El tercer hombre

04.05.2026

La diplomacia entendida como trato coloca en el centro lo que gana Estados Unidos en cada transacción, por encima de valores o alianzas históricas. Esta lógica de negociación pragmática y directa rompe con el multilateralismo tradicional y minimiza el peso de principios como la democracia, los derechos humanos o la cooperación internacional.

Por Rafael Bielsa

Supongamos, solo a efectos de razonamiento, que el "segundo hombre" debajo de Donald Trump fuera Stephen Miller (el "cerebro"), Steve Witkoff (el "negociador personal"), Dan Scavino (el "leal"), J. D. Vance (el "heredero aparente" del movimiento MAGA) o figuras de máxima confianza como Donald Trump Jr. y Jared Kushner. ¿Quién sería entonces el "tercer hombre", con acceso directo al primero, pero operando en las sombras?

"El tercer hombre" (The Third Man, 1949) es una de las obras maestras del cine negro (film noir) y, para muchos críticos, uno de los mejores ejemplos del género. Dirigida por Carol Reed, con guion de Graham Greene, está protagonizada por Joseph Cotten y Orson Welles, con Trevor Howard en un papel clave. Sus temas centrales —la traición, la ambigüedad moral y la pérdida de inocencia en un mundo destruido por la guerra— convierten al enigmático "tercer hombre" en el gancho de la historia.

Entre los numerosos sintagmas nominales asociados al nombre propio Donald Trump, dos destacan particularmente: "política exterior transaccional" y "retórica inflamatoria". El primero no es un término académico propiamente dicho, sino una descripción caracterizadora del estilo de Trump y de sus funcionarios. El segundo, en cambio, constituye un término técnico consolidado en los estudios de comunicación política y análisis del discurso.

La diplomacia entendida como trato (deal) coloca en el centro lo que gana Estados Unidos en cada transacción, por encima de valores o alianzas históricas. Esta lógica de negociación pragmática y directa rompe con el multilateralismo tradicional y minimiza el peso de principios como la democracia, los derechos humanos o la cooperación internacional. Así lo demuestran varias acciones de la presidencia de Trump: las amenazas de no defender a los miembros de la OTAN que no cumplan con el gasto militar reclamado, la renegociación del tratado comercial con Canadá y México (T-MEC/USMCA) y la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático. Keith Kellogg, militar retirado y enviado especial de Trump para Ucrania y Rusia, lo expresó con claridad: el presidente "aborda la diplomacia de manera muy transaccional, con la economía como base de las relaciones internacionales".

El lenguaje violento, según los especialistas, contribuye a crear un clima de polarización extrema que normaliza o incluso facilita la violencia política. En la era actual se observa una creciente aceptación social de la violencia como herramienta política legítima; la demonización del "enemigo interno" acelera este ciclo (Robert Pape, Universidad de Chicago). Asimismo, el lenguaje que presenta al adversario como "existencialmente peligroso" (James Piazza, Universidad de Pensilvania) erosiona las normas éticas, morales y jurídicas destinadas a prevenir el daño intencional causado por personas.

Patrones asociados al fascismo

Dicha retórica —con frases como "baño de sangre" (bloodbath), "enemigos del pueblo" o la demonización sistemática de opositores— sigue patrones históricos asociados al fascismo, que erosionan las normas democráticas y preparan el terreno para la violencia real (Timothy Snyder, Yale, autor de "El camino hacia la no libertad"). Se trata de una oratoria que alimenta un nuevo tipo de extremismo "nihilista" o de "rabia pura", que trasciende las ideologías tradicionales (Bruce Hoffman, Georgetown). En este contexto, la declaración de la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt —"Como dijo el presidente, esta violencia política tiene que terminar"— resulta escasa para abordar el efecto ambiental de semejantes monsergas: la retórica inflamatoria contribuye a la "desinhibición" de individuos frustrados (Jacob Ware, Council on Foreign Relations —CFR—, New York).

En 2001, la actriz Sharon Stone sobrevivió a un ictus que puso su vida en peligro; los médicos le dieron apenas un 1 % de probabilidades de recuperación. Varios años después, al relatar su experiencia, explicó que muchas personas a su alrededor se aprovecharon de su vulnerabilidad, lo que le hizo perder gran parte de su fortuna y varios vínculos personales. Adoptaron una actitud "transaccional", declaró.

En 1945, Elie Wiesel fue liberado del campo de concentración de Buchenwald. En su testimonio recordó que el responsable de su barracón le había dicho: "Escúchame bien, pequeño. (…) Aquí cada uno debe luchar por sí mismo y no pensar en los demás. (…) Cada uno vive y muere para sí, solo". Se trataba, en su expresión más cruda, de la transaccionalidad humana.

Stone sostiene que, si se alimenta la semilla de la amargura, "nunca te abandona". Pero si se mantiene la fe —aunque sea del tamaño de un grano de mostaza—, es posible sobrevivir. Wiesel, por su parte, escribió que el opuesto del amor no es el odio, sino la indiferencia. Su misión vital consistió en transformar la experiencia del Holocausto en un llamamiento universal contra la violencia y la intolerancia, convirtiéndose en un referente mundial de la paz y la dignidad humana, lo que le valió el Premio Nobel de la Paz en 1986.

