La gran transformación

06.04.2026

Es necesario entender, afirma Mariano Ciafardini, que la solución real de los problemas que aquejan a las grandes masas pasa, inexorablemente, por cuestiones que se dirimen en la arena internacional, y que las acciones locales tienen que dirigirse a fortalecer la posibilidad de triunfo de una de las dos grandes estrategias políticas y económicas internacionales en disputa.

Por Mariano Ciafardini - Doctor en Ciencias Sociales (UBA)

Pensamos que la verdadera gran transformación es esta que está a las puertas del mundo hoy, más allá de los ensordecedores manotazos guerreristas del neoliberalismo imperialista en decadencia y los momentáneos fulgores de una derecha conspicua cuyas verdaderas intenciones antipopulares han de quedar cada vez más en evidencia y la expondrán descarnadamente más temprano que tarde.

Pero para ganar la madre de todas las batallas, que es la batalla cultural e ideológica y abrir definitivamente las puertas a esa transformación en ciernes y permitir que se expanda a todos los países del mundo, hoy hace falta más que la (por otra parte imprescindible) resistencia social a los manotazos reaccionarios y la evocación de las experiencias revolucionarias del siglo pasado.

En relación a todo ellos es preciso citar a Jorge Beisntein cuando dijo: "… es necesario señalar una diferencia entre la situación actual y la condiciones culturales en las que se apoyó el ciclo de revoluciones que despegó con la Primera Guerra Mundial. El actual comienzo de crisis dispone de una herencia única que es posible resumir como la existencia de un gigantesco patrimonio democrático igualitario acumulado a lo largo del SXX a través de grandes tentativas emancipadoras revolucionarias… Mirar al siglo XX como una gigantesca escuela de lucha por la libertad donde lo mejor de la humanidad ha aprendido muchas cosas que han quedado grabadas en la memoria histórica… El siglo XX equivale a decenas de revoluciones como la francesa y mucho más que eso si lo vemos desde el punto de vista cualitativo". (Beinstein 2009)

Ahora bien, dónde están hoy esas heredadas energías revolucionarias, especialmente en los pueblos del "occidente" planetario, y cómo hacer para activarlas en un plano que exceda la necesaria pero insuficiente evocación del pasado.

Si la batalla ideológica tiene algún sentido es, como siempre ha sido, el de «movilizar a las masas" en pos de un mundo nuevo, sin pobreza ni alienación, ni explotación del hombre por el hombre. Otra cosa sería más de lo mismo, y no merecería detenernos en estas reflexiones. Creemos que para ello, en principio, se debe estar convencido que ese nuevo mundo es posible. Nadie que piense que todo ello es solo un slogan o una utopía inalcanzable, pero en la que hay que insistir de todos modos desde un punto vista ético político, puede llegar a convencer a nadie de que se movilice y luche en este sentido. A la vez, para ello, necesariamente, hay que saber ver la realidad de un nuevo mundo que está despuntando y estar también convencido de que finalmente se ha de imponer a lo viejo que está en crisis. Precisamente ello fue lo que alentó a las luchas pasadas y llevo a millones a entregar incluso la vida por sus ideales.

Lo que ocurre es que hoy esta lucha ideológica es mucho más compleja en términos de elaboración teórica y difusión masiva.

Hoy ese mundo nuevo que está despuntando existe, es real, y, si se mira con atención, es evidente, pero las formas de lucha por la construcción y expansión del mismo a escala internacional (o diríamos hoy global) no puede ser planteada en las mismas coordenadas épicas que la contraviolencia revolucionaria de las luchas pasadas, a riesgo de clausurar el diálogo con las grandes multitudes y, especialmente, con la nuevas generaciones. Porque a estas multitudes (y con razón) tales experiencias le aparecen como no repetibles, como no procedentes para encontrar el cambio profundo en las condiciones de vida que anhelan, como algo del pasado que, aunque haya que respetarlas y no olvidarlas, no pueden servir de modelo (al menos no en forma literal) para recorrer los caminos que hoy hay que recorrer en pos de un nuevo mundo efectivamente posible.

Lo que vamos a afirmar seguidamente puede inspirar distintos tipos de críticas. Pero creemos que la mayoría de ellas se fundan en una tremenda dificultad para adecuar el pensamiento político a los tiempos que corren y poder dejar atrás (sin olvidar e inspirándonos en ellas) las tremendas experiencias revolucionarias de un pasado que ya no existe (aunque sigue y seguirá reverberando en las mentes y los cuerpos de los que lo vivimos hasta el fin de nuestros días).

Creemos firmemente que hoy no se puede poner el eje de la batalla cultural solamente en la crítica de las injusticias del sistema en cada país y desde allí proponer una alternativa de gobierno que se base en un proyecto revolucionario exclusivamente nacional que prometa resolver los problemas de las grandes masas con los recursos humanos y materiales de ese solo país, al estilo de los modelos de la liberación nacional planteados en el siglo XX, invocando alianzas de clases que ya no existen como tales o formas de desarrollo nacional que, si tuvieron visos de realidad en aquel momento histórico, hoy son claramente inviables más allá de la voluntad de sus actores.

