¿Cuál es el límite social y político?

Por Eduardo Aliverti
La que pasó fue una de las peores semanas para los hermanos Milei, que han sabido reponerse a varias similares. La explosión judicial y mediática del criptoescándalo podría ser un indicio de que el círculo rojo se empieza a despegar.
¿La explosión judicial del caso $LIBRA que estremece al Gobierno hasta niveles desconocidos será su cisne negro? ¿Estamos ante un hecho confirmado de corrupción y del que es difícil imaginar cómo se las arreglará el Ejecutivo para eludirlo y salvarse?
La impresión que provoca una semana política como la vivida, agregada a los datos y percepciones económicas, da para trazar que el gobierno de Los Hermanos atraviesa una de sus peores circunstancias. Mejor sería advertir que esto ya sucedió, sin que la realidad certificara sus efectos.
El escándalo previo y vigente del deslomado Manuel Adorni, al revés de la criptoestafa, tiene un carácter episódico aunque de enorme valor simbólico. Tanto es así que los caniches mediáticos de los Milei le soltaron la mano. Llegaron al extremo de indignarse y pedirle la renuncia porque, como si poco fuera, este funcionario indescriptible no hizo más que demolerse en todas sus justificaciones.
Lo simbólico se explica por sí solo, viniendo como viene de un sujeto que junto a sus jefes fue el portavoz central de la lucha contra los políticos corruptos, las prebendas del Estado, la ignominia de usar los aviones oficiales para apetitos personales.
Pero, cuando vamos a las ulterioridades de estas sacudidas a las que unos cuantos apresurados brindan rango de gravísimas, o de alto costo político, habría que ser más cuidadosos.
Javier Milei ganó en la provincia de Buenos Aires llevando al frente de la boleta a un firme sospechado de narco, cuando el tema era prácticamente lo único que se hablaba en la prensa y en los circuitos digitales. Más aún, el Gobierno intentó hasta última hora sacárselo de encima porque -como medio mundo-presagiaba que se le venía la noche. Sucedió todo lo contrario, al margen o además de la influencia de Trump con su aviso de que estábamos muriendo.
Resultó lo ya sabido sobre los muertos que vos matáis.
Las desopilantes declaraciones de José Luis Espert, justificando sus pornografías, fueron análogas a las de Adorni sobre lo cerca que quería tener a su esposa en Nueva York. A las de Lilia Lemoine previniendo que, después de todo, se llevó a su mujer y no a dos gatos. Y a las del amigo contratado de la TV Pública, un tal Marcelo Grandio, atajándose con que el jefe de Gabinete había viajado a Punta del Este, en taxi aéreo, con plata de él pagada por el Estado. Una de las frases más extraordinarias de todos los tiempos, reconozcamos, metida entremedio de otros argumentos que asimismo chocaban entre sí.
Esta ¿comedia? y esos antecedentes sirven para acordarse de que no todo lo que parece "terminal", acerca de un affaire en el ámbito público, concluye siendo eso.
$LIBRA podría ser un punto de inflexión, sólo como hipótesis, porque los indicios de su repercusión mediática sugieren que el Círculo Rojo, services mediante, empieza a querer despegarse de la pareja presidencial.
También parecen ser concluyentes una recesión que no tiene visos de modificarse; el tristísimo espectáculo diario de comercios desiertos y laburantes topándose con sus fábricas cerradas; un proceso inflacionario que no para de asentarse e, inclusive, enterarnos de que los argentinos "estamos en guerra" por boca de un Presidente que se declara como el "más sionista" de cuantos existan.
La pregunta obvia y complicada, frente a un escenario de esta naturaleza, sigue siendo no cuál es su magnitud, sino en qué radicarán sus consecuencias. Y en qué momento.
Todas las respuestas son muy difíciles e invitan a buscarlas con calma analítica, sin que tampoco eso garantice hallarlas con precisión. Lo segurísimo es que no se las descubrirá si se privilegian los arrebatos emocionales, las broncas destempladas, los resentimientos internos y generales, los lugares comunes, las evocaciones poéticas o consignistas de tiempos mejores.
Por un lado, cabría ver y no simplemente mirar a una sociedad desanimada y desperdigada.
Sus minorías intensas continúan manifestándose pero, antes que eso, debiera considerarse si los números y sensaciones sobre la economía tienen un sentido "objetivo".
