El volcán del Sacromonte: cuando la guitarra escupe contra el fascismo

04.08.2026
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En las alturas del verano de Granada, donde el flamenco mantiene su trinchera bajo un calor que quema la piel, el llanto por Lorca y la tragedia migratoria de Ceuta agitan la noche de un invierno del mundo que se resiste a la desmemoria.

Por: Nicolás G. Recoaro

Desde España

Granada es un infierno en la tarde de lunes que se muere. La térmica acaricia los 40° cuando se derrumba el sol sobre la mole de piedra de la Alhambra, esa reliquia nasrí que contempla impávida la desidia de los hombres. Tórrida va a ser la noche en las cuevas del Sacromonte, pero en el asfalto el calor muerde como un perro andaluz.

En el mirador de San Nicolás me lo cruzo a Manuel y a su banda. Son unos pibes que se ganan el mango haciendo flamenco del bueno, al paso, rasgueando la caja y la guitarra por las moneditas que dejan caer los turistas: "Dejan dos euros, pero después tiran 80 para ver cualquier cosa en las tablas de las cuevas, que es pura mentira", escupe Manuel antes de clavar un martinete con su garganta poderosa que eriza la piel.

Dejo a la banda en el mirador y encaro la subida empinada. En el arrabal gitano cosido como una cicatriz al barrio del Albaicín, la meca del cante jondo luce sus galas plebeyas. Históricamente escupido hacia los márgenes, el Sacromonte nació como el refugio de los parias: gitanos, moriscos y marginales expulsados por la conquista cristiana que excavaron la montaña para inventar una arquitectura de la resistencia. Así parieron las zambras, ese ritual donde la fiesta se confunde con la catarsis.

La noche del verano hispánico es pura fragua. Más de 30° de térmica en la penumbra cuando las luces de la fortaleza se encienden. Entonces comienzan a arder las cuevas. Bailaoras, cantaores y sultanes de la guitarra le echan leña al milenario arte gitano. Un infierno encantador donde el duende no se vende por euros, se sangra.

Pero los gitanillos del Sacromonte, venidos de Sevilla, de Cádiz y de mucho más allá, también levantan temperatura cuando hablan del difícil presente de Andalucía. El sur siempre olvidado, pisoteado, relegado en la repartija de la España próspera. Un romancero gitano contemporáneo que tiene como telón de fondo la tragedia migratoria que arde acá cerquita, al otro lado del charco mediterráneo. En las playas de Ceuta, el mar sigue devolviendo los cuerpos de la desesperación: miles de pibes subsaharianos y marroquíes se tiran al agua bordeando el espigón de El Tarajal, ahogados entre la pobreza, la represión de frontera y el cinismo geopolítico.

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Si uno prende la tele en el hotel, la pantalla de Antena 3 chorrea un fascismo higienista que criminaliza la miseria y exige más vallas, más palos y más ejército. Es el discurso del odio que avanza sin freno por la península. Sin embargo, la calle contesta con sus trazos nocturnos. En el centro de Granada y a pasitos de la imponencia de la Catedral, hay una pintada apurada con aerosol rojo furioso: "Ayer y hoy contra el fascismo". Un grito en la pared que cobra un espesor trágico en estas semanas de agosto, cuando se recuerdan 90 años del estallido de la Guerra Civil y la memoria histórica se mantiene en pie a pura dignidad popular.

Noventa años también de aquel 18 de agosto trágico en que las falanges franquistas se llevaron al hijo más lúcido de esta tierra para fusilarlo en el camino entre Víznar y Alfacar. A casi un siglo del crimen, la sombra de Federico García Lorca sigue caminando por los callejones del Albaicín, entre tanta penuria y romancero gitano.

Bajo la luna llena que ilumina las grietas de la cueva, el cantaor se desgarra la garganta, clava los nudillos en la mesa de madera y escupe al aire la única verdad que nos queda. "Empieza el llanto de la guitarra".

Fuente:

https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/el-volcan-del-sacromonte-cuando-la-guitarra-escupe-contra-el-fascismo/

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