El mundo ha cambiado sustancialmente y no registrar esos cambios cualitativos es errar en la estrategia política permaneciendo en una posición dogmática contraria a lo que debe ser una visión dialéctica de los procesos históricos que guíe verdaderamente a las dirigencias políticas y a quienes los sigan por el camino correcto para hacer realidad sus aspiraciones (que, en lo esencial, sí concuerdan con los ideales de las generaciones revolucionarias del pasado).

La visiones que se encierren en los marcos nacionales y pretendan avanzar en forma autónoma en un mundo que se ha estructurado como un sistema internacional dinámico pero fuerte, imposible de ignorar ni de prescindir de él para cualquier tipo de proyecto de desarrollo, están, como ya dijimos, destinadas al fracaso, y esto es lo que intuyen las mayorías y especialmente la nuevas generaciones y el motivo por el que le niegan el apoyo a tales propuestas, aunque ello las lleve, muchas veces, a una desesperada alternativa irracional y perjudicial para sus propios intereses. La nueva propuesta que tenga el potencial de generar nuevas expectativas y esperanzas, y atraer a esas masas sin renuncia a los objetivos revolucionarios, implica dejar atrás ciertas formas de expresión y sobre todo contenidos ideológicos y culturales que, aunque tengan forma de convocatoria una revolución social, hoy en realidad conspiran contra cualquier intento de unificar y movilizar a los pueblos y hacer crecer a los partidos y movimientos que quieran impulsar cambios verdaderos en favor de los desposeídos y de la posibilidad efectiva de un nuevo mundo.

Hoy, aunque sea una tarea compleja, es necesario entender y trasmitir cultural e ideológicamente que la solución real y definitiva de los graves problemas que aquejan a las grandes masas, especialmente a los pobres y marginados de todo el mundo, pasa, inexorablemente, por cuestiones que se dirimen en la arena internacional y que las acciones, necesariamente locales, de la militancia por los grandes cambios sociales, económicos y políticos, tiene que dirigirse principalmente a fortalecer la posibilidad de triunfo de una de las dos grandes estrategias políticas y económicas internacionales que hoy se enfrentan, y luchar contra la otra que pretende la continuidad o el retorno al viejo sistema imperialista (ese sí, el enemigo de siempre). Los reclamos por las reinvidicaciones urgentes e inmediatas son, por cierto, inapelables y deben continuar y profundizarse. Pero la lucha, por ejemplo, por el triunfo de la estrategia integradora de movimientos como los BRICS y la Franja y la Ruta, entre otros (que implica privilegiar las relaciones económicas y políticas con los países que integran esas iniciativas, y por supuesto, además, con los países que sostienen las estructuras socialistas del pasado que están claramente del mismo lado), son también impostergables y deben marchar a la par. Ello es así porque, precisamente, el desarrollo mismo de estos nuevos constructos socio-económicos y políticos, en la medida en que avancen, producirán transformaciones profundas en los estados nacionales que se sumen a ellas, incluida la misma República Popular China, en términos de aumento del nivel de vida sin exclusiones, garantizando educación, salud, alimentación y vivienda de calidad para todos, la eliminación radical de las desigualdades y la erradicación de la injusticia social y la corrupción.

Sabemos que esto no es así todavía en los países a los que nos estamos refiriendo, pero ya se notan profundos procesos internos de transformación en ese sentido.

En el plano Latinoamericano y Caribeño, debe atenderse a instrumentos en pos de la integración regional como el Foro de San Pablo y la Celac Social, y difundir su importancia y la necesidad de su fortalecimiento.

No hablamos de reformismo, sino de transformaciones profundas en la organización política económica y en la conciencia social de estos pueblos.

No es casual que la furia bárbara del capitalismo en crisis se dirija a intentar la destrucción de todo ello. Tampoco es casual que en países como la Argentina, al asumir el gobierno la derecha pura y dura neoliberal y proimperialista, su primera medida de gestión fuera el bloquear el ingreso del país a los BRICS

La difusión de estas ideas debe ser parte de la militancia política de los sectores progresistas y de la izquierda verdadera, y ello incluye propugnar el apoyo político a los dirigentes y a los partidos que tengan estos objetivos como prioridades de sus programas de gobierno.

Por allí pasa la verdadera gran transformación en sentido real y definitivo.

Este esfuerzo militante es también un gran homenaje a todos aquellos mártires de la experiencia revolucionaria de los tiempos pasados, que, al fin y al cabo, es por esta gran transformación por la que lucharon, no en un sentido utópico, sino con el convencimiento de su posibilidad real.

Fuente:

https://lateclaenerevista.com/la-gran-transformacion-por-mariano-ciafardini/

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