Con un avance del 90%, temen que se abandone el Telescopio CART, en San Juan

24.09.2026

Fue solventado en su totalidad por China, pero el convenio caducó hace un año y, desde ese momento, hay un contenedor con insumos retenido en la Aduana. Sus usos son puramente científicos

Por NORA BÄR

Hace casi un año, cuando el convenio para la construcción e instalación del Radiotelescopio Chino-Argentino CART, en la estación Carlos Cesco de Calingasta, San Juan, caducó sin que nadie en Buenos Aires atendiera el teléfono, había margen para pensar que se trataba de una demora burocrática. Doce meses después y con un 90% de la obra completada, la comunidad científica teme que se haya decidido que el fabuloso instrumento, diseñado para mejorar en dos órdenes de magnitud la precisión con que se determina la posición de la Tierra en el espacio, en comparación con los instrumentos astronómicos que se utilizaban clásicamente para esa finalidad, directamente quede inconcluso.

Jorge Castro, decano de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de esa provincia (UNSJ), teme que sea una decisión tomada, pero no anunciada. "Creo que ya tienen la decisión de dejar que el proyecto muera, pero no se atreven a decirlo abiertamente", comenta, refiriéndose a una de las iniciativas científicas más ambiciosas de los últimos años.

El CART, con una antena parabólica de 40 metros de diámetro y 60 de altura, emplazado a 2348 metros de altura sobre la Cordillera, está prácticamente terminado. Lo dicen incluso las propias autoridades científicas chinas, según cuenta Castro. Y sin embargo, no se puede completar. Desde el 3 de septiembre de 2025, un cargamento con materiales para finalizar su instalación está varado en la Aduana y nadie, ni en el Gobierno Nacional ni ninguno de los numerosos organismos a los que se recurrió para encontrar una solución, contesta ni ofrece una salida.

La historia del contenedor detenido desafía hasta el más mínimo vestigio de racionalidad. Cuando se envía material vinculado con un proyecto científico, para que la carga ingrese en el país se genera una tramitación interna en la universidad que consiste en obtener los permisos correspondientes a través del Registro de Organismos y Entidades Científicas y Tecnológicas (Roecyt), un régimen especial que exime de impuestos, gravámenes y tasas de importación –explica Castro–. Al mismo tiempo, se declara qué es lo que viene en el contenedor. En este caso, todo se hizo como corresponde, el tema es que cuando vieron que la carga venía desde China, la abordó sorpresivamente algo que se llama 'brigada de fondeo' [área operativa de la Dirección General de Aduanas, actualmente en el ámbito de ARCA, encargada de efectuar inspecciones y controles selectivos en medios de transporte de carga o pasajeros], con tanta mala suerte que la empresa china encargada de hacer el envío, además del material exactamente declarado, había puesto unos pocos objetos para el personal técnico que trabaja en la obra, como dos pares de zapatillas, cuchillitas de afeitar, platitos, servilletas, cubiertos".

Fue una falla banal, pero en la Aduana dijeron que, desde un punto de vista técnico, lo declarado no coincidía con lo que había llegado. "Yo fui, me entrevisté con las autoridades, les dije que evidentemente había habido un error –cuenta Castro–. No podíamos negarlo, pero eran objetos personales, no estábamos hablando ni de armas químicas, ni de drogas o cosas por el estilo... Nosotros les sugerimos que decomisaran lo que había venido de manera incorrecta, que hicieran la multa que correspondía, pero que dejaran entrar lo otro".

Como les contestaron que habría que iniciar una causa judicial, los responsables del envío propusieron devolver todo a China y reenviarlo en regla. Tampoco lo admitieron. "Para nuestra sorpresa, se negaron, con lo cual el cargamento todavía duerme en los depósitos", dice el decano. Y por más que intenta, no encuentra explicaciones a este comportamiento inaudito. El dato que más lo inquieta es que llegó a su conocimiento que habría habido un pedido de un ministerio de Nación para esa carga no se toque bajo ningún punto de vista: "Tenemos información extraoficial, no podemos confirmarlo", comenta.

¿Qué hay dentro del contenedor que es vital para el radiotelescopio? Pinturas para proteger la estructura y la antena de la intemperie, repuestos metálicos. Lo que falta recibir es lo que Castro llama "el corazón del instrumento", la parte electrónica que le daría vida.

Mientras tanto, la universidad agotó todos los canales institucionales imaginables. Fue a la Aduana, al Ministerio de Defensa, al Conicet, a la Secretaría de Ciencia de la Nación. Cuatro científicos que trabajan en el proyecto viajaron a los Estados Unidos, invitados con todos los gastos pagos por los Sandia National Laboratories, para hablar del tema con total transparencia. "Es que no tenemos nada que ocultar", insiste Castro, que tendió puentes con legisladores nacionales e incluso se reunió con el embajador de China en la Argentina para solicitarles que intercedieran. "Nos atendió muy bien, le pedimos que hicieran gestiones, que nos ayudaran a que esto se destrabe, pero no hay caso", cuenta. Y ante la imposibilidad de explicárselo, aparece de nuevo esa palabra que evita pero termina diciendo igual: "Temo que ya tengan decidido no finalizarlo".

