Marruecos, la necropolítica migratoria y el ascenso del racismo

No es solo una tragedia humanitaria, es el resultado de décadas de acuerdos bilaterales entre España y Marruecos utilizando a las personas migrantes como moneda de cambio. Millones de euros, cada año, destinados a frenar los flujos migratorios.(…) Europa externaliza sus fronteras y llama "gestión migratoria" a dejar morir personas ahogadas en el mar.
Por JAIME PASTOR - Politólogo y miembro de la redacción de viento sur
Es indignante que el gobierno llame "violación de la integridad territorial", igualando su discurso al de las derechas, que agitan el odio antiinmigración. Las consecuencias siempre son linchamientos y criminalización a nuestras comunidades[Movimiento Regularización Ya][1].
Entre lo mucho escrito y debatido en medios, redes y tertulias sobre la crisis desencadenada en torno a la entrada masiva de personas en Ceuta, no sólo marroquíes sino también subsaharianas, con la trágica muerte de alrededor de 141 de ellas y la posterior permanencia en la ciudad de varios miles de ellas reclamando su derecho a tener derechos, son pocos los artículos y comentarios que se han centrado en las causas de fondo de lo ocurrido. Porque éstas tienen que ver, como recordaba Sami Naïr en El País, con la evolución de la política migratoria adoptada en Europa desde los Acuerdos de Schengen de 1985 y, luego, el Tratado de Maastricht en 1991, y que ha ido endureciéndose hasta la edificación de una Europa Fortaleza y, más recientemente, un Pacto Europeo de Migración y Asilo que se acerca cada vez más a los discursos de la extrema derecha sobre la remigración[2].
¿Invasores?
Nos encontramos así con que la mayoría de la opinión publicada se ha dedicado a especular sobre el grado de responsabilidad del régimen reaccionario marroquí y del gobierno español en lo que Pedro Sánchez calificó pocos días después en Ceuta como "ataque a la integridad territorial de España" y después, ya abiertamente, como "invasión" por el conjunto del bloque reaccionario e incluso por una parte significativa de la población ceutí –incluidos los sindicatos CCOO y UGT y sin que sus direcciones de ámbito estatal se hayan desmarcado públicamente- y española en las manifestaciones del 2 de septiembre y en encuestas recientes. Unas calificaciones de corte belicista que permiten a la oposición amenazar con apelar al artículo 8 de la Constitución y a Felipe VI como "mando supremo de las Fuerzas Armadas", presionando así por la militarización de Ceuta y Melilla ante la hipótesis de un acontecimiento similar en el futuro[3].
También se ha insertado por parte del gobierno y medios afines este ataque dentro de la guerra híbrida en la que juegan Israel y EE UU, grandes aliados de Mohamed VI, si bien han evitado acusar al régimen marroquí directamente de haberlo al menos facilitado. Hipótesis que sin duda no se pueden descartar dada, además, la creciente importancia geopolítica del Estrecho de Gibraltar en la lucha global por el control de los recursos en medio de una crisis energética y climática cada vez más profunda. Pero se pretende así ocultar el trasfondo de la crisis desencadenada, que no es otro que el relacionado con la externalización de las fronteras de la UE en países vecinos. En este caso, con Marruecos cuyo régimen "no solo reprime a las personas que deciden migrar, sino que nos hace cómplices de la dictadura y de su política de ocupación del Sáhara Occidental", como ha denunciado Miguel Urbán[4]. Por eso mismo, "es fácil ver que, aunque el movimiento inicial fuera promovido por traficantes o contara con la connivencia del estado marroquí, o aunque el Estado español no contara con medios suficientes, la masividad del movimiento migratorio sólo está causada por la voluntad de ir a Europa que comparten amplios sectores de la sociedad marroquí, particularmente jóvenes"[5].
Obviamente, el bloque reaccionario de derechas ha estado a la cabeza en la imposición del marco de la invasión para así poder reafirmar un nacionalismo español abiertamente racista y una criminalización de personas pobres y racializadas. Llega incluso a denunciar a Pedro Sánchez como traidor por no haber respondido con la fuerza necesaria, buscando así acelerar al máximo su expulsión de la Moncloa.
