La agresión de Israel y EEUU contra Irán

Las acciones de guerra comenzadas el 28 de febrero por parte de Israel y EEUU contra Irán, en violación flagrante – una vez más - del art° 2 de la Carta de la Naciones Unidas, que prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado; muestra de nuevo el más absoluto ninguneo del derecho internacional por varios países; en especial y muy reiteradamente, por parte de esos dos.
Trump llegó a la Casa Blanca con la promesa de terminar con las "guerras eternas" que antecesores suyos – en especial demócratas – habían comenzado, según sus propias declaraciones. En un año, ya ha mandado bombardear a 7 países diferentes, y esto, sumado a otras causas, como el trato dado a los inmigrantes; lo han convertido en el presidente estadounidense con el más alto nivel de desaprobación en su primer año de gobierno del último medio siglo: Más del 60%.
Aunque Israel apoyó con envíos de armas a Irán en su larga guerra con Irak, en la década de 1980 (mientras EEUU lo hacía con su rival, Sadam Hussein; pero también, al mismo tiempo – encubiertamente – con Irán, según se supo al develarse el caso "Irán-Contras); desde 2001, bajo el gobierno del archicriminal de guerra Ariel Sharon, este ordenó apuntar toda la inteligencia del país hacia Irán, como principal enemigo.
Con ese aparato infiltrado, el Mossad (servicio de inteligencia de Israel), ha cometido numerosos atentados, asesinando a científicos nucleares prominentes del país, entre otros.
La obsesión de Israel – cuyos sectores derechistas y ultraderechistas, hoy en el gobierno, nunca han renunciado al sueño del "Gran Israel", un país que abarcaría mucho más territorio del que la ONU le asignó en 1947 – ha sido permanentemente impedir que en Asia Occidental se consolide una potencia que le dispute la hegemonía en la región. Por muchas características, incluyendo su desarrollo científico, esa potencia sería Irán.
Siendo Israel probablemente el único país en la zona en posesión de armas nucleares (su política oficial es no confirmarlo ni negarlo, pero casi todos los analistas suponen que posee entre 90 y más de 200 ojivas), se opuso así, terminantemente al crecimiento del programa nuclear de Irán. Este país niega aspirar (por razones ideológicas) a poseer armas nucleares. Si, un importante desarrollo pacífico. El Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el argentino Rafael Grossi (también candidato a próximo Secretario General de la ONU, apoyado por Milei), afirmó: "Nunca tuvimos información que indicara que existiera un programa sistemático y estructurado para fabricar o construir un arma nuclear"…"Nosotros, desde el OIEA, no nos dedicamos a juzgar intenciones".
En 2015, Irán y varios países, entre ellos EEUU, firmaron un acuerdo que brindaba garantías de que Teherán no desarrollaría armas nucleares. Pero al año siguiente, Trump ganó las elecciones y se salió del acuerdo, con lo que éste perdió toda eficacia.
Esta es la segunda vez en menos de un año, que Israel y EEUU bombardean sorpresivamente a Irán. La primera, con la excusa excluyente de frenar el plan nuclear. Ahora, con un abanico más amplio de argumentos, que van cambiando, como suele hacer Trump con sus guerras.
La prolongada política de medidas coercitivas unilaterales – mal llamadas sanciones (que ningún país del planeta tiene derecho a aplicar a otro, sin que ello sea consensuado en el Consejo de Seguridad de la ONU, según la Carta de este organismo), produjo en Irán un deterioro de los niveles de vida que, unido a la acción deliberada de grupos de agitadores financiados por el Mossad (según, por ejemplo el diario israelí The Jerusalem Post); derivaron en los últimos meses en miles de muertos (probablemente la mayoría manifestantes en manos de fuerzas de seguridad, pero también miembros de éstas; con agentes extranjeros promoviendo ambos tipos de bajas).
Trump amenazó ya entonces con atacar al país, pero recién ahora lo hizo – decaídas ya esas protestas – aparentemente siguiendo la decisión de Israel. No está claro, entre Israel y EEUU, si "el perro mueve la cola, o la cola mueve al perro": El lobby sionista es muy poderoso en los EEUU. Tiene como principal expresión al Comité Estadounidense–Israelí de Asuntos Públicos, (AIPAC), fundado en 1954, para buscar aplacar las reacciones internacionales negativas a la masacre de Qibya, en la que terroristas de las Fuerzas de Defensa Israelíes (las FFAA de Israel), habían asesinado a decenas de familias palestinas, volando sus casas con ellos adentro, para vengar la muerte de una mujer y sus dos hijas. Como vemos, Gaza tiene antecedentes.
Ese lobby financia campañas de muchísimos funcionarios y tiene un peso decisivo en la política estadounidense.
Tanto Netanyahu como Trump, tienen importantes problemas internos que los empujan a tratar de distraer a sus propias opiniones públicas hacia guerras con terceros: El primero enfrenta una elección legislativa –a más tardar en octubre–, tiene tres procesos por corrupción, un litigio con la Suprema Corte, una investigación política y administrativa por su responsabilidad en los ataques de octubre de 2023, y un pedido de captura de la Corte Internacional de Justicia para juzgarlo por crímenes de guerra en Gaza. Trump lidia con el escándalo Epstein, y elecciones de medio término en noviembre que, al día de hoy parecería encaminado a perder, y con ello, el control de alguna – o ambas – cámaras del Congreso.
El objetivo de máxima de ambos regímenes, podría ser el derrocamiento del gobierno iraní. Pero ello sólo ocurriría con algún golpe de Estado interno, o bien una invasión terrestre, que muy improbablemente los países agresores se animaran a intentar, después de sus experiencias en Vietnam, Afganistán, etc.
EEUU está mostrando – no sólo a Irán, sino también a muchos otros países que miran expectantes –, lo que ya hace rato aprendió Corea del Norte: La única garantía definitiva de estar a salvo de ataques militares brutales por parte del hegemón en decadencia, es tener sus propias armas nucleares.
Alberto Cortés
