Dialéctica pura

Mariano Ciafardini traza un perfil sobre el presidente de China, Xi Jinping, la figura política que lidera la «Nueva Era» luego de dos grandes fases anteriores: Mao Zedong, con la consolidación de la independencia y del Estado socialista, y Deng Xiaoping y la reforma económica y apertura. Xi Jinping se presenta a sí mismo como una continuación que adapta esa tradición a una nueva etapa histórica.
Por Mariano Ciafardini - Dr. en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires y Coordinador del grupo de estudios sobre China del Centro de estudios y formación marxista Héctor Agosti (CEFMA).
(para La Tecl@ Eñe)
Xi Jinping nació el 15 de junio de 1953, en Beijín, en el seno de una familia estrechamente vinculada a la dirección del Partido Comunista Chino. Su padre, Xi Zhongxun (1913-2002), uno de los veteranos revolucionarios del Partido, había sido un importante dirigente y, posteriormente, viceprimer ministro. Sin embargo, la posición de su familia cambió bruscamente antes de la Revolución Cultural: su padre cayó en desgracia política en 1962 y fue apartado de sus cargos. Durante la Revolución Cultural (1966-1976), la familia sufrió persecución política. En 1969, con 15 años, Xi Jinping fue enviado al campo como parte del movimiento de los llamados «jóvenes instruidos». Su destino fue Liangjiahe, una aldea pobre de la provincia de Shaanxi, donde vivió y trabajó entre 1969 y 1975. Allí realizó labores agrícolas y posteriormente llegó a ser secretario de la célula local del Partido. Este período ocupa un lugar central en la biografía política que, posteriormente, se construyó alrededor de su experiencia personal. ¿Por qué, a pesar de la persecución de la revolución Cultural, Xi sigue siendo fiel al partido? En primer lugar, porque su identidad familiar era profundamente revolucionaria y comunista. Xi Zhongxun no era un opositor al sistema: era un veterano de la revolución que había sido perseguido por otros dirigentes comunistas. Para Xi Jinping, por tanto, podía existir una diferencia entre el Partido como proyecto histórico y los errores o excesos cometidos dentro del Partido. Esto puede explicar también las tensiones entre Mao y Deng (desde 1966 hasta 1976, coincidiendo con la Revolución Cultural).
Además, su experiencia de Liangjiahe parece haber producido en él una conclusión diferente de la que podría esperarse. Xi ha dicho que esos años le permitieron comprender mejor la vida campesina, la realidad y la relación con las masas. En 1974 ingresó al Partido y posteriormente llegó a dirigir la célula local del PCCh. Es decir, no concluyó en que: «el comunismo persiguió a mi familia, por lo tanto, hay que abandonarlo». Su interpretación fue más parecida a: «dentro del Partido se cometieron errores graves, pero el proyecto revolucionario y socialista sigue siendo válido».
Esto ayuda a entender algo aparentemente contradictorio de Xi: puede reivindicar a Mao como fundador de la República Popular y, al mismo tiempo, aceptar que durante la etapa maoísta hubo errores, entre ellos los de la Revolución Cultural.
Por eso, paradójicamente, la experiencia de su propia familia puede haber contribuido a que Xi valorara muchísimo el orden, la disciplina interna y la unidad del Partido. Esa es una de las claves más interesantes para comprender por qué Xi es ideológicamente muy partidario del PCCH, pero, al mismo tiempo, está lejos de querer repetir algo parecido a la Revolución Cultural.
Xi solicitó varias veces ingresar al Partido Comunista antes de ser finalmente admitido en enero de 1974.
Entre 1975 y 1979 estudió ingeniería química en la Universidad de Tsinghua, una de las universidades más prestigiosas de China. Pero un elemento importante para comprender su carrera es que no permaneció en Beijín. Desde comienzos de los años 80 desarrolló -durante aproximadamente 25 años- una carrera fundamentalmente provincial.
En Zhengding, provincia de Hebei, fue subsecretario y luego secretario del Partido entre 1982 y 1985. En 1985 fue trasladado a Fujian, provincia situada frente a Taiwán. Allí permaneció alrededor de 17 años.
Ocupó sucesivamente cargos y llegó a ser gobernador de Fujian.
Esta prolongada experiencia provincial coincidió con el período de expansión de las reformas económicas iniciadas bajo Deng Xiaoping.
Desde 2002-2007 estuvo en Zhejiang, una de las provincias económicamente más dinámicas de China. Fue primero gobernador interino y posteriormente secretario provincial del PCCH, el cargo político más importante de la provincia.
