Estudios sobre el resentimiento político

17.04.2026
Leonardo Castellani. Foto: periódico La Esperanza, 2025
Leonardo Castellani. Foto: periódico La Esperanza, 2025

En Hungría, Victor Orbán acaparó el resentimiento electoral contra la clase política tradicional permitiéndole el ascenso al poder, pero el desgaste de su gobierno hizo que el pueblo húngaro comenzara a resentir contra él y sus políticas. Y ahora perdió las elecciones. ¿Le estará ocurriendo lo mismo a Trump y a Milei? ¿O será que las derechas recalculan y cambian de figurines para volver a capturar los mismos sentimientos?


Por Julián Axat - Poeta y abogado 

Pero más allá de lo curioso de estas coincidencias entre gustos y personajes, lo que me trae la figura de Castellani es el análisis profundo que realiza del resentimiento como sentimiento de rechazo político y religioso.

En un ensayo que el jesuita escribió en 1937, se mete con las causas de la guerra civil española (1). Y se pregunta "… por qué una parte grande del pueblo pobre de España se puso de golpe a odiar a Dios, sañudamente a querer destruir a Dios, es decir a los sacerdotes, monjas, templos, cálices, crucifijos, imágenes; las imágenes terrenas de Dios… gente humilde que de repente no quiso saber nada más con los curas; la iglesia se había contaminado antes de fariseísmo, ese fenómeno de esclerotización de lo religioso que tiene muchas formas y grados: desde la imperceptible desecación y vuelta a lo exterior que es su comienzo… hasta la odiosa y criminosa hipocresía -mezcla de orgullo, ambición, avaricia, mentira, impiedad, dureza- contra la que tuvo que luchar Cristo….".

En definitiva, Castellani explica el origen de la guerra civil en el resentimiento de la gente humilde que siempre fue devota, porque el pueblo español siempre tuvo olor a sacristía, pero algo tuvo que pasar para que esa misma gente tuviera semejante resentimiento y un día se volcase al bando republicano que era ateo.

Ese resentimiento que analiza el escritor argentino es genuino, no puede subestimarse, es muy profundo y estuvo cimentado por años en un rechazo a las jerarquías católicas que se enriquecieron a su costa delante de sus narinas, y así instalaron formas de vida contrarias a las cristianas, distanciadas del pueblo.

Saber entender el resentimiento

Salvando las distancias de tiempo y espacio, tomo la idea de Castellani para pensar el resentimiento, ya no contra el clero, sino contra la casta política. Insisto con esto de "no subestimar el resentimiento popular", aun cuando sea bajo, aun cuando sea revanchista. Aun cuando sea una pasión de las consideradas tristes por Spinoza, es, está ahí. Y nace de algún sitio muy humano y tiene un nervio religioso, que subyace a las lógicas de las políticas, explicando parte de lo que ocurre en la actualidad.

El resentimiento es un afecto administrable por el poder. Hay una fase de captura del resentimiento popular para llegar al poder, y otra fase de administración de afectos, cuando el poder debe ser conservado.

En efecto, la captura del resentimiento popular en la fase de cincelamiento de un candidato a Príncipe, no parece ser la misma que la etapa de gestión del resentimiento una vez que éste tiene el poder. Me refiero a la organización técnica, a la explotación sistemática del resentir social de unos contra otros, como modo de legitimación constante.

Pues si yo asumí criticando el enriquecimiento de la casta política por su modo de vida y sus miserias, seguramente cuando administre el poder deberé mostrar que sé gestionar el resentimiento de manera de que no me toque y no se vuelva contra mí como un boomerang.

