Dividida y sin brújula: la región observa desconcertada la deriva belicista de Trump

Por Dacil Lanza
Bajo el gobierno Trump II, Estados Unidos dejó de jugar fuerte en los cinco continentes y, especialmente, en los alrededores de las otras grandes potencias mundiales, y decidió desplegar todo su músculo en América Latina. Quiere reafirmar su primacía en lo que considera su "patio trasero" frente a sus competidores en el mundo, especialmente China, con una lógica de palos más que zanahorias. Para ello, bombardeó por primera vez en su historia a un país de Sudamerica, Venezuela. La región reaccionó dejando al desnudo su nueva grieta: el bloque de aliados de Washington celebró, mientras que un polo cada vez más reducido de gobiernos críticos lo condenó. Pero no mucho más que eso. No hubo respuesta diplomática coordinada, ni reuniones de máximo nivel para sumar apoyos en el resto de la comunidad internacional. Y con el paso de los días y el avance descontrolado del presidente norteamericano, queda más en evidencia que hoy cada uno de los mandatarios del vecindario atiende su juego.
Trump II demostró estar dispuesto a dejar de lado cualquier construcción hegemónica consensual -usar más la zanahoria que el garrote- en la región latinoamericana y a diferencia de su primera gestión, que tuvo otros matices, ahora apela directamente a una lógica de dominación a través de presiones económicas y militares, con un estilo casi imprevisible. Como indica textualmente su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS, por sus siglas en inglés) publicada en noviembre, "Trump utiliza la diplomacia no convencional, el poderío militar de Estados Unidos y su influencia económica".
Y si bien salió al rescate de Javier Milei en Argentina y sus funcionarios pisaron fuerte en Ecuador, otros países corrieron una suerte diferente: desde la aplicación de aranceles de 40% -que ya retiró parcialmente- a Brasil -ya no con el argumento de desequilibrios comerciales, sino de una supuesta "caza de brujas" contra Jair Bolsonaro-, pasando por la presión sobre Panamá para desplazar empresas chinas y aceptar presencia militar de Estados Unidos, la descertificación de Colombia, las constantes amenazas a México y las deportaciones masivas de latinos en su país.
En los papeles y en su accionar, la Casa Blanca prioriza -trágicamente- la región, mientras ésta ensaya respuestas fragmentadas y acentúa la inercia de descoordinación que mantiene desde hace años. "América Latina se convierte en una prioridad para Estados Unidos. Es uno de los escenarios centrales para mandar mensajes al mundo. Es el laboratorio -no el único- de Trump, que decidió imponer la dominación en el hemisferio antes que en cualquier otro lugar, porque tiene menores costos relativos que si la intervención se da en otras regiones más volátiles, y porque en esta región se concentran muy claramente el núcleo de las banderas que lo llevaron al poder; seguridad interna, drogas, migración y el control de China. Todas ellas las puede probar aquí, o puede probar qué tan lejos intervenir", dijo a El Destape la internacionalista Guadalupe González González.
Para la investigadora del Colegio de México, Venezuela es un ejemplo claro de cómo Trump "va ajustando su estrategia dependiendo de las circunstancias". Mide "el impacto que su acción puede tener dentro de Venezuela, para mantener el control, a la vez que estima el costo político que esto puede tener en Estados Unidos, porque para muchos republicanos, que él haya desplegado la bota en el Caribe, los pone a dudar de qué tanto va a ser el presidente de las 'no guerras'", explicó.
El cambio en las prioridades de Trump se vio también cuando ordenó un aumento del despliegue militar en el mar Caribe y el Pacífico y la redefinición del concepto de amenaza a partir del de narcoterrorismo, que precedió a la intervención militar en Caracas. Ahora el Pentágono tiene 12 buques de guerra desplegados en aguas del Caribe, el doble de los que tiene en Medio Oriente. Washington incluso ordenó en octubre el traslado del portaaviones USS Gerald R. Ford, que antes navegaba el Mediterráneo.