¿Cuenta más lo que sucede en la vida cotidiana de las mayorías? ¿O la confianza y resignación de esas mayorías en que no cabe otra que esperar porque -por caso, pero nunca el ejemplo menor- "la inflación bajó" al cotejársela con la del gobierno anterior? (Un dato muy significativo al respecto: anualizada, es muy probable que la inflación de Milei sea superior a la dejada por Cristina. Se proyecta en más de 30 por ciento contra 26,9 de 2015, sin siquiera incluir que aquél año y período de CFK no representaron masacre alguna de cierres de empresas y trabajadores largados a la buena o mala de Dios. Sencilla y lamentablemente, la memoria popular cada día más efímera pierde de vista semejante dato. Sólo alcanza al último tramo de la gestión de Alberto Fernández que, vaya, después de la pandemia y con la sequía más grave de la historia, tampoco implicó algo parecido a la malaria actual).
Tomado, entonces, el aspecto subjetivo de lo que se quiere o necesita creer, resulta que sigue pensar en qué cosa ocurriría si lo objetivo de la situación económica estallara por obra de factores concurrentes.
Hablamos de demasiada gente sin empleo, o con éste reemplazado por la fantasía y el "emprendedurismo" individual de las apps y burbujas que, ¿ya sabemos?, son el parripollo noventoso reventado, es cierto, después de no pocos años. Es decir: lo que duró la ensoñación de la Convertibilidad, antes la tablita de Martínez de Hoz y -más rápido- el Macri endeudado sin ton ni son productivo, capaz de persistir en echarle la culpa al riesgo kuka, las acciones kukas, las toneladas de piedra kukas y otras sandeces por el estilo.
Hablamos de que "la macro" no cierra. Caputo Toto mendiga que aparezcan los dólares del colchón. Los informes de bancos internacionales fijan que Argentina está igual que Sri Lanka en materia de seguridad de reservas monetarias. Y hay un noviembre, tan lejano como próximo, en que el presidente senil o pretendidamente imperial de los Estados Unidos puede perder las elecciones.
Hablamos de que en el propio gobierno libertarista admiten lo urgente de preocuparse por "la micro", porque ya ni sus encuestas ocultan el avance acelerado de un clima de decepción e irritación.
Uno de esos relevamientos, el de Federico Aurelio citado en columna reciente por Claudio Jacquelin en La Nación, señala que "dos de cada tres encuestados dicen estar endeudados, y tres de cada cuatro admiten que les cuesta llegar a fin de mes". Sumado, en "al menos tres encuestas de consultoras prestigiosas" elaboradas para sus clientes, más de la mitad de los argentinos (ya cercanos al 60 por ciento) afirma que la situación económica es "crítica", cuestiona la gestión de Los Hermanos y es una tendencia profundizada en los dos últimos meses.
Sin embargo, el interrogante que permanece es, sobrevolado por el cuándo, acerca de cuál oposición estaría en condiciones de usufructuar una decadencia o descenso marcado de las expectativas mileístas.
En otros términos insistentes, desde los círculos politizados pero también en sectores populares, la pregunta es qué tipo de fuerza confiable podría aprovechar ese eventual "estallido" de Los Hermanos, ya sea en el campo institucional o por tratarse de una potencia edificada en base a un liderazgo firme.
¿De qué hablaríamos en este punto?
¿De algo "por izquierda" que recree lo que fracasó en aquellos espíritus asamblearios del 2001?
¿De una coalición "de centro" amplísima -parloteada con insistencia en los círculos peronistas- que se saque de encima a esta pesadilla ultrista, dispuesta a comerse batracios de dimensiones gigantescas?
De darse lo segundo, visto que lo primero es sólo testimonial porque lo que en Argentina se llama "izquierda" no se plantea la disputa del poder, ¿con qué conducción se lo hace? ¿Con una que se limite al posibilismo? ¿Con otra que plante autoridad ante los actores económicos del poder real? Y si fuera esta última, ¿habría una mayoría o primera minoría de la sociedad capaz de asimilar una propuesta combativa? ¿O sería cuestión de una "Gran Menem", porque si se dice lo que habrá de hacerse no alcanzarían los votos ni por asomo?
Por ahora, lo único que parecería estar claro es que a Los Hermanos les entran las balas de ser iguales a "la casta". De las corruptelas. De la recesión ya en perspectiva de estanflación. De que las empresas y locales cerrados de son una imagen aumentada y fúnebre. De que tenemos un Presidente semejable a una caricatura bufonesca.
Nada de todo eso modifica las dos incógnitas principales.
¿Cuál es el límite de la tolerancia social y, sobre todo, cuál es la construcción política que sustituiría a la actualidad?
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