Acaba de ocurrir. En Hungría, Victor Orbán acaparó el resentimiento electoral contra la clase política tradicional lo cual le permitió el ascenso, pero el desgaste de su gobierno hizo que el pueblo húngaro comenzara a resentir contra él y sus políticas. Y ahora perdió las elecciones. ¿No le estará ocurriendo lo mismo a Trump y a Milei? O será que las derechas recalculan y cambian de figurines para volver a capturar los mismos sentimientos (2)

El arte de reencausar el resentimiento

En los últimos años, incluso las propias herramientas que estas fuerzas políticas utilizan para calibrar su discurso – encuestas de opinión, focus groups, análisis de comportamiento electoral – comienzan a mostrar esa paradoja. A mediano y largo plazo, las políticas que se presentan como correctivas o liberadoras tienden a producir efectos de empobrecimiento extendido: caída del poder adquisitivo, precarización del trabajo, retracción del Estado en áreas sensibles. Los datos cualitativos de esos mismos focus groups revelan que quienes – inicialmente – apoyaron esas políticas, comienzan a registrar el deterioro, pero no siempre logran reubicar las causas.

Es decir, el resentimiento popular, lejos de disiparse, es un sentimiento que aumenta, porque aumenta la pobreza. Y así se vuelve un sentimiento más difuso, más errático, más disponible para nuevas capturas.

Allí radica la eficacia persistente del dispositivo de derecha: aun cuando la promesa fracasa, el afecto que la sostuvo puede seguir activo, y puede ser redirigido hacia nuevos blancos. Nacen nuevos candidatos de derecha.

Aquí se abre una posibilidad política que suele ser subestimada. El resentimiento, una vez movilizado, no se disuelve por decreto. Persiste. Y cuando las promesas incumplidas se vuelven evidentes, ese mismo afecto puede reorientarse nuevamente. La pregunta es: ¿hacia dónde?

Si la política democrática no logra ofrecer un nuevo marco de inteligibilidad, ese resentimiento puede derivar en formas aún más destructivas. Pero también puede convertirse en otra cosa.

Reencauzar el resentimiento no implica negarlo ni moralizarlo. Implica, primero, reconocer su núcleo de verdad: hay una experiencia real de injusticia que lo sostiene. Implica, luego, desplazar su objeto: mostrar que el malestar no proviene de los chivos expiatorios señalados, sino de estructuras más profundas que requieren otro tipo de intervención política. Y, finalmente, implica transformar ese afecto en potencia colectiva: del resentimiento aislado a la indignación compartida, de la queja individual a la acción organizada.

Hay, en este punto, una tarea poética y pedagógica decisiva. No basta con denunciar la manipulación de las derechas; es necesario construir relatos capaces de rearticular la experiencia social. Relatos que no simplifiquen hasta la falsificación, pero que tampoco se pierdan en una complejidad que paraliza. Relatos que devuelvan a los sujetos la posibilidad de reconocerse en una historia común, donde el conflicto no se resuelve mediante la eliminación del otro, sino mediante la disputa por condiciones de vida más justas.

La esperanza, entonces, no reside en la desaparición del resentimiento – eso sería desconocer la materialidad de las injusticias y de un sentir humano demasiado humano que está – sino en su transformación. En que ese afecto genuino, que hoy es explotado para dividir, pueda volverse contra quienes lo instrumentalizan. En que quienes fueron convocados en nombre de una promesa de reparación, adviertan el incumplimiento y reclamen, no ya venganza, sino justicia.

Un estudio sistemático del resentimiento podría implicar investigar las formas en que éste se manifiesta desde las redes, pero también en modelos actanciales hasta formarse en queja o formalizarse en reclamo de varios, hasta llegar a demanda de justicia. En ese proceso o recorrido, detectaría la transformación de una sensación individual negativa a una construcción colectiva positiva no capturable por los regímenes de derecha. Tarea para sociólogos

Tal vez el desafío contemporáneo consista en esto: no en apagar los afectos, sino en disputar su dirección. Porque en esa disputa – silenciosa, cotidiana, decisiva – se juega buena parte del porvenir democrático.


Referencias:

(1) Leonardo Castellani, "Sobre tres modos católicos de ver la guerra civil española", Criterio, N.º 502, 14 de octubre 1937.

(2) Véase: La caída de Orbán es una oportunidad de oro. The New York Times, 15/4/2026: https://www.nytimes.com/es/2026/04/15/espanol/opinion/hungria-orban-derrota-democracia.html

Fuente:

https://lateclaenerevista.com/estudios-sobre-el-resentimiento-politico-por-julian-axat/

Share