"América Latina gana importancia estratégica en la toma de decisiones en Washington. Eso no es solo producto de la NSS, sino que el primer viaje al exterior del secretario de Estado, Marco Rubio, fue a Centroamérica. Lastimosamente, esto era incluso anhelado por algunos países tradicionalmente cercanos a Washington", destacó en diálogo con El Destape Rafael Piñeros Ayala, internacionalista de la Universidad Externado de Colombia, y agregó que este repliegue hacia la región "se basa en la utilización unilateral de la fuerza", como sucedió en Venezuela.
"Estados Unidos decidió utilizar la fuerza como no lo hacía desde la década de los '90s en América Latina y eso, sin duda alguna, genera rechazo. Es una violación a la soberanía, a la libre determinación de los pueblos, al gobierno autónomo, pero al mismo tiempo nos pone sobre una situación distinta y es que puede volver a suceder", advirtió y sostuvo que podría hacerlo "frente a aquellos regímenes con los cuales no tiene una relación, como Cuba o Nicaragua, a la vez que es permisivo respecto a lo que pase en El Salvador o México".
América Latina ¿tiene margen de respuesta ante Trump?
La aceleración de la escalada previa a la captura de Maduro el 3 de enero dejó a la región pedaleando en el aire. Dos días después, el presidente depuesto y su esposa, Cilia Flores, ya comparecían ante un tribunal de Nueva York, donde se declararon inocentes de cargos que incluían la conspiración de narcoterrorismo. Mientras tanto, en Caracas se instalaba la nueva Asamblea legislativa y Delcy Rodriguez, hasta entonces vicepresidenta y ministra de Hidrocarburos, juraba como presidenta interina. El mismo día, los países de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) no pudieron llegar a una respuesta consensuada sobre la incursión de Trump.
"Creo que en este momento hay una fase de desconcierto regional ante la situación de estar enfrentando un mundo inédito. América Latina no estaba acostumbrada a ser el centro del foco de la política exterior de Estados Unidos y a esto se suma una década de fragmentación política y de vaciamiento o erosión de las instituciones regionales. Estos países -de izquierda o de derecha- desfondaron las propias instituciones. Así que es quizá el momento de máxima falta de capacidad de respuesta", evaluó González.
La analista mexicana se esperanza con que la región encuentre "rápidamente nuevas formas" de respuesta a la doctrina Trump. "Creo que hay algunos indicios. Por un lado, está el comunicado de México, Brasil, Chile, Uruguay, España y Colombia, para el que decidieron dejar de lado, por ejemplo, la tensión que había entre México y España", destacó, aunque también aclaró que varios de estos gobiernos "están de salida". Eso es un "indicio de que hay incentivos de la necesidad de buscar salidas", concluyó.
Para Piñeros Ayala, la historia enseña que las discrepancias regionales respecto a Estados Unidos no son nuevas y, por eso, los países "nunca están preparados". "Este no va a ser el caso contrario porque hay países que han demostrado que su cercanía les puede traer réditos a los gobiernos en ejercicio. Estoy hablando de Milei en Argentina, Rodrigo Paz en Bolivia, quizás José Antonio Kast en Chile y, por supuesto, de regímenes que logren encontrar algún mecanismo de cooperación con la administración Trump", analizó
Esto también se vio en el caso argentino, donde Trump no escatimó apoyos a Buenos Aires: desde su respaldo previo a una elección -que Milei "iba a perder", según el mismo estadounidense reconoció- hasta la asignación de un swap, tras su respaldo en el FMI. En todo momento, el mandatario norteamericano dejó en claro que no se trataba de un apoyo institucional a la Argentina, sino a la gestión de su aliado libertario, a quien desde entonces hace demandas públicas -al igual que a otros aliados- como flexibilizaciones regulatorias, acceso privilegiado a sus mercados y acumulación de reservas.