Zhejiang tenía un poderoso sector privado y una economía exportadora muy desarrollada, por lo que allí Xi adquirió experiencia directa en la administración de una economía de mercado integrada dentro del sistema socialista chino.
En 2007 fue designado secretario del Partido en Shanghái. Permaneció pocos meses porque ese mismo año fue incorporado al Comité Permanente del Politburó, el máximo órgano de dirección política de China.
Desde ese momento quedó claramente ubicado entre los dirigentes con posibilidades de suceder a Hu Jintao.
En 2008 fue elegido vicepresidente de China, y en 2010 vicepresidente de la Comisión Militar Central.
El momento decisivo llegó en noviembre de 2012, durante el XVIII Congreso del Partido Comunista. Xi fue elegido secretario general del Partido Comunista Chino y presidente de la Comisión Militar Central.
En marzo de 2013 fue elegido, además, presidente de la República Popular China. Desde entonces concentra las tres principales dimensiones del liderazgo chino: Partido, Estado y Fuerzas Armadas.
Es conocido el «Pensamiento de Xi Jinping sobre el Socialismo con Características Chinas para una Nueva Era», formulación doctrinal que fue incorporada en 2017 a los estatutos del Partido Comunista de China y posteriormente elevada al rango constitucional mediante su inclusión en la Constitución de la República Popular China.
Una de sus ideas centrales es que China habría entrado en una «Nueva Era» después de dos grandes fases anteriores, Mao Zedong: consolidación de la independencia y del Estado socialista, y Deng Xiaoping: reforma económica y apertura.
Desde 2012, su administración ha estado marcada por varios procesos importantes: una extensa campaña anticorrupción dentro del Partido; una mayor centralización de la dirección política; fortalecimiento de las empresas estatales en sectores estratégicos, combinado con una gran economía privada; modernización tecnológica e industrial; expansión internacional mediante la Iniciativa de la Franja y la Ruta; modernización de las Fuerzas Armadas; políticas para reducir pobreza extrema; y una política exterior más activa.
Otro cambio institucional importante se produjo en 2018, cuando la Asamblea Popular Nacional eliminó de la Constitución el límite de dos mandatos para la presidencia de la República. Esto permitió que Xi fuera elegido en marzo de 2023 para un tercer mandato presidencial.
Xi Jinping se presenta a sí mismo no como una ruptura con Mao o Deng, sino como una continuación que adapta esa tradición a una nueva etapa histórica. El propio PCCH se mantiene formalmente en una misma línea doctrinal a Marxismo-Leninismo, Pensamiento de Mao Zedong, Teoría de Deng Xiaoping y Pensamiento de Xi Jinping.
¿Qué modifica respecto de Deng? Aquí está probablemente el cambio histórico más interesante.
Durante la etapa encabezada sucesivamente por Deng Xiaoping, Jiang Zemin y Hu Jintao (aproximadamente entre 1978 y 2012), predominó una estrategia orientada al crecimiento económico, la apertura al exterior y la integración de China en la economía mundial. Con Xi la fórmula se vuelve (aproximadamente): desarrollo, seguridad, tecnología, capacidad estatal y dirección del Partido.
Eso significa que el crecimiento económico deja de ser el único criterio fundamental. Por ejemplo, Xi introduce con mucha más fuerza, cuestiones como: seguridad tecnológica, seguridad energética, seguridad alimentaria, control de cadenas de suministro, industria estratégica, inteligencia artificial, semiconductores y defensa nacional.
Deng trató de evitar que volviera a surgir una concentración de poder comparable a la época de Mao. Después de Mao se desarrollaron mecanismos de liderazgo colectivo, sucesión relativamente regular, límites informales y formales al poder personal. Con Xi, parte de esa tendencia se ha revertido.
El núcleo dirigente vuelve a tener un papel mucho más destacado y la dirección central del Partido se fortalece considerablemente. Los propios documentos del PCCh describen a Xi como el «núcleo» del Comité Central y del Partido en su conjunto.
Y esto permite entender algo importante: Xi no elimina el modelo de Deng; intenta corregir lo que la dirección china considera algunas consecuencias problemáticas de aquella etapa, especialmente desigualdad, corrupción, dependencia tecnológica y debilitamiento de la autoridad partidaria.
En unas breves reflexiones, el experto en Xi, Kevin Rudd, en su libro «Xi Jinping. Cómo su nacionalismo marxista está moldeando China y el mundo» (On Xi Jinping. How Xi´s marxist nationalism is shaping China and the world), al definir la cosmovisión ideológica de Xi Jinping, afirmó: «tal como señalé en el capítulo introductorio él se ha desplazado hacia la izquierda leninista, orientando la política china hacia una izquierda marxista. Una premisa fundamental de este libro es que la cosmovisión ideológica sigue siendo relevante para el PCCh, no solo en el plano teórico, sino también como guía práctica para que los funcionarios configuren o reflejen cambios en la orientación política dentro del mundo real».