Thiel y la capacidad de "ver todo"

Hoy hay una decadencia civilizatoria, exteriorizada por múltiples síntomas. La occidental no logra ocultar la suya, y un nuevo orden —otra civilización que responda a un mínimo de razón y sea menos criminal (Eugenio Raúl Zaffaroni)— resulta imaginable. El Anticristo (Nuevo Testamento, epístolas de Juan) y el Superhombre (Friedrich Nietzsche) vuelven a la superficie. La demolición destructiva contra la moral judeocristiana, por un lado, y la creación de nuevos valores por parte de quien afirma la plenitud humana y supera la "moral de rebaño", por el otro, están vinculadas. Hay quienes sostienen que ambos conceptos se complementan: el Anticristo como crítica y el Superhombre como propuesta; sin el primero, el segundo no tendría terreno fértil; sin el segundo, el primero quedaría en mera aniquilación. Peter Thiel, administrador de fondos de inversión y capitalista de riesgo, habla del "vértigo mundial" y organiza conferencias privadas sobre la figura bíblica del Anticristo, su sujeto fetiche desde hace algunos años. ¿Y si, como hipótesis de trabajo, Thiel fuera el tercer hombre de Trump? A sus oyentes les dijo de manera preventiva: "Si están listos de manera sincera, racional y razonada para afirmar que Trump es el Anticristo, los escucharé".

Peter Thiel, chairman de Palantir, en una de sus esporádicas apariciones
Peter Thiel, chairman de Palantir, en una de sus esporádicas apariciones

Peter Thiel ha apoyado a figuras como JD Vance y Donald Trump. Es cofundador, accionista relevante y chairman de Palantir Technologies, cuyas plataformas principales (Gotham y Foundry) permiten fusionar datos dispersos de múltiples fuentes en una vista unificada, mediante herramientas de búsqueda avanzada, visualización y análisis predictivo. Esta capacidad de "ver todo", al cruzar bases de datos de inmigración, impuestos, redes sociales, biometría y otras, transforma la información en poder operativo para los gobiernos: vigilancia, targeting selectivo, eficiencia administrativa y ventaja en inteligencia.

Se presenta como un lanzador de alertas universal y pasó por Argentina. Compró una casa en Buenos Aires, en Barrio Parque, viajó a Bariloche y se alojó en el Hotel Llao Llao; además mantuvo con discreción una serie de reuniones. Esta estrategia —que todo el mundo escuche hablar de cada cosa, pero que nadie pueda entrar en la pieza— resulta muy efectiva. Así, impartió conferencias privadas en fechas simbólicas: inició una serie en San Francisco el 15 de septiembre de 2025 y otra en Roma a mediados de marzo de 2026. Elegir el 15 (que se reduce al 6 en numerología pitagórica: 1 + 5) puede transmitir simbólicamente estabilidad, responsabilidad y placer sensorial. Aunque los asistentes no eligen la fecha y Thiel es esporádico en sus apariciones, el patrón resulta sugestivo.

Su número del Camino de la Vida es el 8 (fecha de nacimiento 11/10/1967), cuya vibración externa se asocia con poder, éxito material, autoridad y capacidad de concreción. Por su parte, el Camino de la Vida de Donald Trump es el 4 (14/06/1946), que en su (mejor) expresión representa al "constructor": perseverante, disciplinado y enfocado en lo material (dinero, negocios, propiedades).

En un marco de confidencialidad extrema, Peter Thiel brindó en San Francisco una serie de cuatro conferencias privadas (del 15 de septiembre al 6 de octubre de 2025) sobre la figura bíblica del Anticristo. Entre la llegada de un posible Estado Mundial impulsado por el poder tecnológico y las premisas de una nueva guerra, buscó decidir —con notable ambigüedad— cuál de los candidatos interpretaría el papel del Anticristo: bajo una cobertura de buenos sentimientos puede ocultarse el mal, con niveles de sentido superpuestos (Carl Schmitt y El señor de los anillos), y mediante citas y mediaciones en las que la vieja Biblia se oculta mientras se pretende revelarla. Hay pasajes que evocan el fantasma del exit (alternativas soberanas), propio del postlibertarismo de Thiel, y que reivindican la secesión tal como aparece en la teoría del patchwork de Yarvin: un mundo compuesto por una multiplicidad de Estados-empresas independientes —los llamados sovcorps (sovereign corporations)— que apunta hacia el «capitalismo de la finitud» o el «capitalismo fracturado» descrito por Arnaud Orain y Quinn Slobodian.

En el Palazzo Orsini-Taverna, en el corazón de Roma, Peter Thiel, junto con la Associazione Culturale Vincenzo Gioberti, organizó un evento a puertas cerradas sobre la figura del Anticristo entre el 15 y el 18 de marzo de 2026. Al seminario asistieron "seleccionadísimos" académicos, financistas y figuras de la derecha italiana. Mientras tanto, Palantir perfecciona acuerdos con diversos gobiernos europeos. El palacio, ubicado en el barrio que Dante Alighieri inmortalizó en el canto XVIII del Infierno, fue descrito por la prensa como la sede donde "un astro naciente de la derecha norteamericana cercana a Donald Trump" impartía sus reflexiones sobre el Apocalipsis (Simone Santi, Wired). Algunos asistentes, en las inmediaciones, subrayan que cada encuesta demuestra que las poblaciones siempre piensan que sus propias civilizaciones van en la dirección equivocada, lo que es intrigante.

En cualquier caso, es indudable que el auge de Silicon Valley implicó un intercambio de derechos sociales por bienes de consumo accesibles. Por el camino se instaló un hiperliberalismo desbocado, en el que los fuertes son cada vez más fuertes y menos numerosos, y los débiles cada vez más débiles y más numerosos. El neoliberalismo desregulado y el poder desmedido de Big Tech se muestran feroces con los ingenuos y cómplices que priorizaron el consumo barato por encima de la protección social, acelerando una concentración brutal de poder y riqueza. La llegada de "El tercer hombre" invita a reflexionar, más allá de las mansiones en Barrio Parque y los postres vernáculos.

HB

Fuente:

Diario Perfil

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