La estrategia de Argentina frente a Trump podría inscribirse en lo que González González describió como "bandwagoning,": "Esto es, 'me subo al carro del poderoso, o me coloco abajo de la sombra del árbol más grande para que me proteja'". Una premisa no muy diferente al realismo periférico que primó en los años 90s con Carlos Menem.
Elecciones regionales 2026, ¿otro escenario de incidencia para Trump?
2026 será un año de elecciones clave en Brasil, Colombia y Perú, tres de los cuatro países más poblados de Sudamérica. Y si algo demostró Donald Trump en su primer año es que en su menú de injerencias para la región, que van desde presiones económicas y militares, también está el apoyo explícito a candidatos, como pasó en Argentina, pero también en Honduras ¿Existen motivos para que sea diferente este año?
González González consideró que sí hay margen para que haya una estrategia diferente de parte de la Casa Blanca. "El caso colombiano es muy peculiar. Ahora ya hay una cierta normalización de la relación con Gustavo Petro. No es tan claro que una posición tan franca de apoyo a la oposición le beneficie a Trump porque puede ser el beso del diablo. Y en el caso de Brasil, donde también hubo una normalización, creo que la derecha va a estar un poco desarticulada. Y una intervención muy directa en favor del bolsonarismo puede ser contraproducente en política interna", analizó.
Esto vio cuando Trump elevó los aranceles a Brasilia, lo que generó movilizaciones de corte nacionalista, en rechazo a una medida que impactaba de lleno en la economía brasileña.
"En México no tenemos elecciones, pero este es un año crucial por la renegociación del T-MEC (acuerdo de libre comercio con Washington y Canadá), y por la presión de Estados Unidos para que México desmantele las redes de apoyo político al narcotráfico, así como el tema de Cuba (a quien Claudia Sheinbaum ofreció ayuda) Ahora, tampoco está tan claro cómo va a jugar esto porque la operación militar en Venezuela ya está teniendo un costo político para Trump frente a sus propias bases, que esperaban que Estados Unidos ya no abriera frentes militares", dijo González.
"Los cálculos político-electorales de todos los actores son inciertos. Entonces siento que van a estar calibrando, en la misma lógica del laboratorio, en cada momento el siguiente paso", agregó.
Para Piñeros Ayala, "en Brasil creo que Donald Trump ha hecho todo lo que el guión le indica para apoyar a un partidario". "Pero aun así creo que la democracia y el estado de derecho brasileño ha demostrado ser bastante sólido y es muy difícil que Bolsonaro o alguno de sus hijos tenga posibilidades", estimó el académico antes de pasar al caso de Colombia, donde también ve un "panorama electoral incierto".
"Se prevé que Estados Unidos busque influir de manera indirecta y sutil en el proceso electoral, favoreciendo candidatos que no sean de centroizquierda. Iván Cepeda, candidato de ese espacio, aparece bien posicionado con alrededor del 30% de favorabilidad, lo que le da una base sólida pero difícil de ampliar. El principal desafío de la izquierda sería convertir esa base en una mayoría, algo complejo sin el apoyo del centro. Es una situación comparable a la experiencia reciente de Chile", aseveró.
El especialista colombiano sostiene que el escenario electoral en Perú es aún más incierto y "difícil de anticipar".
A las elecciones de los gigantes sudamericanos, además, se sumarán otras en Centroamérica y el Caribe: Costa Rica y quizás Haití.
El mapa político del continente se termina de definir este año y Estados Unidos está más atento que nunca. La ejecución de la "doctrina Donroe" -la actualización de Trump de la que inauguró James Monroe en 1823 y que se suele sintetizar en la idea de "América para los americanos"- se está normalizando y los presidentes latinoamericanos sólo ofrecen respuestas y estrategias fragmentadas y hasta desorientadas.
En palabras de González González, "cada día es más claro que el trumpismo llegó para quedarse. El derrotero que ha seguido la política exterior de Estados Unidos con el abandono de instituciones latinoamericanas, ya implica un cambio. Estamos en otro mundo". La región, por ahora, no parece estar ni cerca del desafío de los nuevos tiempos.
Fuente:
El Destape