Kevin Rudd es un político, diplomático y especialista australiano en China. Nació en 1957 y fue primer ministro de Australia en dos períodos: 2007-2010 y nuevamente en 2013.
Lo que lo hace especialmente interesante para estudiar a Xi Jinping es que Rudd no es solo un expolítico: es un sinólogo, habla mandarín, estudió lengua e historia china en la Australian National University, trabajó como diplomático en Beijín y posteriormente hizo un doctorado en Oxford centrado en la visión ideológica de Xi Jinping. Kevin Rudd, en el trabajo mencionado, analiza el pensamiento político de Xi y sostiene que para entender su gobierno hay que tomar en serio su formación marxista, y no verlo solamente como un dirigente nacionalista o pragmático.
Para el tema que veníamos tratando, Rudd es particularmente útil porque intenta responder justamente a esta pregunta: ¿Xi es simplemente un continuador de Deng, un retorno a Mao, o está construyendo algo distinto? Su respuesta, en términos generales, es que Xi combina elementos del marxismo-leninismo, la tradición maoísta, el nacionalismo chino y la modernización económica posterior a Deng, a los que reorganiza bajo una dirección partidaria más centralizada
La interpretación de Kevin Rudd es que Xi Jinping no debe entenderse simplemente como un «nuevo Mao» ni como un continuador de Deng. Rudd sostiene que Xi construyó una combinación propia desde 2012. Xi desplazó la política china hacia un leninismo más fuerte, y la economía hacia una mayor presencia del Estado.
Para Rudd, hay dos elementos principales: 1) Leninismo en la política interna. Xi considera fundamental que el Partido controle y coordine el conjunto del sistema político. Por eso reforzó la disciplina interna, la centralización, las organizaciones partidarias y la autoridad del Comité Central. Rudd considera que Xi es el dirigente chino más ideológicamente comprometido desde Mao; 2) Marxismo en la economía, pero sin abolir el mercado. Este punto es importante. Rudd no dice que Xi quiera volver a la economía maoísta. China continúa teniendo empresas privadas, mercados, comercio internacional e inversión extranjera. Pero Xi considera que el mercado debe estar subordinado a los objetivos políticos y estratégicos del Estado y del Partido. Por eso aumentó la importancia de las empresas estatales, la política industrial y el control sobre sectores considerados estratégicos.
Quizá el aspecto más interesante de la lectura de Rudd es que sostiene que Xi realmente utiliza categorías marxistas y dialécticas para interpretar el mundo. No considera la ideología simplemente una decoración utilizada por el PCCh para legitimarse. Según Rudd, Xi piensa que existen grandes tendencias históricas estructurales y que el equilibrio mundial está cambiando.
Aparece una cuestión bastante profunda: Rudd cree que para Xi el desarrollo de las «fuerzas productivas» sigue siendo marxista, pero hoy esas fuerzas productivas ya no son simplemente fábricas y acero: son IA, semiconductores, robótica, biotecnología y nuevas energías. Esa conexión ayuda mucho a entender el actual proyecto tecnológico chino.
Como señala Rudd en su obra, Xi Jinping afirmó en un discurso dirigido al Politburó en 2022 que «el marxismo señala el camino para el avance de la sociedad humana» y constituye «una poderosa arma teórica para comprender el mundo y sus tendencias profundas, buscar la verdad y transformar el mundo. El marxismo no es un conjunto de dogmas rígidos, sino una guía para la acción que debe evolucionar a medida que cambia la situación. Si el marxismo puede cumplir su papel rector depende de si sus principios básicos se adaptan a las condiciones de China y las características de la época. En un mundo que cambia rápidamente y un país en rápido crecimiento, no podemos estar atados a viejas convenciones y pensamiento rígido, y debemos ser lo suficientemente audaces para actualizar nuestra teoría. Si no podemos responder preguntas sobre el presente y el futuro de China y su gente y el mundo en general, perderemos impulso en el avance de la causa del Partido y el país, el marxismo se marchitará y la gente perderá la fe en él» (Rudd, 2024: 35; la traducción es nuestra).
