El poder desnudo

Por Mario de Casas - Ingeniero Civil. Diplomado en Economía Política
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, gobernado por la teocracia de los ayatolas, podría poner a algún desprevenido ante un dilema aparente: ¿Cómo situarse ante una agresión imperial dirigida contra un país gobernado por un régimen opresor? Es que, si bien rechazamos por definición a ambos contendientes, no hay lugar para la neutralidad. En efecto, hay un atacante que arrasa con miles y miles de vidas y bienes, y vulnera el principio de autodeterminación: intenta terminar con toda condición nacional que no se le subordine. Además, no se conoce un solo caso cuyo corolario haya sido una mejora en las condiciones de vida del pueblo agredido, sino todo lo contrario: basta considerar los bombardeos de la OTAN en los años '90 del siglo pasado a Yugoeslavia bajo el régimen de Slobodan Milosevic; la invasión de Irak y el asesinato de Saddam Husein en 2003 por una coalición liderada por EE.UU.; la destrucción de Libia por la OTAN en 2011 hasta convertirla en un Estado fallido y el asesinato de Muhammad al-Gadafi; o el derrocamiento del régimen de Bashar al-Assad en Siria en 2025 impulsado por EE.UU. e Israel para terminar entronizando en Damasco a un antiguo miembro de Al Qaeda. Crímenes que pretendieron ocultarse con falsas denuncias de armas químicas que no existían, o protecciones de derechos humanos, democracia y libertad que nunca se cumplieron, se agravaron. Ahora el mundo entero sabe que el objetivo excluyente era y es controlar territorios y recursos de alto valor estratégico, más allá de las pujas y contradicciones en el seno del proyecto anglo-norteamericano.
Lo nuevo es que Donald Trump se ha encargado de que cada vez queden menos desprevenidos: lo que antes era revelado sólo por denunciantes ocasionales, periodistas de investigación, activistas y medios disidentes, ahora es exhibido sin tapujos desde la cumbre institucional del propio imperio.
Hasta el inicio del genocidio israelí-norteamericano en Gaza, era difícil hacer ver a los occidentales la brutalidad del imperio estadounidense. Requería prolongados esfuerzos de persuasión que un occidental medio comprendiera que las agresiones de la OTAN provocaron activamente la guerra en Ucrania, que el intervencionismo occidental desempeñó un papel determinante en la violencia y el caos en Siria, que la guerra económica de EE.UU. fue y es una causa determinante del sufrimiento de cubanos y venezolanos, que la nueva invasión/ocupación israelí del sur del Líbano es un paso más del proyecto expansionista del sionismo avalado por EE.UU., etc. La criminalidad imperial se ocultaba con maniobras que permitían a publicistas de variado pelaje presentar la estructura de poder occidental cual si fuera un testigo pasivo y solidario con los pueblos cuyos gobiernos eran invariablemente calificados de "autoritarios" o "terroristas".
Hoy están ahí, a la vista de todas y todos, las imágenes de un belicismo descontrolado con consecuencias económicas directas. Exaltar las hazañas imperiales es una tarea muy difícil, si no imposible: no hay forma de presentar una escuela llena de niños volada por un doble ataque aéreo estadounidense como algo distinto de lo que es. Hay límites que la manipulación narrativa no puede superar, como el de las imágenes de video sin editar de semejantes atrocidades, que tienen lugar desde hace bastante tiempo y han sido respaldados – por acción u omisión – por buena parte de Occidente. Asimismo, ¿cómo convencer sobre la conveniencia de pagar – aquí, allá y ahora – mucho más por el combustible y los alimentos que antes de la agresión?
Hace unos días, el ex eurodiputado español por Ciudadanos – derecha neoliberal – Luis Garicano, quien fue profesor en la London School of Economics (LSE) y es en las "escuelas de negocios" de las universidades de Columbia y Chicago, se quejaba en X (ex Twitter) porque las acciones de Trump están haciendo que parezca que la izquierda ha tenido razón respecto del imperio estadounidense, como si el problema fuese Trump y no la máquina imperial. El exeurodiputado decía: "Muchos de nosotros, los europeos liberales, pasamos décadas rechazando la versión caricaturesca de Estados Unidos que tiene la extrema izquierda europea (todo es petróleo, imperialismo, enriquecerse a costa de otros) y luego llega una administración estúpida y representa esa caricatura a la perfección". Es probable que Garicano esté ante la dificultad de asimilar el impacto que implica comprobar que lo que enseña y predica no se corresponde con la realidad, y que la "extrema izquierda" siempre ha tenido razón en esta cuestión fundamental. Trump lo ha puesto ante la disyuntiva de reconocer ante sus alumnos que estaba equivocado, o sostener contra viento y marea lo que no es más que un prejuicio ideológico.
En este contexto, se destaca la obstinación del presidente Javier Milei por vestir con trapos gastados al amo del norte – quien se ufana en mostrar su poder desnudo – mientras aquí está cayéndose el falso ropaje que cubría al mileismo con el sistemático empobrecimiento de la mayoría, la ininterrumpida pérdida de capacidades nacionales, el industricidio, los comercios vacíos y el abrupto enriquecimiento de lúmpenes como el Jefe de Gabinete Manuel Adorni. Pero las contribuciones de Milei al despertar de los desprevenidos no terminan aquí: el seguidismo ciego al gobierno norteamericano, que hasta podría ruborizar a los "argentinos de bien", tuvo una de sus más recientes manifestaciones en el vergonzoso voto en contra de la resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas reunida en Adís Abeba, Etiopía, el 26 de marzo pasado, que declaró: "La trata y esclavización de africanos fue el crimen más grave contra la humanidad, que, por escala, duración, naturaleza sistemática, brutalidad y consecuencias duraderas, continúa afectando las estructuras sociales actuales en cuanto a racismo y desigualdad". El voto argentino implicó – entre otras cosas – dar la espalda a los países africanos y afrocaribeños, muchos de los cuales siempre votaron a favor de Argentina en el conflicto por Malvinas y constituye un agravio para esos países, que en lo sucesivo probablemente quiten su decisivo respaldo a nuestra Causa en el Comité de Colonización. Cabe destacar que antiguas potencias coloniales – nada menos – como el Reino Unido, Países Bajos y Bélgica se abstuvieron, mientras Argentina también quedó al margen de las potencias intermedias y los países emergentes que, como Brasil, apoyan los reclamos por nuestras islas. El canciller Pablo Quirno explicó que «nuestros socios son Estados Unidos e Israel, no África ni el Tercer Mundo".
Desde hace tiempo una duda en cadena – que no encuentra respuestas convincentes – consume las energías de unos cuantos cerebros criollos: lo de Milei, ¿es tara ideológica, oportunismo, pura torpeza, negociados de él y sus amigos; o es todo esto a la vez?
Fuente:
https://lateclaenerevista.com/el-poder-desnudo-por-mario-de-casas/