Para ello siguen contando con la ayuda innegable de un sector creciente del poder judicial, puesta de manifiesto de nuevo recientemente con la "suspensión cautelar" de la conocida como "ley de nietos", que ha concedido la nacionalidad española –y, por tanto, el derecho a voto- a los descendientes de ciudadanos y ciudadanas españoles que se exiliaron desde 1936 hasta 1955 como consecuencia de la guerra civil y de la represión franquista. Esa decisión supone una medida sin precedentes que amenaza dejar sin derecho a voto a alrededor de medio millón de personas nacionalizadas a través de esa ley. Marca así un nuevo paso adelante en su ya vieja estrategia de lawfare adoptada contra la cada vez más larga lista de enemigos del régimen y que ahora incluye al sanchismo.
Vemos también cómo Vox ha llegado incluso a proponer la aplicación del artículo 102 de la Constitución para hacer valer la acusación a Pedro Sánchez de "traición" a la nación española. Y a todo esto se suma la instrucción abierta en la Audiencia Nacional por una jueza (ex concejala del PP) para investigar las responsabilidades criminales que en el ámbito institucional se puedan hallar por la crisis abierta en Ceuta.
Aun así, ante esta ofensiva reaccionaria vemos cómo Pedro Sánchez, en lugar de seguir reivindicando la legalidad vigente –que le obliga a respetar los derechos humanos elementales para quienes llegan a territorio español por vías irregulares–, parece estar dispuesto a dar un paso atrás con su anuncio de que propondrá modificar la ley de extranjería para endurecerla y adaptarla al Pacto Europeo de Migración y Asilo.
Con todo, no podemos subestimar la gravedad de la crisis que se está desarrollando en el seno del régimen y la amenaza que supone la llegada al gobierno de PP y Vox y su proyecto de contrarreformas en muy distintos frentes. Estas coinciden en lo fundamental con las que la extrema derecha está tratando de imponer en países centrales de la UE como Francia y Alemania, como acabamos de ver recientemente con la rotunda victoria electoral de AfD en Sajonia-Anhalt.
Romper el marco: contra todo tipo de racismo, construir la solidaridad entre los pueblos de uno y otro lado del Mediterráneo
La lucha contra esa amenaza involucionista no implica, al contrario, dejar de criticar el hecho de que tanto el bloque reaccionario como el progresista, aunque con algunas excepciones en este último[6], se han situado en el mismo marco en torno a la crisis de Ceuta. Ambos se han limitado a discutir sobre la existencia de pruebas del grado de implicación de Marruecos en esta crisis, sobre el conocimiento previo o no por el gobierno de la invasión que finalmente se produjo o, en fin, sobre quién es más nacionalista en la defensa de la españolidad de Ceuta y Melilla. Luego, esa confrontación se ha ido extendiendo hacia la polémica sobre el enorme retraso del gobierno en la gestión de la situación generada en Ceuta y en las tensiones que están produciéndose entre una parte de la población autóctona y las miles de personas racializadas, incluidas las menores de edad, algunas víctimas de agresiones violentas[7].
Porque esta última es la verdadera tragedia que hay que denunciar no sólo en Ceuta y Melilla, sino en otras partes del mundo: la creciente respuesta militar y represiva ante la repetición cada vez más frecuente del hecho de que centenares de miles de personas se ven obligadas a atravesar fronteras para poder acceder a un trabajo y a una vida digna que no pueden alcanzar en sus países por una diversidad de razones cada vez mayor –empobrecimiento y desigualdades de todo tipo, represión, guerras, crisis climática- y que hace además cada vez más difícil distinguir entre las personas que reclaman asilo y las que son consideradas migrantes.
Por eso mismo, la principal tarea de una izquierda de ruptura y anticapitalista debería ser la de contribuir a impulsar un potente movimiento contra todo tipo de racismo –el socio-cultural, pero también el institucional de la UE- que sea firmemente solidario con quienes son víctimas de los ataques que están sufriendo en Ceuta para exigir una política de acogida para todas ellas por parte de todas las Comunidades Autónomas del Estado español. Una política de hospitalidad que contribuiría, además, a restablecer lo más pronto posible las condiciones en que vivía la población residente en esa ciudad antes de finales de julio.