Según Rudd, en un artículo presentado por primera vez en enero de 2013, pero no publicado hasta 1920, en Quinshi, que se titulaba «Manteniendo la importancia del materialismo histórico en la incesante apertura a nuevos límites para el marxismo chino contemporáneo», Xi recordó al Partido que, durante sus cinco años como director de la Escuela Central del Partido, su mensaje central fue que la filosofía marxista era la materia principal […] para todos los cuadros del Partido. Xi recordó su discurso anterior en la escuela, donde citó con aprobación la opinión de Chen Yun, exlíder conservador del Partido y uno de los principales opositores de Deng en las décadas de 1980 y 1990. Chen Yun había dicho que "al estudiar teoría el desafío más importante es implementar el método ideológico correcto; por lo tanto, es esencial estudiar filosofía para comprender la metodología ideológica correcta para observar las cosas; y si no se comprende el materialismo dialéctico, siempre se cometerán errores». Al igual que en el discurso de Xi sobre el materialismo dialéctico, en este artículo Xi se basa ampliamente en «Sobre la contradicción» y «Sobre las prácticas» de Mao. Sin embargo, Xi también hizo un uso más expansivo del discurso de Mao de 1942 titulado «Rectificar el estilo de trabajo del Partido […]». Esto parece ser un recordatorio deliberado a los trémulos colegas de Xi en el Partido sobre su propio celo por la construcción del Partido y la lucha contra la corrupción. Xi también utilizó este discurso de 2013 sobre el materialismo histórico para comenzar a prefigurar las bases ideológicas para la redefinición formal del Partido. Las principales contradicciones en 2017 afirmaron que todas las decisiones correctas en la historia del PCCH se tomaron a través de la lente analítica del materialismo histórico. Esto incluyó la Reforma y la Apertura, que siguió al reconocimiento por parte del Partido de los factores de producción no desarrollados de China en su etapa actual de desarrollo histórico, es decir, la etapa primaria del socialismo. Por lo tanto, Xi afirmó que esto significaba comprender las complejas «interacciones mutuas, restricciones mutuas y control mutuo entre los factores de producción y las relaciones de producción, así como entre la base económica y la superestructura social». Xi advierte que estas relaciones eran extremadamente complejas y que, en ocasiones, podían generar una reacción contraria de la superestructura social hacia la base económica (Rudd, 2024: 94-96; la traducción es nuestra).
Xi es el primer líder del Partido desde Mao en pronunciar discursos explícitamente dedicados a la metodología analítica marxista. Si bien no añadió nada al contenido conceptual de la metodología marxista, Xi se diferenció deliberadamente de Deng, Jiang y Hu al restablecer la importancia de estos principios. Al comienzo de su mandato Xi dirigió críticas ideológicas notablemente agudas a sus predecesores por no haber logrado abordar las nuevas contradicciones generadas por la reforma económica de mercado. Xi fue explícito sobre que el Partido necesitaba ajustar su modelo de desarrollo económico para lidiar con la creciente desigualdad y rechazar la adaptación de todo al mercado.
Desde principios del período Xi, el enfoque impulsado por el mercado para las empresas estatales comenzó a cambiar. El III Pleno del XVIII Comité Central, celebrado en 2013, estableció que el Estado debía centrarse en la gestión del capital estatal más que en la administración directa de las empresas. Según esa decisión, los gerentes de las empresas estatales tenían que servir a los objetivos estratégicos del Estado e invertir más en industrias y áreas clave que son vitales para la seguridad nacional y son el alma de la economía (Rudd, 2024: 189; la traducción es nuestra).
En marzo de 2012, Xi presidió una reunión nacional sobre el Documento Nº II producido por el Departamento de Organización Central del PCCH, que formalizó la intención del Partido de establecer comités en todas las empresas del sector privado, grandes y pequeñas, en todo el país. Esto fue seguido en noviembre de 2018 por las nuevas regulaciones del PCCH, que facultan a las organizaciones del Partido a guiar y supervisar a las empresas privadas en el estricto cumplimiento de la ley y las regulaciones nacionales.
En su enfoque geopolítico, es conocida la posición de XI de una «comunidad de naciones de destino compartido», lo que evoca, en las condiciones del siglo XXI, el internacionalismo proletario del siglo XX, en un lenguaje apropiado a una situación en la que no se ha desatado una guerra fría (ni una caliente a nivel mundial como en el siglo XX) que retrase la integración mundial, sino que se da la posibilidad real de la construcción de una comunidad de naciones unidas por el comercio igualitario y la diplomacia pacífica.
Es decir que China, a la par de estar cambiando el mundo, se está cambiando a sí misma, y no precisamente en un camino capitalista. Eso no es ninguna coincidencia extraña. Es dialéctica pura.
Fuente:
https://lateclaenerevista.com/dialectica-pura-por-mariano-ciafardini/
