Diputados opositores buscan anticiparse a los planes de Peter Thiel en la Argentina

Una audiencia impulsada por Unión por la Patria y encabezada por el diputado Juan Marino reunió a unos treinta especialistas para discutir qué busca el magnate tecnológico en el país.
Por Mariano Quiroga
Nadie del oficialismo apareció. Ni Javier Milei, ni Luis Caputo, ni José Luis Daza, ni Santiago Bausili, ni Federico Sturzenegger. Los cinco habían sido invitados formalmente -todos mantuvieron reuniones con el magnate en las últimas semanas- y los cinco eligieron el silencio. Así arrancó la audiencia informativa "¿A qué viene Peter Thiel a la Argentina?", impulsada por Unión por la Patria y encabezada por el diputado Juan Marino, con paneles moderados por Hugo Yasky, José Glinski, Juan Carlos Molina, Sabrina Selva, Kelly Olmos y Carlos Castagneto.
La convocatoria llegaba con contexto propio. Thiel se instaló en Buenos Aires a comienzos de abril, tras comprar una propiedad en Palermo Chico, y hace unos días canceló su presencia en el foro "Vientos de Cambio" luego de que activistas disfrazados de Gandalf se plantaran frente a su mansión con carteles de "You shall not pass!". La imagen terminó de instalar, puertas adentro del Congreso, la pregunta que le dio título al encuentro.
La sesión abrió con una discusión que, según planteó Marino en su introducción, había que saldar primero: si Thiel es "un inversor privado más" o "algo más que eso". Se repasó que el 23 de abril se conoció una reunión formal entre Milei y el empresario, seguida de encuentros con miembros de su gabinete y que el bloque opositor presentó un pedido de informes -expediente 1758/2026- y una solicitud de acceso a la información pública cuyo plazo vence el martes 1° de septiembre. Hasta ahora, el Gobierno "se viene negando a dar explicaciones desde hace meses".
El eje de buena parte de las exposiciones fue Palantir, la empresa militar cofundada y presidida por Thiel, cuyo manifiesto -publicado dos días antes de la reunión con Milei- fue calificado por Deutsche Welle como "el manifiesto del tecnofascismo". Desde la mesa conductora se recordó que su CEO, Alex Karp, plantea en La República Tecnológica eliminar regulaciones para acelerar armas autónomas letales con IA, como drones que eligen sus propios objetivos. "No es un inversor privado más si su empresa juega un rol central en las tareas de inteligencia militar de Estados Unidos, Israel, la Unión Europea y la OTAN, y tiene un planteo político e ideológico explícito", argumentó Marino, y se citó a la ONU y la Cruz Roja advirtiendo sobre "el peligro de los robots asesinos", temor que cruza la grieta en EE.UU., donde tanto Bernie Sanders como Steve Bannon reclaman moratorias a la IA.
El resto de la jornada reunió a unos treinta expositores en seis bloques —IA, datos y vigilancia, humanismo, periodismo, ambiente y trabajo, economía—. Fernández Slezak, del CONICET y la UBA, planteó que Thiel busca testear si el país puede ser un "banco de pruebas" de IA sin regulación, justo cuando se recortan los fondos a las universidades que deberían supervisarlo. La politóloga y periodista Natalia Zuazo sostuvo que Thiel comparte con el Gobierno la desregulación de mercados y que su negocio real es la vigilancia. La abogada Micaela Mantegna, conocida como "la Abogamer", habló de "la Argentina como laboratorio" y preguntó qué redes tiene sembradas Thiel, quién lo habilitó y si el daño es reversible. Esteban Magnani, especialista en tecnología y plataformas digitales, advirtió sobre el modelo Palantir de "saltear a la democracia" con contratos estatales que reemplazan decisiones por sistemas opacos, como en ICE o policías europeas. El abogado y docente de la UBA Pablo Serdán fue el más escéptico: dijo que hay más marketing que radicación real, y capital de riesgo detrás buscando un sandbox regulatorio inexistente. La periodista de tecnología y ciberseguridad Emilse Garzón dijo que hablar de IA sin hablar de datos y privacidad no es hablar de derechos humanos ni democracia, y denunció intentos de silenciar al periodismo que investiga el tema.
El cierre viró de lo institucional a lo ideológico. Se rechazó de plano la etiqueta de "tecnopesimistas" que sectores afines al Gobierno intentaron pegarle en redes a los organizadores. El dilema real, se insistió, no es estar a favor o en contra del progreso, sino decidir si se defiende la condición humana o si prima un criterio "abiertamente antihumano". Se contrapuso la encíclica papal con un artículo de Milei en el Financial Times, donde el presidente propuso "liberar a la inteligencia artificial de los límites de la inteligencia humana", idea que, a juicio de los expositores, empuja a un período "posthumano" donde la mayoría resulta descartable, en sintonía con el filósofo Nick Land y su libro La ilustración oscura. Se señaló que ese rechazo no tiene bandería: en EE.UU. une a Sanders, Warren y AOC con bases del propio MAGA, y en la Argentina a figuras tan distintas como Elisa Carrió. Con eso sobre la mesa, se propuso armar un "capítulo argentino" de un movimiento internacional por la centralidad humana.
En el final de la audiencia, el bloque anunció tres pasos concretos: la publicación de un dossier con las ponencias de los treinta expositores, pensado como material de capacitación frente al paquete de reformas -Súper RIGI, Ley de Sociedades, ley de inviolabilidad de la propiedad privada-; la creación de una plataforma web para seguir la presencia de Thiel en el país, que unificará iniciativas como la de Glinski en Trelew; y la difusión de los videos sin editar para que cada participante haga sus propios recortes. La frase que quedó flotando en el recinto fue la del cierre: los funcionarios y empresarios invitados eligieron no dar la cara, y "el silencio es la marca del poder". «
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