Aun así, no olvidemos que la crisis actual no es ajena, como se ha recordado antes, al hecho de haber pasado esa ciudad, junto con Melilla, a ser "un instrumento europeo del control fronterizo sobre África"[8]. Es la singularidad de esas ciudades -legado del colonialismo español, como recuerda también Teresa Antzia en el artículo ya citado- la que debería ser cuestionada radicalmente si se quiere realmente impedir la repetición de lo ocurrido a finales de julio y la militarización de la zona, tal como pretenden PP y Vox. Sólo así, además, se podrá garantizar la búsqueda de una convivencia respetuosa entre las distintas comunidades culturales y religiosas existentes en ambas ciudades, frente a las fracturas que estamos viendo actualmente y que tienen que ver también con la desigualdad de clases presente en ellas.
En ese camino hay que saludar iniciativas unitarias como la anunciada para el próximo sábado 19 de septiembre en diferentes lugares del Estado en torno al lema "Ceuta, Ni instrumentalización ni represión. Basta de violencia racista y colonial", incluyendo entre sus exigencias "A la UE, el fin de las políticas de externalización y de la financiación del control migratorio en terceros países. A España, Marruecos y la UE, que asuman sus responsabilidades frente a la instrumentalización y la violencia racista y colonial".
Ese movimiento antirracista debería ir forjando también la solidaridad con los pueblos del Sahara Occidental, del Rif y del conjunto de la población marroquí en la lucha contra el régimen de Mohamed VI –apoyando ahora a la izquierda insumisa que preconiza el boicot a la farsa electoral del próximo 23 de septiembre–, así como a la búsqueda de nuevos lazos de cooperación con ellos por parte de los distintos pueblos del Estado español.
Paralelamente, la transformación de la crisis de Ceuta en un factor de agravamiento de la crisis del régimen del 78 a favor del bloque de derechas y del auge de su ala más reaccionaria nos obliga a reforzar con mayor razón la necesidad de buscar la unidad de acción más amplia posible para el impulso de un ciclo de movilización sostenida en los diferentes frentes de lucha –como estamos viendocahora vendo en el sector de la educación– en torno a demandas y políticas capaces de conectar con las necesidades de la población trabajadora en general. Una tarea que es condición imprescindible para crear la mejor relación de fuerzas posible que ayude a derrotar al bloque reaccionario en las urnas.
2 - Emma Martín, "El Pacto Europeo de Migración y Asilo: cuando la pérdida del relato sobre las migraciones se convierte en la pérdida de derechos para todas", viento sur, 201, junio 2026, pp. 26-34
3 - A propósito de esto, no deberíamos considerar mera casualidad que el presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, con ocasión de la visita a esta ciudad del ex presidente de gobierno José María Aznar el pasado 27 de agosto, haya reivindicado el recurso inmediato de éste al Ejército para responder a la ocupación por soldados marroquíes del islote deshabitado de Perejil en julio de 2002. Es evidente que presentaba así esta acción como ejemplo de lo que ha de ser la defensa de "la integridad territorial de la nación".
4 - Miguel Urbán, "Ceuta y 'las invasiones bárbaras'", Público, 14/08/26
5 - Teresa Antzia, "Crisis, muerte y agencia política en la frontera del Mediterráneo", viento sur, 27/08/26
6 - En estos tiempos de agotamiento de la legislatura y de definitivo bloqueo institucional, como podremos comprobar con ocasión del debate presupuestario, parece también evidente que las fuerzas políticas de izquierda que hasta ahora han practicado una estrategia de subalternidad, en mayor o menor grado, respecto al PSOE se encuentran en un impasse estratégico. Habrá que ver hasta qué punto las que no han conseguido un anclaje territorial significativo son capaces de sobrevivir en el nuevo ciclo que se está abriendo
7 Sarah Babiker, "El racismo asalta Ceuta", El Salto, 10/09/26
8 - "Ceuta y Melilla no son enclaves desde el punto de vista legal, pero han servido como instrumentos del poder colonial español para cuestiones militares y comerciales hasta convertirse ahora en un instrumento europeo del control fronterizo sobre África", como escribe Augusto Delkader Palacios ("Ceuta y Melilla no son enclaves coloniales, sino dispositivos del control migratorio euriopeo"), eldiario.es, 15/08/26.
Fuente y foto de portada:
https://vientosur.info/marruecos-la-necropolitica-migratoria-y-el-ascenso-del-racismo/