El trasfondo de todo esto no es un misterio, aunque ninguna autoridad lo confirme. El "explicador" que publicó Chequeado en julio reconstruyó cómo el proyecto quedó atravesado por la tensión entre los Estados Unidos y China: desde las declaraciones del jefe del Comando Sur norteamericano sobre infraestructura china de "doble uso" en la región, hasta las del propio gobernador de San Juan, Marcelo Orrego, admitiendo que Washington sigue de cerca la obra. La revista Science llegó a describir al CART como una víctima de esa disputa geopolítica. Y The New York Times publicó una nota el 10 de mayo, firmada por Emma Bubola y Edward Wong, en la que lo dice con todas las letras: "En las estribaciones de los Andes argentinos, el enorme radiotelescopio chino se encuentra en uno de los mejores lugares del mundo para observar las estrellas, rodeado de vastas y onduladas cadenas montañosas y bajo un cielo libre de contaminación lumínica. También se encuentra en el lado opuesto del planeta con respecto a Pekín, lo que ofrece a China una ventana a la mitad del cielo que de otro modo no podría ver. Pero el telescopio chino [que se construye] en el lugar, el observatorio Cesco en la provincia de San Juan, no capta ninguna señal. Después de que el gobierno de Estados Unidos presionara repetidamente a las autoridades argentinas sobre el tema, estas detuvieron la finalización del proyecto. Al carecer de piezas clave, el telescopio yace ahora desarmado y su gigantesca antena apunta ciegamente al cielo", escriben. Algo similar había ocurrido el año pasado en Chile: se detuvo un proyecto de observatorio astronómico chino en el desierto de Atacama tras la fuerte insistencia del embajador de Estados Unidos.

La comunidad científica argentina, por su parte, rechaza de plano que el instrumento pueda tener algún uso militar ya que el propio diseño del radiotelescopio hace inviable esa hipótesis. Vale repasar lo que explicaba hace un año la radioastrónoma Gloria Dubner, miembro de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (Ancefn). "El CART –explicó– está pensado para realizar estudios de geodesia (como la orientación y posición de la Tierra en el espacio) y georreferenciación (aplicada a técnicas de posicionamiento espacial). Eso significa que permite medir con enorme precisión cómo se mueve la corteza terrestre, cómo se desplazan las placas tectónicas y cómo se orienta el planeta en el espacio. Sirve para obtener datos de alta sensibilidad para investigaciones en astrofísica". Permitiría estudiar restos de explosiones de supernovas, regiones interestelares moldeadas por estrellas muy calientes, misteriosas estrellas binarias emisoras de rayos X y galaxias activas ubicadas a distancias enormes. Nada de eso, subrayó la científica, tiene la menor relación con un uso militar o de vigilancia.

Castro va un poco más allá y señala una paradoja que le resulta difícil de digerir: a apenas 100 metros de donde yace la antena china, avanza sin sobresaltos la instalación de un telescopio de la Universidad de Texas, fruto de un acuerdo con Estados Unidos. Y hay más: la UNSJ también aprobó la instalación del Fly Eye (Ojo de Mosca), un instrumento del que solo hay cinco en el mundo, financiado por la Agencia Espacial Italiana para el seguimiento de basura espacial.

Como es fácil comprender, nada de esto tiene que ver con el argumento de la falta de fondos, con que el oficialismo pretende explicarlo todo. El instrumento costó 15 millones de dólares, pero ese monto lo aportó China en su totalidad; la Provincia de San Juan aportó infraestructura, caminos y tendido eléctrico. "Supongamos que sea verdad que no hay plata, bueno, este radiotelescopio desbarata ese argumento porque el presupuesto para la instalación, para el equipamiento, para que esto funcione, viene de afuera", dice Castro. Y el uso que tendría, insiste, es exclusivamente científico: observación del espacio, formación de recursos humanos, estudios de geodesia en conjunto con antenas de otras partes del mundo. Nada que signifique un riesgo o compita comercialmente con otro país.

La UNSJ ya planteó, desde principios de año, redactar una renovación del convenio que incluya artículos específicos de control estatal, por seguridad espacial o como se lo quiera llamar, para despejar cualquier duda. Tampoco a esto tuvo respuesta.

Lo que queda, entonces, es una obra colosal, abandonada al deterioro del exigente ambiente de los Andes. "En la práctica, es imposible de mover –dice el decano–. Para hacerse una idea, baste con mencionar que en el país hay una sola grúa capaz de manipular una pieza de ese tamaño".

Y concluye: "No se puede ocultar el instrumento debajo de la alfombra, cavar una fosa y enterrarlo, porque es una cosa inmensa. Si esto muere, va a quedar ahí por siglos. Si finalmente se firma el certificado de defunción del CART, se marcará un antes y un después para la ciencia argentina".

Fuente:

https://www.eldestapeweb.com/sociedad/avance-90-temen-abandone-telescopio-cart-san-juan-202692414503

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