por el enemigo constituye un caso separado en el expediente de la venganza».
Mojtaba Jamenei
Estas fueron, casi, las primeras palabras del nuevo Ayatola al asumir la enorme responsabilidad, en pleno duelo, de conducir a la Nación Iraní cuando está sufriendo la amenaza existencial más grande desde la guerra contra Iraq, de paso también fogoneada por el Occidente colectivo, en 1979.
Es inevitable referirse a la Argentina, aún con el riesgo de bajarle el precio a una situación que excede por mucho el derrotero de un país como el nuestro, abducido, sin el menor futuro. Y no necesariamente por culpa de Milei, un mal totalmente diagnosticado, sino precisamente por lo que supone sería la oposición, o lo que queda de ella, sin mayor posibilidad de acción. Una muestra casi tomada al azar: en los prolegómenos de una tercera Guerra Mundial, al legislador de "C.A.G.A" Leandro Santoro, le preocupa que, al prácticamente declararle Milei la guerra a Irán, eso vuelva a colocar al país como blanco de acciones terroristas -Embajada y AMIA-, como hizo Menem en la época de las "relaciones carnales" (en realidad, de manita sudada en relación a la carnalidad de hoy). Es posible que Santoro piense otra cosa y quiera hacer "real politik", atraer a esa vaga clase media que, basándose en los resultados electorales recientes, son la evidencia de un caso perdido. El tiempo dirá si esa estrategia abona en algo o así piensa Santoro, como gran parte de la sociedad.
Para Santoro, o lo que quiere comunicar, Irán es y será siempre un estado terrorista y el que no haya ninguna prueba de ese "se sabe" tan delirante es irrelevante si se trata de sumarse a los lugares comunes que "la gente" quiere escuchar. La tesis es que ayudar, como Milei propone, a atacar a Irán no es en sí condenable, sino solamente impráctico: ¿para qué enervar Ayatolas? ¡Vaya tontería! ¿No se les ocurre pensar que si Irán gana, las relaciones de fuerza globales puedan, venturosamente, cambiar?
No sorprende demasiado de Santoro, un alfonsinista "de hueso colorado", tal como se atribuye con fruición el viejo Brandoni. Aunque tampoco sorprende, por su lado, Bregman, que insiste en explicarnos en que no se debe "avalar al régimen iraní ni callar sobre su represión", pero debe "rechazarse la intervención extranjera que busca imponer un cambio de régimen en la región". A ella le preguntaríamos por qué, si no se avala, qué tan de malo sería para ella "imponer un cambio en la región". Lo malo sería imponer, el cambio, bienvenido, aunque eso implique el triunfo del Mal absoluto, lo que esta capa parece no ver: el gran Israel, el final de la Ruta de la Seda para China, la amenaza de la OTAN desde el Caspio a Rusia. Pero ellos quieren a la vez el socialismo y las elecciones, y democracia en Cuba y el "fin de la teocracia" en Irán. No se puede. Aún en el camino de lo pragmático, como cree ser Santoro, no se entiende el beneficio de soslayar a los culpables de la crisis mundial, y todos esos caminos llevan al Armagedon. Es difícil quebrar el paradigma pequeño burgués "progre", el "no me gustan los ayatolas (sic) pero está mal que bombardeen Teherán". Aquél sólo se diferencia de Pete Hegseth en que, a este, sí le gusta bombardear.
Pero, "volviendo al mundo", Macri dixit, uno encuentra allí el verdadero festival de progresía deslavada, el que meramente se reproduce en nuestros países periféricos, que finge apoyar a Palestina, pero nunca saliendo del loop de "la tiranía teocrática". En ese sentido, el exitoso gaita Javier Bardem aparece en los Oscares como si fuera Lumumba, "Free Palestine" y toda esa retórica, pero sin olvidar que Irán es "un régimen tirano", y radicalizando aún más con esta ofensiva ilegal". Misma postura pragmática à la Santoro: es al vicio provocar a perros rabiosos. Aunque, como es costumbre, el campeón de la falsedad ideológica es el trasandino Boric, el que entregó el país nuevamente a una derecha rancia, "augustina", pero coincidente con él en que el norte global debe prevalecer. Dice Gabi: "Tal como los ataques unilaterales de EE.UU. a Irán son inaceptables, también lo son los de Irán a países del Medio Oriente. Y a la vez, nada justifica la opresión del régimen iraní contra su propio pueblo y las masacres perpetradas las últimas semanas…" Estas sí son teorías completas bidemoniales, que ni el mismo Pedro Sánchez, parte de la gavilla de delincuentes de la UE, el feliz y constante anfitrión de Zelenski, se atrevería a manifestar.
Las voces académicas pueden aún ser más dañinas, pues penetran en el pensamiento formativo, creador de conciencias. Por ejemplo, Hamid Dabashi, prestigiado escritor y filósofo iraní (in exilium), que analiza la situación actual y percibe que "Irán juega un desesperado partido de asimétrico backgammon. Sus manos atadas porque el régimen es una calamitosa teocracia que se disparó al pie por más de 40 años." Quizás debiera el profesor explicar en qué consiste la calamidad y si ésa es la que hace de Irán el único "régimen" que lucha, además de su supervivencia, por Palestina. Hay que aclarar que Dabashi vive en Nueva York y no se ve bien, allí, ser demasiado "proteocrático" por presocrático.
No hay caso, a las izquierdas occidentales no les gusta la Revolución Iraní, aunque entiendan que Trump es una amenaza al planeta, pero hasta ahí llegan. Bloqueado alguno de sus hemisferios por "democracias" o "feminismos", el resto del mundo pasa a segundo plano. Entonces, es imposible que jueguen del lado de la verdadera lucha antiimperialista, ejercida hoy por Rusia, Irán, Hezbola y Ansarolah en Yemen. Y, silenciosamente, por la imbatible Corea del Norte. Recordar que esta es la oportunidad: el antimperialismo no se trabaja desde Paris o Estocolmo. Y mucho menos desde los satélites blancos como Buenos Aires. Es inútil, Hezbollah no se convertirá al Partido Verde Alemán.
Mientras, en Teherán, fue asesinado el Dr. Alí Larijani, junto a su familia. Al igual que a Jamenei, lo lloramos. Pocos expresaron sus condolencias y solidaridad. De manera explícita, sólo el Kremlin lo hizo. Su martirio avivará, venturosamente, las consecuencias.
Al día de hoy, si el lector puede leer esto, es porque todavía no sabemos si la amenaza de Trump de bombardear toda la infraestructura energética de Irán se cumplió. Será el momento de unirse todos los que no quieran el Apocalipsis y apoyar a quien hay que apoyar. Las puñetas sobre "el régimen teocrático" deben dar lugar a una nueva conciencia geopolítica (eso incluye nuestro país) y cerrar filas.
Se cumplieron 50 años del comienzo de la Dictadura. Hubo un Plan Cóndor y seguimos padeciendo las consecuencias. Por la memoria de todos los caídos, es hora de juntarse por Irán y por Rusia. En estos frentes se configura la historia de los próximos 200 años.
Fuente:
https://lateclaenerevista.com/la-hipoprogresia-en-la-esfera-occidental-por-oliverio-jitrik/
